RECOPILACIÓN DE CUENTOS DE LA
VILLA REAL RERE Y TRALCAMAHUIDA CUENTOS TRAIDOS POR LOS ESPAÑOLES CUANDO
INVADIERON LAS TRIBUS MAPUCHES DE ESTE NUEVO CONTINENTE DESCUBIERTO POR
CRISTOBAL COLÓN EN 1492
LAS TRES ALDEANAS Autor anónimo
En una aldea
habían tres hermanas que tejían los
atuendos más hermosos nunca antes vistos, la fama de estas tres hermanas llegó
a oídos de un Príncipe de un reino muy
lejano, después de cabalgar varios días
llegó a la aldea donde
Vivian estas tejedoras,
preguntando llegó a una casa muy humilde
pero cuando fue recibido por estas tres doncellas pudo ver en la entrada
tejidos finos como nunca antes había visto, extasiado, preguntó quién lo había
tejido yo dijo una, tan luego preguntó por otro, yo respondió la otra, preguntó
por la tercera prenda, yo respondió la
tercera. El príncipe se sentó en una modesta banca, pensativo dijo: estoy fascinado
por estas prendas tan hermosas que vosotras habéis tejido, solo manos como las
vuestras han sido capaces de hacerlas. Las humildes jóvenes siendo muy hermosas
las tres lo miraban extrañadas, hasta que él
les dijo: En una semana más volveré y me casaré con la que sea capaz de
tejerme la túnica más fina y hermosa.
Así fue que las hermanas
cada una empezó a tejer a escondida de las otra, para que no fuera copiada tal prenda. A la semana
llegó el príncipe sin saber cuál de las tres hermosas jóvenes sería su
esposa, siendo recibido con los honores
de un príncipe cada una de ella con la
esperanza de ser su esposa, siendo modestas aldeanas cuando sus padres fallecieron a muy temprana
edad, ellas dedicaron su vida a tejer y
así pudieron subsistir dignamente, hasta que se supo hasta muy lejos de estas
gran tejedoras. De los hilos más finos nunca antes vistos.
El joven luego sentado le pidió la túnica tejida a la
joven mayor, esta le hizo entrega un huevo, el joven muy extrañado lo miró se
sonrió y preguntó, ¿Qué es esto? La joven respondió dentro encontraras la túnica
que me pediste señor príncipe, el joven quebró la cascara de huevo y extendió
una hermosa túnica, que solo cabía en una cascara de huevo. Vino la segunda
hermana, esta le entregó una nuez, el joven príncipe ya en conocimiento por la
hermana mayor abrió la nuez y desde su
interior extrajo un tejido muy fino correspondiente a la túnica que había
pedido, viene la tercera hermana esta le hizo entrega de su trabajo
En una avellana, incrédulo aún el joven abrió la avellana y
desde su interior apareció el trabajo más fino jamás visto, entonces solicitó
la mano de esta joven aldeana para convertirla en su esposa, por esas manos tan
hermosas, capaz de tejerle la túnica más hermosa. La noticia se corría por
otros reinos, y el día de la boda se
celebró con muchos príncipes y aldeanos, las hermanas fueron escogidas como
esposas por príncipes que tenían su
reino muy lejos,
fueron llevadas por sus respectivos esposos, enseñando a tejer a todos
sus súbditos. Las tres hermanas fueron muy felices por tener este don de tejer.
SAZÓN A SAZÓN.
Autor anónimo:
Había una vez un Rey que tenía tres hijas, este rey
era muy feliz con su esposa y sus lindas hijas, como también sus súbditos lo
amaban mucho, porque era un rey justo, bueno de corazón, pero siempre el a la hija que más amaba era
la menor. Cuando llegó el día en que celebraban el día del El esperó en su
trono los saludos de sus súbditos, casi todo el día acudían a saludarlo
colmándolo de regalos, ya cansado de tanto saludos pero muy feliz, la familia pasó al gran comedor, para cenar
con sus hijas y su esposa, que era lo que más quería, los sirvientes ya tenían
los mejores manjares para su rey todo era felicidad. Cuando le correspondió a
sus hijas saludarlo, la primera fue la mayor, en una caja muy pequeña le hizo
entrega de un brazalete lleno de diamantes, el padre emocionado abrazó a su
hija agradeciendo tal regalo, luego le correspondió a la hija del medio, Esta
en una caja más pequeña le regaló una sortija, también llena de brillantes.
Igualmente el rey muy emocionado recibió el regalo abrazándola. La reina
observaba emocionada la escena tan llena
de amor, Ella ya le había entregado a primera hora un collar de piedras
preciosas. Cuando le correspondió a su hija menor hacerle entrega del regalo
del día del rey. Esta se presentó ante su padre
sin nada. Entonces le dijo: -Padre mi regalo es quererte sazón a sazón.
El rey muy ofuscado
sintiéndose ofendido, dio la orden de desterrar a su hija por la actitud que
había tenido en su día.
Dos guardias la llevaron
muy lejos dejándola en la montaña, sola sin nada y sin nadie. Allí permaneció
llorando, hasta que decidió caminar en busca de algún palacio donde encontrar
trabajo. Después de caminar por muchos
días llegó a un palacio, buscó la
puerta de servicio, hablo con la servidumbre para que le dieran trabajo, los
siervos de este palacio la recibieron sin saber quién era ella tampoco lo dijo,
una sirvienta más, todo el día hacía
diferentes trabajos, lavar platos, limpiar los pisos, limpiar los vidrios,
lavar las ropas, pero su jornada de
trabajo terminaba a las cinco de la tarde, A esa hora se iba a un lago que
quedaba cerca del palacio, allí en hato llevaba sus ropas de princesa, con las
que se vestía y se peinaba su linda
cabellera, luego se miraba en las cristalinas aguas, miraba los patos y cisnes
que regocijados nadaban en el hermoso lago, como estaba allí sola les decía
patín, patín si tu amito me viera se enamoraría de amor por mí. Esto lo repetía
todas las tardes. Las aves extasiadas de ver tanta belleza en la princesa caían
emocionadas ahogándose en el agua, esto se fue repitiendo día a día no sabían
que pasaba con las aves que cada día tenían que recoger algunas muertas.
Ya había pasado un año
nunca dejó de ir al lago, los patos y los cisnes al verla tan bella, se alborotan, batiendo sus
alas, dando graznidos extraordinarios.
Un día estando la
princesa en el lago y las aves alborotadas de ver tanta belleza, el príncipe
hijo del rey del Palacio donde ella era
sirvienta, sintiendo tanto alboroto se
acercó en su corcel a ver qué pasaba, escuchando el rezo de la joven, patín,
patín si tu amito me viera se muriera de
amor por mí.
El joven al verla allí
con su traje de princesa, cayó del caballo casi desmayado, ella acudió a
socorrerlo, lo ayudó a levantarse, quedando los dos de frente, mirándose ambos
extasiados, cuanto rato estuvieron ambos sumidos en un éxtasis de amor. Una vez ya recuperados la princesa le contó
su tragedia, El príncipe la subió a su
caballo llevándola hasta el palacio, allí le contaron a los reyes lo sucedido,
fijando la fecha de su boda. A la que serían invitados todos los Monarcas de
los diferentes Reinados.
El día de la boda siendo
algo espectacular, todos se preguntaban
quién era esta princesa tan bella, que antes nunca habían visto, antes de la
boda la joven le pidió al príncipe que todo lo que fuera servido la parte para su padre la tendría que
preparar ella es lo único que le pediría, así fue que los preparativos de todo
el banquete fue hecho por los sirvientes pero lo correspondiente para su padre
lo preparó ella, dejando aparte todo lo que tendrían que llevarle al Rey su
padre, así fue que el banquee fue servido por garzones o criados y uno especial
atendió a el invitado especial. Cuando
ya todos habían consumido los ricos manjares, la Princesa se acercó a este Rey
que de todo no había consumido nada
tanto él como su esposa y sus hijas, entonces la Princesa junto
a su familia que recién la estaban reconociendo, Flamante con su traje
de novia de muchos velos y encajes, les preguntó por qué no habían comido nada,
si todos los invitados habían disfrutado la comida, todos se miraron, luego su padre respondió,
no hemos podido consumir un solo bocado porque no tiene sal no tiene gusto a
nada, eso es padre mío manifestó la princesa, eso es lo que yo te dije, y tú me
castigaste, yo te quiero sazón a sazón. El rey muy avergonzado pidió perdón a
su hija con sus ojos llenos de lágrimas la abrazó tiernamente, lo mismo
hicieron sus hermanas y su madre.
EL
ZAPATERO DEL REY
autor anónimo
El humilde hombre,
zapatero del Rey estaba agotado de tanto trabajar, no había dormido en varias
noches, porque el Monarca le exigía un par de zapatos diarios para su hija la
princesa.
El Monarca ya se empezaba
a preocupar por la actitud de su única hija,
no salía y pasaba el día
durmiendo e igual gastaba un par de zapatos cada día.
¿Qué misterio será éste? Se decía. El buen Rey.
Entonces decidió colocar un guardia en
la puerta de la alcoba de la princesa,
este se mantuvo allí las veinticuatro horas, sin ver nada extraño. El Monarca llamó una institutriz para que compartiera la alcoba con su hija,
igualmente la buena mujer no reportó nada extraño, sólo que los zapatos de la
princesa igual amanecían en muy mal
estado, porque la sumisa mujer se durmió
toda la noche, tanto fue así que el Rey cansado de pedir ayuda decidió cuidar
él mismo de su hija, día y noche
dejando la puerta con llave, se quedó en el bosque observando el Palacio desde lejos, llegada la
noche, vio cómo la Princesa se deslizaba por la ventana, caminando hacia la arboleda, muy lejos de allí
había un bosque en llamas, El Rey la siguió y grande fue su sorpresa cuando vio que su
hija se introdujo por entre el fuego, ese era un territorio prohibido para todos los habitantes.
El Monarca
se quedó pensando si su hija
habría pasado sin quemarse. Su preocupación
de padre lo llevó a seguir tras ella, pero a medida que avanzaba el
fuego desaparecía y el bosque era frondoso y fértil. La Princesa corría y
corría bajo los enormes árboles,
De pronto llegó
a un claro donde había un pequeño lago helado, entonces la bella
joven empezó a bailar y bailar, Él se quedó extasiado contemplando lo hermoso
que era ver bailar a su linda hija. Así
estuvo hasta que al venir el día
la princesa ágil y elegante emprendió
el regreso al palacio corriendo por un camino de flores.
El Rey comprendió por qué su hija gastaba tantos
zapatos. También se dio cuenta que el fuego del bosque no era otra cosa, sino
que fuegos fatuos, entonces ordenó hacer un camino hasta el pequeño lago y
ofreció una gran fiesta en el
Palacio, invitando a muchos Príncipes y
Princesas
El Rey y la Reina fueron muy felices de ver a su hija bailando
en los salones del Palacio con apuestos
jóvenes, enamorándose de uno con quien
contrajo matrimonio y fueron muy felices y todos iban a pasear al lago en las
noches de luna.
El zapatero, pudo
descansar por las noches, ya que no tenía que hacer tantos zapatos.
EL REY PILÓN
(Autor anónimo)
Había una vez un Rey que vivía
con su mujer la Reina y eran muy felices.
Para aumentar aún más
esta felicidad, los Reyes esperaban su primer hijo, El rey se hacía
atender por un lacayo de mucha confianza, en sus aposentos donde no
podía entrar nadie más.
Los súbditos se
preguntaban ¿cuál sería el secreto del
Rey si ni la reina podía entrar a su
alcoba privada? Pero el fiel sirviente
que llegaba por las mañanas muy temprano y se retiraba por las noches, no
divulgaba el secreto de su buen Rey.
Una mañana el Palacio
estaba convulsionado, la hermosa reina había traído al mundo una bella
princesa, pero la niña fue llevada inmediatamente a los aposentos del Rey por el fiel sirviente que atendió a la reina
en su alumbramiento. Al poco tiempo del nacimiento de la niña la Reina enfermó
gravemente hasta morir. El rey estuvo muy triste cuidando de su adorada hijita
pensando en la pérdida de su amada
Esposa.
En el Palacio había una criada que atendía a la Reina, al morir ésta, la sirvienta daba vueltas por
el Palacio, pero no podía entrar al
aposento del Rey. Un día el fiel sirviente que cuidaba del monarca, debió
salir por un instante para pedir un manjar de nueces para el Rey.
Ocasión que la mala mujer aprovechó para
entrar a los aposentos del Rey, que en
ese momento se había dormido, vio a la princesa en su cuna y no viendo nada
extraño en ella ni en el Rey decidió raptarse a la niña. Llevándola a una
anciana para que la cuidara, al otro lado del bosque, muy lejos del palacio.
Cuando el fiel lacayo regresó, se percató de la ausencia de la Princesa fue hasta la pieza contigua donde estaba el
Monarca dormitando, lo despertó y le
preguntó por la niña. Desesperados por esta desgracia, ordenaron buscarla
inmediatamente, los guardias de Palacio
buscaron y buscaron a la Princesa pero, todo fue inútil.
El Rey
entró en una gran tristeza, primero había perdido a su Esposa
y ahora le habían raptado a su hija. La
sirvienta, autora del rapto de la Princesa,
se acercó cada día más y más al Rey
hasta que logró sus propósitos,
casándose con el Monarca.
Para sorpresa de la
mujer, el rey siguió solo en sus
aposentos y ella pasó a ocupar una de
las alcobas de los visitantes.
Al poco tiempo trajo al
mundo una segunda hija al Rey, Él la vio, examinó minuciosamente dejándola con
su madre, entonces ella le pregunto.
-¿Por qué no llevas a la Princesa a tus aposentos mi buen
rey?
El Rey la miró y
respondió: -No existe ninguna razón para que yo lleve a la princesa a mis
aposentos.
La nueva Reina seguía intrigada porque aun siendo su esposa no se le
permitía entrar en las habitaciones del
Rey y jamás lo vio sin su corona. Un día
la reina quiso hacerle cariño en su larga cabellera rozándole la
preciosa joya, pero el Rey muy indignado
se retiró a sus aposentos donde lo esperaba su fiel sirviente.
La intrigante mujer,
ahora Reina, no podía descubrir cuál sería
el secreto del rey que ocultaba
tanto.
Pasó el tiempo y la
anciana que vivía al otro lado del
bosque muy lejos del Palacio murió por
los años, quedándose la joven princesa sola sin saber qué camino tomar, ella caminó, mucho hasta llegar a un hermoso
Palacio donde pidió trabajo, la ama de llaves le recibió y la hizo
ingresar a los quehaceres de la cocina, pero un buen día la niña que
servía la mesa de los monarcas
enfermó, entonces la Princesa debió
ir a servirle a los Reyes, la ama de llaves la arregló
lo mejor que pudo para que fuera bien presentada, ya que la anciana que la había cuidado era muy pobre y por lo tanto no tenía
cómo presentarse.
Cuando entró a los
comedores los comensales se quedaron extrañados de ver su belleza, más el Rey
estuvo muy sorprendido porque le recordó
a su primera Esposa, mirándola muy interesado le preguntó.
-¿cómo te llamas hermosa
niña?
-¡María! Le
respondió ella, (María era el nombre que le había dado la vieja que
la había criado)
Su
voz dulce y agradable confundió aún más
al rey, recordándole a su primera esposa, que tanto la había amado.
La actual Reina que estaba sentada al lado de su hija también princesa
se levantó de su asiento y en forma muy enérgica la mandó a buscar una tijera, la joven niña inocente de las intenciones de
su madrastra le trajo el artefacto entregándoselo con humildad. Esta sin saber
que esa niña era la misma que ella había raptado años atrás, ahora sumida en sus celos mal infundados, tomó a María
de su larga y hermosa cabellera,
cortándosela lo más que pudo, todo fue tan rápido, que el Rey no se percató de la ira de su mujer, sólo cuando ya tenía a la joven con todo un lado sin su hermosa
cabellera y entonces el Rey en un grito de dolor y alegría se levantó
también de su silla. ¡Mi
hija! Exclamó, ¡Es mi hija! Repitió. La
niña se tapaba desesperada la falta de
su cabellera para que no le vieran la ausencia de su oreja. El Monarca la llevó
a sus aposentos y al entrar, el lacayo exclamó
¡Es la Princesa!
La niña le contó a su
padre todo lo que había sufrido. Pero
como éste era un hombre de muy buen corazón, perdonó a la reina que tanto daño había hecho, a la
vez la Reina muy arrepentida se disculpó ante el Monarca y la Princesa, explicándoles que el afán por descubrir el
secreto que el tanto ocultaba la llevó a cometer tan vil acción.
El rey se sonrió y les
dijo: ¿qué secreto tan grande que a uno le falte una oreja?
Soy el Rey Pilón y mi
hija también heredó mi defecto que tanto traté de ocultar. Todos rieron y
fueron muy felices.
L A
MADRINA (autor anónimo)
Había
una vez una señora muy, pero muy rica y tenía una vecina que era muy, pero muy
pobre. Este matrimonio pobre recién
había tenido un hermoso niño y pensaban
dárselo como ahijado a la señora millonaria. Ésta aceptó el ahijado y le hizo
una pequeña fiesta para el día de su bautizo.
Al
poco tiempo el niño enfermó gravemente y falleció, su madre avisó a la madrina y a la vez, le informó que no
tenía con qué hacerle la mortaja.
Entonces la señora envió una sábana blanca viejísima y buscó por ahí
una cinta celeste, también vieja, para que se la amarraran a la cintura. En la tarde volvió la pobre
mujer a pedirle algo para servir a la gente que la estaba acompañando en el
velatorio. La mujer rica fue a su huerto
y sacó doce hojas de coles, todas de la
parte de afuera de las plantas, que no estaban en muy buenas condiciones,
y se las entregó a la pobre mujer.
Al
tiempo después muere la señora rica y en su muerte cae a una fosa llena de
fuego. Sin poder salir de allí, empezó a
gritar desesperada. Su ahijado acudió presto a ella para socorrerla.
-Yo
la sacaré de ahí Madrina. Le gritó, y trajo las doce hojas de coles. Desde la
orilla de la fosa, le pasó una hoja para que su madrina la alcanzara y así
poderla subir hasta la superficie, pero
como esta era vieja, apenas la señora la tomó
se cortó.
De
esta, Madrina, le gritó el niño desesperado, pasándole otra. Y así fue pasándole una a una hasta completar
las doce hojas de col y todas se
cortaron, se quedó muy apenado a orillas de la fosa ardiendo. Entonces pensó.
¡Mi mortaja! ¡Madrina! Le gritó, se sacó
la mortaja y se la tiró a la desesperada mujer.
Venía
subiendo muy bien, él le iba a pasar la manito para ayudarle y ¡Rammm!
Sonó el género viejo al rasgarse, no era
más que una sábana vieja y la madrina se fue abajo, con su peso se hundió mucho
más.
-¡Me
queda la cinta, Madrina! Le gritó. ¡Me
queda la cinta!
Y le
pasó igualmente la cinta, que era mucho más larga, ella se tomó con todas sus ansias para salir
del fuego que la quemaba. Ya la iba a alcanzar el niño con sus manos, cuando
nuevamente ¡Rammmm! Se cortó la cinta
que era también muy vieja y allí
quedó su madrina consumiéndose en el
infierno. El niño se fue muy triste por
no haber podido salvar a su madrina.
LAS TRES HIJAS
DEL REY
Un día llega
al palacio un Rey con su guardia de
honor y muchos presentes a solicitar la mano de una de la hija del Rey, para su
joven hijo que no había podido venir.
Entonces el Rey Balú, padre de las princesas, accede a la petición. La princesa elegida fue la mayor esta emprendió
el viaje para ser desposada. Pero al día siguiente, vuelve toda la caravana y
devuelven a la princesa.
El
Rey que trajo de vuelta a la princesa solicita al rey Balú la mano de la siguiente hija, sin dar
razón alguna del porque la anterior princesa había regresado y ésta, a la vez se negó a hablar.
Viaja
la segunda princesa con todos los honores, pero de la misma forma, al día
siguiente también es devuelta, solicitando el Rey visitante la mano de la última hija del Rey
Balú.
Este,
muy triste por no saber lo que
pasaba, accedió al pedido del Monarca y la hija menor, a quién el Rey, su padre
amaba más que a todas por ser la más
humilde y justa, emprendió el viaje con el Rey visitante que sería su suegro.
En el
nuevo palacio fue recibida con todos los honores y a continuación la prepararon
para conocer al príncipe, las doncellas la vistieron con un traje
extraordinariamente hermoso, entonces,
el Rey y la reina la llevan a los aposentos del novio todo el palacio estaba lleno de objetos
suntuosos. Se abrió una puerta y
entraron a una habitación fastuosamente arreglada. Ella no vio al novio, pero en un rincón de la
pieza, echado sobre una lujosa alfombra, había
¡un Torito! El Rey miró a la princesa y le dijo. Este es mi hijo
amado, que espero aceptes por esposo.
El
carnero se levantó, bramó y se acercó a la princesa. Entonces ella, muy
sumisa, exclamó.
¡Este
será mi esposo! ¡Y que hermoso es! ¡Oh! Sus cuernos son de oro, y su pelaje, parecen hilos de seda.
El
animal se movía a su alrededor muy
contento, y ella acarició sus cuernos y su pelaje.
Los reyes
salieron felices, porque, para ellos
había terminado su tragedia, ya que las dos princesas anteriores habían
rechazado al joven príncipe convertido en un toro, que había sido víctima de un
hechizo por una bruja que no pudo
casarse con el Rey. Y en venganza, convirtió a su único hijo en un toro.
Esa
misma tarde la princesa salió con
él al bosque, el desdichado animal, pese
a su encanto, era muy feliz, Y corrió
por la pradera entre los árboles y flores, cuando de pronto tropezó con
una piedra, entonces la princesa, en ademán de protección tomó la piedra
lanzándola contra una roca, ésta dio con
tal fuerza contra la roca que produjo
una ruptura por la cual emanó un
chorro de agua fresca y cristalina. Los
príncipes corrieron y se mojaron bajo el torrente manantial. En ese instante apareció un Hada acercándose a ellos
les manifestó que
esa agua era muy especial y que llevara para su alcoba un cántaro
y procediera a darle un baño al encantado príncipe durante siete noches antes de acostarse. Así
fue que la princesa con mucho sacrificio sin solicitar ayuda a los sirvientes empezó a
acarrear agua en un cántaro. Cuando ya se habían
cumplido las siete noches
la princesa se entristeció porque nada había sucedido,
quedándose dormida junto a su encantado
esposo, su sorpresa fue grande al día
siguiente al despertar, junto a
ella estaba el
príncipe ya no era un becerro sino un hermoso joven que
la abrazó tiernamente dándole
todo su
cariño habiéndolo recibido como
esposo con tanto cariño y respeto
Corrieron
donde los padres de él a contarles lo ocurrido.
Los
reyes estuvieron muy felices por haber recuperado a su hijo.
Mientras
tanto, el Rey Balú estaba cada día más triste,
porque había pasado mucho tiempo
que su querida hija se había marchado
sin obtener ninguna noticia de ella. Y
más triste aún porque su esposa,
la reina había fallecido y él se había quedado con las dos princesas solteras.
Pero, un buen día, los guardias de palacio le
anunciaron la venida de una carroza con una Guardia de honor, el Rey corrió hasta el balcón y justo alcanzó a ver que de la carroza descendía su hija
menor, Nitza, con su esposo y un hermoso niño en sus brazos. El atormentado Rey vio su sueño hecho realidad, corrió a
encontrar a su hija y al futuro soberano de su Reino.
Para
celebrar tal acontecimiento hizo venir a
sus otras hijas, coronando como Rey
al pequeño Balú II.
Las
princesas que rechazaron al príncipe encantado se quedaron solteras para
siempre.
El
Rey vivió muchos años viendo crecer al pequeño Balú, que con el tiempo fue un
gran Rey.
EL
ALDEANO Y LAS TRES BRUJAS
(AUTOR
ANONIMO)
Había en una pequeña aldea un hombre muy pobre, un día
decidió dejar a su familia con mucho dolor
para buscar trabajo en otros lados, su mujer le arregló una merienda y
algo de ropa para su viaje, caminó todo el día, de bosque en bosque, en la
noche sin tener donde dormir se acomodó en el tronco de un árbol, justo a las doce de la noche sintió voces,
con miedo se quedó allí en silencio sin
mover ni una mano, pronto pudo darse cuenta que se trataba de tres brujas, que
tenían su lugar de encuentro en el ramaje del árbol donde él estaba durmiendo.
Después del saludo una le preguntó a la otra que novedades
había en su pueblo, esta le manifestó que estaban todos sin agua, pero eso era
tan fácil de solucionar porque sólo tenían que ir a la quebrada del ají romper
la roca grande, con forma de un ají, y el agua empezaría a correr por todas
partes, el pueblo no volvería a sufrir de sequía, las tres brujas se rieron, de
saber que un pueblo estaba sufriendo por falta de agua si el remedio era tan simple.
Luego la segunda dijo: En mi pueblo también
hay falta de agua pero en el caso de nosotros el río cambió su curso y por eso
nos quedamos sin agua, lo que hay que hacer es volver el río a su curso
anterior, colocando palos y tierra para que así todos también vamos a volver a
tener agua. Nuevamente las brujitas se rieron mucho, ahora la tercera,
manifestó. En mi pueblo se está muriendo la Machi, todo el pueblo llora porque
esta mujer tiene la mala costumbre de mejorarlos a todos y lo único que tienen
que hacer es ir a la quebrada del ángel sacar agua de la vertiente y con esa
agua la Machi se va a mejorar. Ja ja
todas se rieron mucho por las novedades de su pueblo, se despidieron y
cada una regresó a su morada.
El aldeano impresionado por lo que había escuchado emprendió su viaje muy
temprano, como al medio día llegó a un
pueblo en el que hacía mucho calor, la gente en las calles sin hacer nada,
conversó con algunos pobladores que le hicieron saber que prácticamente se
estaban muriendo por falta de agua, el buen hombre les preguntó si existía una
piedra llamada el ají, sí respondieron queda más allá del monte verde que ahora
ya no es verde por la sequía, vamos les dijo: fueron todos al monte verde así
como avanzaban se iban agregando más personas. Una vez allí el aldeano empezó a
golpear la piedra con otra piedra, esta piedra con forma de ají no quiere ceder, pero entre todos la golpearon
hasta cortar la parte de arriba que era como la punta de un ají. En ese
instante el agua empezó a salir a borbotones, todos corrieron felices,
haciéndole muchos regalos al humilde hombre, que en ningún momento pensó en
sacar provecho por divulgar el secreto que por casualidad había sabido. Volvió
a su casa para entregarle a su familia tantas cosas que había recibido, para
encaminarse nuevamente en busca del segundo pueblo que también estaba sin agua.
Después de caminar varios días llegó a una aldea cuyos habitantes estaban sufriendo por la enorme
sequía.
Conversó con los pobladores
y les dijo que lo acompañaran a ver el río, ya no tenemos río dijo uno de los
pobladores, pero el río tiene que estar,
y fueron casi todo el pueblo en busca del río cuando lo encontraron, entre todos cortaron
madera del mismo bosque e hicieron volver el cauce anterior regando así el
pueblo que había quedado sin agua, todos muy agradecidos hicieron muchos
regalos al humilde hombre, carretas llenas de muchas cosas. Nuevamente se
encaminó a su hogar donde lo esperaba su esposa con sus tres hijos. Venía con
muchas carretas cargadas de regalos,
dejó a su familia regresando en busca del tercer pueblo que tenía a la Machi
enferma, cuando encontró este pueblo
igualmente habló con los pobladores y les preguntó dónde quedaba la vertiente
del ángel, le indicaron donde quedaba y solo pidió un cántaro en el que trajo el agua que
mejoraría a la Machi, una vez que la buena mujer se tomó el agua al instante se
sintió como si nunca hubiera estado enferma, igual pasó con los pobladores lo
colmaron de regalos, llegando a su hogar del último viaje, rico en todo sentido
porque todo lo que le regalaron fue demasiado.
Entonces el
hombre más rico del pueblo no contuvo la curiosidad, y fue a hablar con
este aldeano para saber que había hecho para obtener tantas riquezas. El
humilde hombre le relató todo lo que había hecho. El hombre rico partió a la
mañana siguiente, buscó el árbol hueco y
allí se quedó a pasar la noche, cuando ya dormía profundamente, sintió voces,
contento se quedó a escuchar, lo que las brujas comentarían, grande fue su
sorpresa, cuando cada una cuenta que su secreto había sido descubierto por un aldeano
que no sabían quién era, entonces estas brujas se preguntaron: ¿No estará
alguien escuchando nuestras conversaciones? Y bajaron a ver el tronco del árbol
encontrándose con el hombre millonario al que sacaron al instante y lo
maltrataron tanto que ahí quedó tirado
en el suelo, una vez más repuesto volvió a su casa a muy mal traer.
EL REY Y
SUS TRES HIJOS
Había
un Rey que vivía solo en su palacio porque los dos hijos
mayores ya se habían ido a otros reinos que su padre les había proporcionado,, tenían su esposa
e hijos y un próspero reino, El rey padre
se había quedado en su
palacio en compañía de su hijo menor, ya que
la Reina había fallecido, un día el
Rey amaneció con fuertes dolores en su cuerpo sintiéndose muy mal, su hijo
siendo el menor que amaba intensamente a su
padre corrió en busca de la meica
para que lo atendiera
y pudiera decirle que tenía su padre el rey, la mujer
le dijo muy claro que solo una yerba
que crecía en
los bosques prohibidos lo podría mejorar, tanto el padre como el hijo preguntaron de que se trataba eso de los
bosques prohibidos, la mujer les
manifestó que para llegar al monte donde crecía la yerba sagrada había
que pasar muchas pruebas que
muchos lo habían intentado y
se habían vuelto sin la yerba y otros
jamás volvieron.
El Rey no
quiso poner en riesgo a
su único hijo que vivía con él
en el palacio entonces envió
a buscar al hijo mayor haciéndole ver que si no
conseguía esa yerba él
se moría.
El hijo
mayor obedeció a su padre, pero no le alegró
la idea de ir por
tal yerba ya que no sabía con qué peligros se
iba a encontrar, aun así emprendió el viaje, ya había cabalgado bastante cuando
en un camino muy angosto se encontró con
dos grandes tambores que
hervían y hervían en el fuego
provocando un calor insoportable, los tambores
se separaban un instante y luego
se juntaban y el fuego producía un ruido que daba miedo y el agua
saltaba a borbotones de tanto hervir, el joven príncipe observó este panorama y no tuvo el valor de poder pasar, saltando a caballo imposible
porque el calor era insoportable, dio la
media vuelta y regresó, lo lamento padre pero no pude pasar la primera prueba, dijo esto al
rey y
regresó a su palacio junto a su
familia. Entonces el rey desesperado porque el tiempo
pasaba y
él no conseguía el remedio, envió a un sirviente por su segundo hijo. Este vino y el rey
le expuso su problema, el recién
llamado igual que el anterior se
encaminó a su destino en busca de la
yerba sagrada, llevando lo
necesario con uno de los mejores
caballos, la primera prueba que no había podido pasar su
hermano mayor la superó observando los tambores que de tanto hervir parecía que bailaban sobre el infernal fuego, en uno de esos instante
que se separaban dio un salto con su
caballo y logró pasar siguió su camino después de tanto cabalgar igual que
la prueba anterior una
pasada muy angosta, ahora no eran dos tambores hirviendo sino dos enormes toros peleando, sin dejar un trecho
por donde pasar, el mismo caballo saltó en
dos patas relinchando al ver
estos toros tan bravos, después
de un largo rato cansado de observar igual que su hermano mayor dio la media vuelta y regresó
al palacio de su padre, exclamando malhumorado no pude pasar las pruebas
padre, yéndose a su palacio junto a su
familia donde vivía suntuosamente.
El Rey no
quería exponer a su hijo menor porque sabía que este se iba arriesgar a cualquier peligro por
conseguir la yerba para su amado padre. Pero no le quedó otra alternativa. Yo iré
por esa yerba padre, fue lo único que
escuchó más el casquete de un caballo, un ladrido del perro y luego
silencio así ese noble rey se quedó en silencio en una apacible espera.
El joven
príncipe llegó a la primera prueba miró
los tambores y esperó que cuando más
fuerte hervían más se
separaban entonces buscó más leña atizó más el fuego con mucha leña que extrajo del
bosque. Y así obtuvo un espacio para
poder saltar en su caballo pese al exceso de calor. Pronto llegó a la segunda prueba donde estaban los dos
toros peleando entrelazando sus cuernos, observó y observó no se le ocurría
nada. Tanto pelear uno casi tenía
vencido al otro con la cabeza casi en el suelo, entonces el dio un salto en su caballo y logró pasar, cabalgó un largo trecho
por anchos caminos luego se termina el camino justo a la
entrada de una gruta no se veía nada trató de entrar pero un enorme rugido lo hizo temblar observando un enorme león se acercaba al
entes de la entrada de la gruta corría un hilillo de agua que el
león no cruzo era como el límite no pasaba
no cruzaba ese hilillo de
agua el príncipe se quedó allí
esperando el león también esperaba
pasaron dos días el león no
durmió y el tampoco pero el felino fue venció
por el sueño y como el caballo había dormido el príncipe sobre su corcel casi
sin darse cuenta cruzo la portada de la
gruta mientras el león dormía profundamente, llegando a la montaña donde
estaba la yerba sagrada para su
padre el Rey. El joven príncipe
regresó sano y salvo feliz
por haber hecho este viaje tan dificultoso para
aliviar a su padre, una vez en el
palacio preparó el remedio por orden de la meica y el
rey vivió muchos años más, a las
semanas después vieron que
los dos reinos de sus hermanos mayores ardían
en fuego por todos lados teniendo
que regresar al palacio de su padre que
igual los acogió con cariño, arrepentidos de no haberle conseguido la
yerba sagrada. Igualmente el rey fue muy feliz
con su familia y vivió muchos años.
EL REY Y LA COMADRONA
Había un Rey amado por
todos sus súbditos por ser justo y caritativo por esta
misma razón muchas doncellas lo amaban con la esperanza de ser la elegida como la reina, lamentablemente
el rey viajó a otros reinos y
contrajo matrimonio con una
princesa muy especial que el amo mucho,
pero la comadrona que también estaba enamorada de este monarca no soportó la
idea de haber sido ignorada por su rey, siendo ella la comadrona del reino, pasado un año la
reina ya sería madre de sus herederos,
El rey ignorante de las intenciones de
la comadrona, la mandó a llamar para
que atendiera a su esposa
en el nacimiento de su primer hijo. Esta empecinada mujer planificó
raptar al heredero, para eso se confeccionó un traje muy
amplio con mangas muy anchas en
el que se introdujo un perro y una perra en cada una de las mangas porque no
sabía que sería el heredero mujer u
hombre. Consiguiéndose los
cachorros a una vecina que recién
había parido una camada.
En el momento del parto la
reina no sabía lo que realmente estaba pasando por los fuertes dolores que estaba sintiendo. La
hermosa reina trajo al mundo dos lindos
príncipes una niña y un niño. Cuando el rey entró a los aposentos preguntó ¿que fue?
Un perro y una perra, respondió la cruel comadrona escondiendo a los bebe en sus anchas mandas, retirándose
del palacio por la puerta de servicio para
ir a su choza a esconder a los
príncipes,
No había pasado mucho tiempo, la reina cuidando a los
cachorros convencida que un castigo
había caído sobre ella, no le importaba lo que eran para ella eran sus hijitos,
en las tardes salía a los jardines del
palacio a pasear a las dos criaturas. Un día la mujer que le había dado los
cachorros a la comadrona los
reconoció cuando vio a la reina
paseándolos por los jardines del palacio no podía convencerse, pidió hablar con
el rey y le contó que esta mujer le había pedido a ella esos dos cachorros y
que sus hijos los verdaderos príncipes debían estar en alguna parte, fueron con
la guardia del palacio donde la
comadrona y allí encontraron a los dos
principitos sanos y salvos. Felices los reyes
cuidaron de sus príncipes gemelos. Tratándose de un rey tan bondadoso no
castigo a la comadrona pero la hizo prometer que jamás volvería hacer algo
igual los cachorros crecieron en el palacio
junto a los príncipes. Y todos fueron muy felices, la comadrona pidió perdón
muy arrepentida de lo que había hecho.
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