CUENTOS HERMOSOS
LILA LAYERS
RECOPILACIÓN DE LOS CUENT0S CORRESPONDIENTES A LOS TEXTOS DE:
“LA PEQUEÑA LI Y SUS CUENTOS”
“LA PEQUEÑA LI EN EL MUNDO DE LAS HORMIGAS”
“LA PEQUEÑA LI Y LAS ATOLONIAS”
“LA PEQUEÑA LI EN EL ESPACIO”
“LA PEQUEÑA LI Y LAS ABEJAS”
“LA PEQUEQUEÑA LI Y EL LEÑADOR”.
Chilena, descendiente de alemanes, nacida en la década del cuarenta a 45 Km de la Ciudad de Concepción. Sus primeros estudios los realizó en la misma localidad. Cursó las humanidades en el Colegio particular Internado de Señoritas, Santa Filomena de Concepción continuando en el Liceo Gabriela Mistral de Temuco Novena región de la Araucanía, Inició la carrera de Sociología en la Universidad de Concepción, carrera que no terminó por cierre de la facultad el año 1973.
Fue funcionaria de la Administración Pública desde el año 1960 en Telecomunicaciones, desempeñándose como profesora en geografía y además otras actividades de Administración 1976, debió acogerse a retiro. Por cierre de la facultad a consecuencias de la Intervención Militar. Participo en talleres literarios con excelentes Profesores, ha viajado a Buenos Aires a la Feria Internacional del libro Invitada por el Escritor y abogado Carlos Franks, al Brasil, a México, y al Paraguay donde compartió con la Escritora Paraguaya Idalia Flores de Zarza.
Estudio inglés en el Instituto Chileno Norteamericano y Alemán en el Instituto Chileno Alemán de Concepción, ha dado recitales en diferentes grupos culturales de diferentes lugares como colegios liceos Bibliotecas y otros, también participó en congresos literarios con los Países Nórdicos, y grupos literarios.
Casada con el Ex -Parlamentario Manuel Valdés Solar, Diputado por la provincia de Concepción antes de 1973. Tres hijos.
NOTA PRELIMINAR
En un rincón del mundo donde casi no se podía captar, a la distancia había una luz, entre ríos, entre bosques, entre aves que cantaban a la naturaleza, entre cielo y tierra, bajo el sol bajo la luna, una luz tan potente tan poderosa, tan difícil de obtener, pero como fuera posible traté de alcanzarla, sólo pude coger de ella un pequeño rayo, un rayo de luz que iluminó mi vida por el que me fue trasmitido un mensaje, mensaje de amor de esperanza, de dicha de paz del conocimiento y la sabiduría, y fue como si esa luz se hubiera impregnado en mis manos para compartirla con todos los que quisieran cogerla y disfrutarla, para caminar siempre por el bello paisaje de la vida atados al conocimiento, y al amor que nos permite pensar y actuar con justicia bondad y grandeza, alcanzar a ver las riquezas que nos da el Universo siendo nosotros seres tan pequeños y grandes cuando somos capaces de tornar nuestra mirada en busca de esa luz en el infinito que sólo Dios tiene el poder de proporcionarla, cuando realmente merecemos que nuestro camino sea iluminado de tal manera que todo nuestro ser sea digno de todas las cosas bellas que nos proporciona el Universo, Estas pequeñas ráfagas de luz que he tenido la dicha de alcanzar las compartiré con todos los niños del Universo que deseen entrar al mundo de las fantasías, de los sueños de niños, de Ángeles, de princesas, hadas, observar la naturaleza, ver como las aguas corren por bellos manantiales, y en forma de nubes danzan en los cielos, como los animales también corren emitiendo sonidos y amando a sus crías, Como crecen las plantas dando sus flores perfumadas y exquisitos frutos, y para que decir el mar como dice nuestra canción Nacional “y ese mar que tranquilo te baña” “Es la copia feliz del Edén “Para los niños quiero entregar estos pequeños relatos que por mi intermedio han sido creados y enviados con amor y ternura.
Lila Layers la Autora.
INDICE
Biografía
1 Nota preliminar
2 El niño mentiroso
3 La rata imprudente
4 El niño y los murciélagos
5 El trompo
6 El pajarito desobediente
7 El muñeco de chocolate
8 La señora maldad
9 El pollo enano
10 El pollo y el gato
11 El sapito porfiado
12 La paloma del Rey
13 El carbón y la tiza
14 El zapatero del Rey
15 El Rey Pilón
16 Belleza escondida
17 Mi Príncipe
18 El manto de concha y plumas
19 Las siete hijas del Rey
20 La madrina
21 La lloica
22 El gato que quería ser Príncipe
23 Los roedores claman justicia
24 Un elefante herido
25 Los caninos y un loro gritón
26 La máscara de lobo
27 El domador
28 La noria
29 Las tres hijas del Rey
30 El Rey y el tordo
31 El león y la Princesa
La rata y el gato
La coneja y la zorra
El búho y el guarén
La caza del zorro
La culebra y el pollo
32 Nicolás el Príncipe.
33 La Estatua
34 El Poema
35 La rana el sapo y la oruga
36 El Lobito y el perro
EL NIÑO MENTIROSO (cuento)
Recordé un cuento del niño mentiroso.
Era tan mentiroso que una vez quiso esconderse de sus propias mentiras y fue a un río para ocultar su rostro bajo el agua, porque sabía que pronto lo descubrirían en todas sus falsedades. Cuando estaba con la cabeza bajo el agua, pasó un sapo y le preguntó.
¿Quién eres? - ¿Que nunca te había visto? Entonces el niño, jactándose de sus travesuras, le respondió al sapo haciendo su voz muy ronca.
-Yo soy la rana más grande que tú hayas visto.
Sí, sí, te creo, dijo el sapo atemorizado, y escapó precipitadamente de aquel lugar.
El niño aún con la cabeza en el agua se río del engaño que había hecho, pero cuando sacó su cabeza a la superficie y vio su rostro reflejado en el agua, gritó de espanto al ver que su cara se había transformado en una enorme rana.
Salió corriendo despavorido hacia el bosque, croando desesperado, ya no podría decir más mentiras, y un día cansado de comer insectos y andar de charco en charco, internándose cada vez más en el bosque se sentó junto a un riachuelo a llorar de pena por haber sido tan mentiroso. Entonces pasó nuevamente un sapo, quien consternado por el llanto del niño con cara de rana le preguntó.
¿Quién eres y por qué lloras?
Entre sollozos le contestó. -Yo soy un niño muy mentiroso, y lloro, porque por haber mentido tanto, mi rostro se ha transformado en rana, pero estoy muy arrepentido y no volveré a mentir, dijo el niño, y siguió llorando.
Entonces el sapo lo felicitó por haberse arrepentido.
-Yo me alegro que seas un niño bueno exclamó el sapo siguiendo su camino.
El pobre niño cansado de llorar abrió sus ojos para seguir vagando por el bosque, pero inconsciente vio su rostro reflejado en el agua , sintiendo una gran alegría, se tocó la cara aún incrédulo de lo que había visto. Era su rostro de antes, de un niño bueno. Entonces corrió a su casa lleno de felicitad, abrazó a sus padres que tanto habían sufrido por su ausencia, y les prometió que nunca más iba a mentir.
LA RATA IMPRUDENTE. (Cuento)
En una mansión había una rata imprudente que hacía muchos destrozos en la despensa. La señora dueña de dicha mansión estaba muy desesperada por todos los daños que la rata le estaba provocando. Entonces fue a una ferretería a comprar una trampa. Esa misma noche la armó prolijamente con un pedazo de queso y la dejó en un lugar estratégico, se fue a dormir con la esperanza que esa noche terminaría con la golosa rata. Entretanto, la hábil roedora salió de su escondite y viendo el pedazo de queso muy tentador a su olfato quiso recogerlo, pero sorpresivamente una inteligente intuición la detuvo, entonces buscó un palito el que dejó caer bruscamente en la trampa, al instante ésta se cerró de golpe dejando el palo aprisionado y el queso a disposición del astuto roedor, que rápidamente lo saboreó con sus dientes.
La señora, al percatarse que había sido burlada por la rata, entró en cólera y desesperada se empezó a pasear por toda la casa de un lado a otro, sin saber qué medidas tomar para terminar con esa rata imprudente, pero de pronto alguien llamó a la puerta, y un gato de muy feo aspecto apareció ante sus ojos.
-¿Qué deseas, buen gato? - Le preguntó la señora, y el animal suplicante le dijo.
-Buena señora, apiádate de mí y dame trabajo por un techo donde vivir y un pan que comer. La buena mujer lo miró preguntándole.
-¿cómo has tenido la inteligencia para llamar a mi puerta?
-Bueno señora, contestó el gato. He llamado a tu puerta porque: “El que busca encuentra, el que pide recibe y el que llama le abren”.
Entonces la señora exclamó horrorizada - ¡Pero si estás tiñoso!
-La mugre por fuera se puede lavar, más la que llevamos dentro no, respondió el gato con arrogancia. Mira mi corazón. -Siguió diciendo. Buena señora, y verás que está limpio.
La mujer con el diálogo había olvidado su problema, pero de pronto volvió a su mente esa Rata imprudente, a la que no había podido combatir y que tantos destrozos le había ocasionado en la despensa.
-Bueno, le respondió la señora al gato. Te dejaré en mi casa, siempre que me caces una rata malvada que no puedo eliminar, caso contrario tendrás que irte.
-Mi buena señora. Exclamó el gato. Haré lo que tú me órdenes. El felino entró en la mansión y la servidumbre le ofreció los mejores manjares y una excelente cama, comió hasta hartarse, quedándose profundamente dormido. Esa noche la rata salió de su escondite como de costumbre e hizo los mismos destrozos de siempre. El pobre gato cansado de su larga caminata que había hecho, hambriento y débil dormía y dormía.
Al día siguiente, la señora lo fue a ver y lo encontró durmiendo profundamente. ¡Gato flojo y dormilón! Exclamó irritada: el pobre animal abrió sus ojos muy asustado, levantándose de un salto.
-¡Señora! -Exclamó el animal, -¿Acaso no sabe que la ira es mala?-
-Qué hablas tú, gato mentiroso, le dijo la Sra. Indignada, siguiéndolo con una escoba por toda la casa.
- ¡perdóneme buena señora! Suplicaba el gato. Esta noche yo le cazaré esa rata.
La señora contuvo su ira y nuevamente le dio una excelente comida confiando que esa noche el gato cazaría la rata: Nuevamente el felino comió hasta hartarse, siendo presa fácil del señor sueño. El roedor nuevamente salió de su escondite sin hacer caso del gato dormilón, haciendo tantos destrozos como la noche anterior.
Al otro día la indignación de la señora fue aún mayor, y el susto del pobre felino también fue más grande, con más humildad le pidió perdón nuevamente, prometiéndole que esa noche sí que cazaría a la rata.
Pero ya te perdoné ayer. Le dijo la señora.
El gato respondió.-¿Acaso no sabe que hay que perdonar setenta veces siete?- La buena mujer le dio una última oportunidad al hambriento animal, éste muy desesperado por no haber podido cumplir con su trabajo decidió no comer nada durante ese día, y se fue al entretecho a dormir para hacerle la guardia en la noche a la imprudente rata, la que, muy confiada, sin hacer caso del felino dormilón, salió de su escondite apenas llegó la noche para hacer los mismos destrozos que de costumbre.
Ahora el felino estaba al acecho, y la rata no había dado ni dos pasos cuando el gato ¡pum! ¡Pum! de un salto se lanzó sobre el roedor dándole muerte al instante, la agarró por el cuello y arrastrándola con su inmensa cola fue donde su ama, para presentarle su trabajo.
La buena mujer estuvo muy contenta por la caza de la rata imprudente. Felicitó al gato, y éste vivió allí para siempre muy feliz y nunca más hubo destrozos en la mansión.
EL NIÑO Y LOS MURCIÉLAGOS.
Un niño que no quería ir a acostarse cuando la mamá le ordenó. El siguió jugando hasta llegada la noche, y vinieron muchos murciélagos, que lo tomaron de los pies y otros de las manos llevándoselo a volar por los cielos, el niño estaba terriblemente asustado entre esos horribles pájaros negros.
Cuando volaron muy alto, el pobre niño pensó que lo soltarían y caería. Y su cuerpo se podría dañar seriamente con el golpe, pero no fue así los Murciélagos dieron muchas vueltas por el cielo columpiando de un lado a otro al infortunado niño. Que estaba casi muerto de miedo, deseoso de acostarse a dormir, después que los pájaros dieron muchas vueltas con el pequeño lo dejaron en un gran salón, lleno de luces de colores, las paredes eran piedras preciosas, al centro había una mujer muy hermosa, y una luz resplandecía de todo su cuerpo, envuelta en finas sedas que también daban visos de todos colores. El niño allí tirado en el piso, lloraba desconsolado, Entonces la mujer se acercó a él acariciando su cabeza, con una voz dulce y amable, le preguntó. -¿Por qué lloras pequeño niño? El en sollozos apenas pudo decir solamente ¡los murciélagos! Ha respondió Ella, Los murciélagos te han traído porque pensaron que estabas perdido, ya que cuando ellos salen a jugar ya no hay niños por ninguna parte, a esa hora todos duermen.
El niño lloraba y lloraba. No, respondió, yo no estaba perdido, sólo fui desobediente, porque mamá me ordenó ir a la cama, y yo no hice caso.
Bueno yo soy la Reina de las aves nocturnas, y vivimos en cavernas, hay muchas aves nocturnas que son muy útiles, pero los murciélagos no son aves ellos son animales que vuelan y son mamíferos, tienen muy buen corazón, por eso te han traído aquí. Estos animalitos son muy especiales no le hacen daño a nadie, te protegen de los insectos, le manifestó, cuando la Dama terminó de decir esto, entró un pájaro mucho más grande con unos tremendos ojos, al ver que el niño estaba asustado, le dijo. No te asuste esta es una Lechuza, tendió su mano el pájaro se posó en ella, Cuando el niño ya estaba tranquilo, ordenó a los murciélagos lo devolvieran a su casa.
Nuevamente lo tomaron y emprendieron el vuelo después de despedirse de la hermosa mujer, pasaron por un túnel totalmente oscuro, hasta salir a la superficie, Una vez que lo dejaron en tierra firme. El niño deseoso de acostarse a dormir, corrió a la cama y nunca más se quedó hasta tarde Jugando, También le perdió el miedo a los Murciélagos sabiendo que no eran malvados y que jamás le harían algo, pero todos los niños deben ser obedientes, Eso le quedó muy claro.
El TROMPO
Había una vez un niño que le gustaba mucho jugar, él quería pasar todo el día jugando. Una vez su madre le dijo: ¿No sabes que también debes ayudar en los quehaceres de casa y estudiar? El niño no contestó nada, pero apenas su madre se dio vuelta corrió a la calle a jugar, con tan mala suerte que mientras corría tropezó con una piedra y cayó, quedando inconsciente.
En ese mismo momento el niño sintió que se había transformado en trompo, otros pequeños que a cierta distancia jugaban al trompo lo vieron y corrieron a recogerlo.
¡Que trompo más lindo! Exclamaron. El niño más grande lo alcanzó primero y dijo. “Es mío, es mío”. Contempló detenidamente su tamaño y los diferentes colores que tenía, era realmente hermoso, todos lo admiraban fascinados, orgullosos de su nueva propiedad le enrolló la lienza y lo hizo bailar. El niño transformado en trompo se sintió muy feliz bailando, y los otros que jugaban, estaban extasiados con el baile del nuevo juguete, haciéndolo bailar muchas veces, tomándolo en sus manos, lanzándolo al suelo, no se cansaban de hacerlo bailar y bailar, pero el niño que era el trompo, se empezó a marear y cada vez más mareado y más cansado, sentía que todo el mundo le daba vueltas y vueltas sin poderse ya sus piernas y sus brazos los sentía aprisionados por la lienza, sus pies parecían estar heridos, desesperado quería gritar, pero nadie lo oía, porque no era más que un trompo.
Llegada ya la noche, los niños cansados también de jugar, dijeron:
¡Este trompo está cucarro!, está cucarro, está cucarro repitieron y lo tiraron por última vez, pero no bailó se fue de un lado a otro. Entonces lo dejaron ahí tirado como una cosa inservible, y se fueron corriendo a sus casas, el niño convertido en trompo se sintió muy enfermo botado en el suelo, cansado y mareado, abrió los ojos y aún le pareció sentir que el mundo le daba vueltas y vueltas, aún con vahído, se levantó y corrió donde su madre arrepentido y dispuesto a ayudar en los quehaceres de casa y estudiar sus lecciones, en adelante, él sólo jugaría a sus horas, o sea después de hacer todas sus tareas y saber muy bien las lecciones, como también ayudar en casa.
Fin.
EL PAJARITO DESOBEDIENTE (Cuento)
Los árboles estaban vestidos de gala y la tierra bordada de tréboles en flor. El huerto lucía esplendoroso, en cada rama un pajarillo cantaba a la fresca mañana. En una de ellas había un nido con cuatro pajaritos piando mientras llegaba su madre con alimentos. De pronto, dos alas ondulantes revolotearon alrededor del árbol posándose junto al nido, los débiles hijos piaban de alegría, la mamá muy feliz, alimentó a sus pequeños con pajitas y gusanos. Cuánta ternura había en esta familia de pajaritos que alegraban el huerto.
Una mañana, cuando ya los pequeños zorzalitos estaban más grandes, su madre debió ir más lejos en busca del alimento. Antes de salir los recomendó, diciéndoles: -Hijos míos, iré por vuestra comida, no intenten salir del nido, aún son muy pequeños para volar, eso es peligroso, pueden caer y tener algún accidente. Yo los quiero mucho y deseo que sean obedientes por su propio bien.
-Sí, sí, mamá- Gritaron todos en un solo cántico.
Ella, confiada, se alejó del árbol que los cobijaba.
No había pasado mucho tiempo, cuando uno de ellos empezó a mover sus alas, cada vez lo hacía con más fuerza. Por su pequeño cuerpo sentía una energía enorme, un deseo propio del ave, de volar y volar. Levantó su cabeza pico al cielo, cantó de alegría.
Puedo volar...Puedo volar, se dijo; aleteando y pisoteando los frágiles cuerpos de sus hermanos que, llorando desesperadamente, como anunciando una desgracia, piaban atolondrados.
¡No, no lo hagas! Nuestra madre no nos ha enseñado a volar, no debes desobedecer.
Pero aun así, se colocó al borde del nido, trémulo de júbilo, se sintió libre, vio una rama corta y dijo;
“Volaré... Volaré” Extendió sus pequeñas alas, alargó su cabeza y se lanzó. Allí se posó justo en la rama. Su corazón desbordaba de alegría. -Qué grande es el mundo, pensó. Vio el sol, sintió sus rayos quemantes sobre sí. El paisaje con su extensa e infinita gama de colores, verdes, amarillos y rojos, azules, como un beso de cielo en el suelo feraz.
Respiró profundo recibiendo un baño en sus pulmones de los más exquisitos perfumes.
“El Paraíso” -Se dijo; Empezó a sacar de su garganta una hermosa melodía que jamás se había escuchado. La chicharra, que estaba muy cerca, decidió guardar silencio para admirar tal consonancia. Luego dejó de cantar, miró una rama que estaba más lejos saltó a ella, con tan mala suerte que no alcanzó a cubrir la distancia y al suelo cayó. Allí quedó tendido, sin poder piar.
Salían los niños de la escuela, José venía a su casa con los libros en los brazos, de pronto, entre algunas hojas del suelo, vio algo que se movía, se precipitó y grande fue su sorpresa al ver que era un pajarito. Lo tomó, acurrucándolo en sus brazos, hablándole con ternura, lo llevó a su casa. Al examinarlo se percató que tenía una patita fracturada.
Pobrecito, se dijo. Yo lo curaré.
Una vez allí buscó una venda, alcohol y lo entablilló confeccionó una jaula, dejándolo reposar por largo tiempo.
Ya estaba grande, pero nunca se le oía cantar. ¿Qué sentía en su corazón? El triste pajarito se decía.
Por qué habré desobedecido a mi madre, cuánto dolor le he causado... Este buen niño me ha ayudado, no sé cómo pagarle. Se decía para sí el infortunado pajarito.
Había pasado tanto tiempo y José pudo darse cuenta que su protegido no era feliz en la jaula, hasta que un buen día, ya en otoño, decidió sacarlo y darle su libertad.
Cuando se vio libre y comprendió que el niño deseaba su felicidad, cantó una serenata a su amigo José que tanto se había esmerado por cuidarlo, nunca antes había cantado así. Los hermanos del niño y su madre quedaron extasiados ante tan hermosa melodía que él había dedicado con todo su amor para la familia que lo había cuidado. Era la forma de pagar dejarles este recuerdo, luego, bajó su cabeza un poco triste y emprendió el vuelo.
-Mis hermanos... Se decía.
Llegó a una parte, pero no era la misma, reconoció el árbol, pero éste casi no tenía hojas y las que aún quedaban ya no eran verdes, sino amarillas y el viento, cómo se las arrancaba una a una, jugando con ellas como un niño juega con sus carritos. Vio un nido entre las ramas caídas nido deshecho. Llorando se dijo; ¡Fue nuestro nido! Pero ya no hay nada. ¿Dónde estarán? Grande fue su dolor al darse cuenta que se había quedado solo por haber sido desobediente.
Caía la tarde, fría y silenciosa. Ni la cigarra, ni avispa, ni un rayito de sol estaban allí. Cuando él cantó por primera vez su serenata, haciendo callar al bosque, con el eco de su joven melodía. Tan fugaz fue todo, si sólo se asomó a la vida.
Trató de cobijarse en una rama, caminó por los suelos mojados. El tiempo trajo la nieve, él seguía solo, el frío lo abrazaba, cada día más y más nieve, que estremecía sus entrañas, cortándole el aliento.-
-¿por qué?.... ¿Por qué?... Se decía. Ya no podía remediar lo que una mañana había hecho, desobedecer a su madre.
Quedó en el camino, helado en un envoltorio de nieve. Cuántas veces pasó José sin saber que su pajarito yacía sepultado en la misma nieve que él pisara, bajo el mismo árbol que lo encontrara.
La vida seguía. Los niños seguían su paso. El tiempo también seguía. Luego vendría otra primavera, otros cánticos, otros frutos, otras flores. Rueda del tiempo infinita en sus misterios
EL MUÑECO DE CHOCOLATE
(Cuento de Ana Valdés)
Una niña celebraba su cumpleaños y su madre quiso festejarla haciéndole los mejores manjares, quería impresionarla con algo especial, decidiendo hacerle, además de la torta con sus velitas, otros dulces, un muñeco de chocolate. Estuvo toda la tarde trabajando en la confección, hasta llegar a hacer un muñeco perfecto.
Cuando llegaron los niños invitados, disfrutaron de todos los dulces y bailaron alrededor de la mesa donde estaba el muñeco de chocolate que los tenía realmente fascinados.
Tenemos que Colocarle nombre, dijo una de las invitadas, él es el muñeco de chocolate, exclamó la festejada y todos rieron y bailaron muy alegres cantando al muñeco. Como ya habían tomado la leche con la torta y todos los dulces, ahora queremos al muñeco, dijeron los niños. Primero vamos a jugar, contestó la anfitriona, después nos comeremos al muñeco de chocolate. Y todos salieron corriendo al jardín.
Entonces el muñeco de chocolate se quedó muy triste al oír que se lo iban a comer, trató de mover una pierna, luego la otra, y con mucha dificultad pudo caminar hasta la orilla de la mesa para bajar por una silla, empezó a caminar sin rumbo hasta llegar a la orilla del río, quedándose allí muy pensativo.
Las aguas del río que corrían y corrían le preguntaron:
-¿Por qué estás tan triste? Él contestó, -Porque unos niños me van a comer.
¡Pero, si eres de chocolate-! Le respondió el agua. Debes alegrar a los niños con tu sabor, Yo soy el agua, quito la sed, riego las plantas, siempre estoy en todas partes, sin mí el hombre no podría existir, yo soy muy feliz contribuyendo al mundo. Terminó diciendo el agua.
El muñeco de chocolate se quedó pensando un rato y luego exclamó: ¡Entonces yo soy un egoísta!
-Sí. Le respondió el agua. Ahora escucha como canto cuando corro entre cerros y quebradas, o en planicies, formando cuencas, lagunas charcos lagos o ríos. Ves como danzo en el aire en nubes por el infinito, y bailo sobre las casas cuando me convierto en lluvia, y tú que eres tan pequeño, no quieres hacer feliz a los niños. Yo también estoy en tu cuerpo, si te privara de mí existencia serías sólo polvo.
¡No, no, por favor, no me conviertas en polvo! Manifestó el muñeco muy asustado, volveré, yo volveré donde los niños, y emprendió el regreso corriendo. Cuando los niños, cansados de jugar regresaron a la mesa, todos disfrutaron felices del rico muñeco de chocolate.
Fin
LA SEÑORA MALDAD.
Iba por la calle la señora maldad cargada de juguetes y golosinas. Unos niños que estaban jugando correctamente se acercaron a ella para pedirle golosinas y también juguetes.
¡Sí! - Les dijo la Sra. Maldad: Les puedo dar todos los juguetes que quieran y también golosinas, pero tienen que seguirme.
-Te seguiremos. Dijo uno de los niños. -Sí. Manifestó Ella. -Pero para seguirme deben tener un salvoconducto.
-¿Y cómo podremos obtener ese salvoconducto? -Preguntaron los niños.
-Para obtenerlo sólo deben hacer una maldad, dijo la mujer. A los niños les pareció muy divertido y corrieron a hacer una maldad, apenas la hicieron les empezó a crecer una cola, fascinados por la aventura que estaban viviendo no le dieron importancia, y siguieron a la Señora Maldad compartiendo los juguetes y las golosinas, pero entre más avanzaban en la maldad, más se alejaron de sus casas y todos sus seres queridos, como también de sus juguetes que los habían tenido por tanto tiempo, y a medida que pasaban los días se iban sintiendo más tristes, y la cola les crecía cada día más, la Sra. Maldad los hacía trabajar intensamente y hacer cosas muy malas.
Pero una vez descendió de lo alto una nave que decía “Viajes al Paraíso”
¡Al Paraíso!... -Exclamó un niño. Esa es nuestra tierra. Todos se alegraron mucho y corrieron muy contentos hasta la nave, pero el señor de la nave les manifestó, que para subir a ella debían tener un pasaje.
-¿Y cómo podremos obtener ese pasaje? -Preguntó un niño.
El Señor de la nave les contestó. -Todos los que quieran subir, a mi nave, antes deberán cortarse la cola. Ellos se miraron atónitos, su cola gruesa y totalmente arraigada a su cuerpo, todos deseaban no tenerla, pero cortársela así. Les era imposible. Uno de los pequeños muy apenado porque echaba de menos a sus padres, su casa y sus juguetes, estaba tan desesperado que tomó un machete. Los otros niños lo miraban asombrados, pero él fue muy valiente. Cerró los ojos, y con mucha fuerza pegó contra el rabo. Éste se cortó bruscamente saltando lejos, retorciéndose como una serpiente. El niño alcanzó a ver un chorro de sangre y cayó desmayado por la impresión, así permaneció tendido en el suelo sin conocimiento por un largo rato, mientras sus compañeros lloraban a su lado muy preocupados. Pero de pronto, el niño abrió los ojos y todo su ser lucía esplendoroso, sus compañeros no se atrevieron a tocarlo, abriéndole paso hasta la nave, lo observaron admirados al ver en él tanto esplendor y que había podido ascender sin problema a la nave que lo llevaría al Paraíso. Ellos también fueron valientes, tomaron el machete y se cortaron su cola dejándolas allí retorciéndose en su propia maldad, subieron a la nave y se fueron muy felices a sus hogares, dispuestos a no volver a cometer nunca más ninguna maldad.
Fin
EL POLLO ENANO.
Este cuento había que contarlo con un poco de gracia para que se entendiera mejor, entonces me levanté de mi asiento para hacer todas las figuras que necesitaba a objeto de darle más énfasis.
“Era un pollito muy pequeño como del porte de una nuez, él estaba muy triste por ser tan chico, entonces, un día fue donde el señor Gallo. Y le gritó.
¡Eh! Señor Gallo. El gallo miró a todos lados y no vio a nadie, nuevamente le gritó: ¡Eh! Señor Gallo. Estoy aquí insistió el pollito. El gallo enormemente grande lo vio y le preguntó.
-¿Qué deseas pequeño pollo?
-Yo, Señor Gallo, le dijo éste. -Deseo saber qué hizo Ud. Para ser tan grande. Entonces el gallo abrió sus enormes alas, y le dijo:
-¿Vez mis alas? Luego extendió una hacia abajo, y dio una vuelta completa bailando en una pata, después sacó una enorme pechuga, y cantó tres veces.
El pollito estaba fascinado contemplando al Señor Gallo, luego éste le dijo:
Yo desde muy pequeño me levantaba muy temprano, hacía mis ejercicios, y nuevamente abrió las alas, lanzando al pollito lejos, pero él se repuso y siguió escuchándolo y en seguida, continuó el gallo. Cantaba y me comía todo mi alimento, el trigo, el maíz y alimento de aves, yo comía de todo enfatizó. Y así fui creciendo hasta obtener este porte, ¿Vez? - Le dijo al pollo enano. Y nuevamente volvió a bailar en una pata y dando una vuelta completa con el ala abajo. Entonces el pollito empezó a hacer sus ejercicios y a comerse todo su alimento, así empezó a crecer hasta llegar a tener el mismo porte del gallo, siendo muy feliz.
EL POLLO Y EL GATO.
Aburrido de vivir en el gallinero, un pequeño pollo se salió de éste y se fue a vivir a la casa del amo. Había pasado algunos días muy contento, cuando el gato cansado de soportarlo exclamó
-¿Qué haces tú aquí? Pollo intruso, si de nada le sirves al amo. El pollo muy herido en su dignidad, contestó al gato:
-¿Acaso no sabes que nosotros proveemos de huevos y carne a nuestro amo? -Y tú gato envidioso ¿Qué das al amo?
-Yo soy más importante que tú. Respondió el gato. Porque cazo todas las ratas que hacen perjuicios y así cuido de la casa de mi amo.
-Pero yo soy más importante. Insistió el pollo. Porque lo proveo de alimentos, sin nosotros él se moriría de hambre.
-Sin nosotros los gatos, nuestro amo se moriría de hambre porque las ratas acabarían con sus alimentos. Así fueron cada uno defendiendo sus derechos, tanto el gato como el pollo y elevando cada vez más sus voces hasta que entraron en cólera y decidieron batirse a duelo, fueron a elegir el lugar, pero la discusión del gato y el pollo fue oída por el perro, y éste dijo:
-Yo soy más importante para mi amo, porque cuido de él y sus pertenencias. La voz del perro fue oída por el caballo, y vino éste y dijo:
-Yo soy más importante, porque traslado a mi amo de un lugar a otro y trabajo también con el arado y el carretón. La voz del caballo fue oída por el buey y éste los alcanzó y les dijo:
-Yo soy mucho más importante porque doy la carne, el cuero, el trabajo y la vaca la leche, el queso, la mantequilla, el yogurt. Pero, el chancho escuchó el alegato que llevaban los animales y saliendo de su chiquero corrió hasta ellos. Alegando que él era más importante, porque daba la manteca, la carne las longanizas, salchichas, queso de chancho, jamón y mortadela.
El alegato era ensordecedor, cada uno alegaba por sí mismo reconociendo sólo sus propios valores.
Entonces la pulga pensó: “Ninguno busque su propio bien sino el del otro”. Sintiéndose aún más pequeña porque nada había hecho por su amo, sino sólo molestarlo, hasta en su sueño, se sintió avergonzada y corrió donde él, para decirle que sus animales se habían declarado en duelo, alegando que cada uno era más importante que el otro en beneficio del amo. Este tomó la insignificante pulga, que había demostrado su noble y buen corazón, fue hasta donde estaban los animales, se montó al caballo y les dijo, cuando todos se habían sentado a escucharlo:
-Nada haría yo sin ustedes. -Exclamó el buen hombre, cada uno me es imprescindible, porque yo necesito todo de cada uno de ustedes, porque el trabajo de uno no lo puede hacer el otro, si yo le pido al gato que me lleve a casa, él no podría cargarme, pero el caballo sí, y si le pido al caballo que me caces las ratas, él tampoco podría hacerlo, pero el gato sí.
Los animales escuchaban muy atentos y avergonzados, siguieron a su amo, entonces él les dijo:
-Yo los amo a todos por igual, y estoy muy contento de estar con ustedes. Y los animales caminaron felices junto a su amo dispuestos a trabajar y dar cada uno lo suyo. El pollo regresó a su gallinero avergonzado por haber sido el causante de todo el conflicto.
Fin
EL SAPITO PORFIADO
Un sapo cansado de vivir en el fango, decidió salir en busca de algo mejor, el resto de los sapos le pidieron que no se fuera, ése era su hogar, por lo tanto debían permanecer allí todos juntos, pero el sapito muy porfiado no hizo caso tampoco a los ruegos de su madre que llorando le suplicaba no se fuera, y el sapito igual se fue.
Anduvo tanto que se le hizo tarde, pero al llegar la noche que era tan clara como el día, encontró un jardín muy hermoso y en él una piscina, se acercó a la orilla y pensó. “Esto es lo que yo buscaba”
Se lanzó al agua y nadó de todas formas, de espalda, de pecho, de lado, se zambulló y saltaba del trampolín. Este sapito se sentía muy feliz por haber encontrado ese lugar tan maravilloso, pero a la mañana siguiente, de la enorme casa de habitación salieron los niños y se fueron a jugar a la piscina. Él, que estaba en un rincón, saltó lejos cuando los jovencitos empezaron a jugar en el agua provocando un fuerte oleaje y de pronto, uno de ellos gritó,
-¡Un sapo!- Saltó tras el sapo, otro niño trató de darle alcance con un palo, así corrían de un lado a otro, y el pobre sapito, desesperado arrancaba, tratando de ocultarse sin poder salir del agua de la piscina, pero él como pudo se dio impulso saltando al césped, donde se pudo ocultar, Cansado y muy asustado emprendió su regreso hacia el fango, allí sus amigos lo recibieron con muestras de mucha alegría y el sapito porfiado nunca más intentó buscar otro lugar que no fuera su propio hogar.
Fin
LA PALOMA DEL REY
Había una vez una paloma que feliz y contenta volaba por los bosques. Pero un día llegaron hasta sus oídos unos lamentos que consternaron su corazón. Entonces, la paloma voló y voló hacia el lugar de donde venían esos lamentos, encontrándose frente a un hermoso castillo.
Subió hasta la torre y allí, encerrado, se hallaba un pobre hombre llorando amargamente.
-¿Por qué lloras, buen hombre? -le preguntó la paloma.
-Lloro porque el rey me va a matar. Respondió el hombre.
Entonces, la buena paloma no hizo más preguntas y empezó a ingeniárselas para abrir la puerta que era de barrotes, cargada por fuera con un soporte. La paloma advirtió que si se posaba en el extremo de éste, el soporte se desprendería y el hombre estaría libre. Así lo hizo y en el mismo instante en que el soporte cedió, el hombre abrió la puerta y salió corriendo. La paloma regresó al bosque de donde había venido.
Había pasado algún tiempo y un día, en el bosque a orillas del camino, estaba la paloma cantando, cuando pasó un hombre. Al percatarse la dócil ave de que era el mismo hombre al que tiempo atrás ella había salvado de la prisión, se quedó en el mismo árbol para saludarlo. Lamentablemente, el individuo, apenas divisó al buen pajarito, tomó una piedra del suelo y se la lanzó, ésta emprendió el vuelo hacia una rama más alta, aún incrédula de lo que estaba viendo. Acto seguido, el hombre buscó más piedras y llenándose las manos de ellas, empecinado, lanzó una tras otra. La paloma, muy triste, abrió sus alas y emprendió el vuelo muy lejos de allí.
Pero no pasó mucho tiempo cuando, un día, la paloma escuchó los mismos lamentos que la vez anterior, vaciló un instante y luego se dirigió al castillo. Allí estaba el hombre llorando, encerrado en la torre.
-¡Sácame de aquí, palomita!- Le suplicó.
Ella lo miró movió su cabecita ingenua, caminó, voló alrededor de la puerta de barrotes y el hombre, desesperado, empezó a llorar más fuerte.
-¡Sácame de aquí, palomita! - Le gritaba tendido en el suelo con las manos hacia arriba y sus ojos llenos de lágrimas, no cesaba de implorar.
Entonces, la paloma de un vuelo se posó en el extremo del soporte y la puerta se abrió: nuevamente el hombre salió corriendo.
Una tarde, el hombre pasaba por un casillo y sintió el arrullo de una paloma, pero era un arrullar muy triste. Se acercó y vio que la paloma yacía prisionera, en una jaula de oro. Cuando el ave vio al hombre se alegró, porque si ella lo había salvado dos veces. ¿Por qué él no la iba a salvar? Pero el cruel hombre tomó a la débil paloma y se la llevó.
Al percatarse los guardias del Rey que la hermosa paloma había desaparecido, que había sido robada, emprendieron la búsqueda del culpable, encontrándolo a orillas de un estero, donde había preparado la paloma asada. Lo tomaron lo llevaron prisionero ante el Rey. Este muy molesto, dio la pena de muerte al cruel hombre que tan vilmente le había arrebatado su ave más preciosa y preciada.
EPILOGO
Cuenta la historia que el hombre fue enterrado en la cima de un cerro y qué desde muy lejos se divisaba la cruz y sobre ella, un ave que cantaba muy hermoso, pero a la vez muy triste, que hacía llorar a todas las personas que tenían la dicha de escucharla. . .
SOLO FUE UN SUEÑO
(EL CARBÓN Y LA TIZA)
La profesora nos dijo que lleváramos un brasero para el día de San Luis, por ser el onomástico de la Directora. Le haríamos unas onces y un saludo especial. Algunos le recitaríamos y bailaríamos, después de esta gran alegría. La señora Directora estaba muy emocionada, con muchos ramos de flores y pequeños regalos adornados con cintas de colores.
Ya se habían ido casi todas las niñas, yo debí quedarme hasta el final, por ser semanera, pero mi otra compañera no había venido porque estaba enferma de influenza. Me quedé sola en la sala, con la escoba en la mano. Me senté un rato y allí me quedé en un rincón descansando.
___________
De pronto veo que desde la mesa, la tiza se levanta iracunda, con voz aguda de mujer, insultando a un trozo de carbón que quedaba en el bracero.- ¿Qué hace este negro aquí? - Le decía.
-Yo soy la tiza y sirvo para escribir, paseándose sobre la mesa en ademán altivo y autoritario.
El carbón, que yacía entre la ceniza, al sentirse insultado se levantó también iracundo, de un salto subió a la mesa y con voz ronca exclamó:
¡Me insultas porque soy negro!. . . -Sí, soy negro y yo escribo en la pizarra blanca y tú eres blanca, pero escribes en una pizarra negra, le dijo.
Entonces la tiza no supo qué decir. Después de pensar un rato, respondió.
-¡Sí, pero yo le enseño a escribir a los niños. . .!
-Bueno, le respondió el carbón, Yo también les puedo enseñar a escribir a los niños, y les proporciono calor para que no tengan frío y preparen sus comidas.
-Sí, dijo la tiza. -Pero luego te conviertes en ceniza.
El carbón respondió:
-¡Y tú, en polvo!
Al escuchar esto, la tiza empezó a llorar amargamente. Entonces el carbón se enterneció y la consoló diciéndole.
-¡No llores! Tú polvo y yo ceniza, estaremos iguales. . . Y podremos vagar por el aire sin que nadie nos detenga. . . Libres al viento, libres en el aire, bajo el sol, en la lluvia, sólo seremos polvo que pasaremos inadvertidos para los demás. Pero tú y yo ya no seremos diferentes, sólo seremos polvo.
“Sólo seremos polvo”
Pero, ¡Qué raro! Como me pude quedar dormida inadvertida, fue como haber visto una película, o bien sólo fue un pensamiento. Fui hasta la mesa, tomé la tiza que yacía intacta y la dejé en la pizarra: cosa curiosa, encima de la mesa también había un trozo de carbón, lo tomé y lo dejé en el brasero.
Barrí la sala lo más rápido que pude, tomé mis libros y corrí a casa pensando, siempre pensando en la tiza y en el carbón.
BELLEZA ESCONDIDA
Había una vez un Rey que tenía una hija muy hermosa, en edad de casarse, entonces el Rey organizó una gran fiesta para que algunos príncipes vecinos pidieran la mano de su hija, el día de la fiesta la joven princesa estaba muy nerviosa, solicitando a La Reina, su madre que no asistiera al evento y que mejor se quedara en sus aposentos. La Reina, sin salir de su alcoba, lloró largo rato por esta ofensa que le había hecho su hija.
Cuando empezaron a llegar los invitados la princesa hizo su aparición radiante de felicidad destacándose por su gran belleza, el Rey también estaba emocionado porque al terminar la fiesta su hija ya estaría comprometida.
Los invitados empezaron a retirarse, salían las carrozas una tras otra, cual de todas más adornadas, llevando a sus príncipes. El Rey empezó a inquietarse, porque nadie había pedido la mano de su hija siendo una joven tan bella. Cuando ya se había ido el último invitado el Rey acudió a la princesa preguntándole. ¿Nadie pidió tu mano Hija? La niña rompió en llanto. Entonces fue hasta la Reina diciéndole desesperada. Por tu culpa no he podido encontrar novio porque todos saben lo fea que eres, por eso no quieren casarse con migo gritaba histérica.
El Rey sorprendido por la actitud de su hija, se sintió también ofendido porque él amaba a su esposa explicándole a la joven que si él había podido amar tanto a su Reina no por la belleza física sino por el gran corazón que tenía, porque ella no iba a poder ser amada si fuera de ser buena también era bella físicamente. La Reina se sumió en una profunda pena por lo que le había dicho su hija.
La Princesa se fue al bosque a llorar desesperada porque ningún príncipe la había elegido como esposa. Considerando que esto era porque la Reina no era bella como ella, Entonces sintió un gran torbellino del que apareció la Reina del Bosque. Esta le preguntó. ¿Por qué lloras hermosa niña?
-Lloro porque mi madre es fea, y por eso nadie quiere casarse conmigo.
-Pero tú no sabes. Contestó “La Reina del Bosque” Que tu madre posee una gran belleza en el alma, y esa belleza la haz heredado tú en lo físico, lamentablemente tu alma carece de belleza por eso ningún joven te pidió en matrimonio, en cambio tu padre el Rey vio la gran belleza que tiene tu madre haciéndola su Reina y amándola tanto como su esposa.
La princesa miró extrañada a la “Reina del Bosque” y sin poder contestar nada por la emoción corrió hasta el palacio, entró a su alcoba mirándose al espejo, y se dijo. ¡Que hermosa es mi madre! Porque esta belleza que poseo yo es la de ella, que lleva en su alma. Se contempló un largo rato, luego salió al pasillo cruzándose con una de las sirvientas que venía llorando. ¿Por qué lloras? Le preguntó.
-La Reina se nos muere. Contestó la buena mujer.
Al oír esto la niña mimada corrió a los aposentos de su madre y la besó mucho, abrazándola le dio las gracias por darle el ser y haberle trasmitido toda su belleza del alma en su belleza física, gracias a ti madre soy tan hermosa, con todo esto la humilde mujer que ya se moría de pena, sintió una gran felicidad, con el cariño expresado por su hija, y se repuso del mal que la estaba aquejando. El Rey ofreció una nueva fiesta en la que estuvo la reina de anfitriona, Un Príncipe pidió la mano de la Princesa al empezar la fiesta, la música alegró a todos los comensales, el Rey, la Reina y la Princesa fueron muy felices.
Fin
MI PRINCIPE
Miro y observo los largos cortinajes que tan graciosamente caen de cada ventana, en el Palacio abandonado por donde antes corrieron niños traviesos, y en los salones coquetas damas y elegantes caballeros compartieron momentos de alegría, en gratas comidas, danzaron en los opulentos corredores guardando miles de secretos entre muebles y muebles entre pasillos y pasillos.
Esa mañana fue distinta, mirando los jardines que frente a la puerta de entrada se detuvo un auto negro, del que bajó un Príncipe con una maleta, se dirigió a la entrada del palacio. La cerradura de la puerta chirrió como si gimiera de alegría al sentir el contacto de la llave, al instante el Príncipe se deslizó por las alfombras, subiendo las escaleras. En ese momento debí esconderme para que no se percatara de mi presencia.
Muy pronto me acostumbré a compartir el Palacio con mi visitante, nunca me dejé ver, para mí era hermoso verlo cada mañana, cuando se levantaba, entraba a la sala de baño se daba un baño de tina con jabones perfumados, luego se envolvía en toallas, caminando en zapatillas sólo con una bata, se afeitaba frente al espejo, yo no me cansaba de mirarlo entre más lo miraba más latía mi corazón, en los comedores de sillas rojas se sentaba a tomar desayuno con los mejores manjares, luego tomaba su maletín sacaba el auto de la cochera, y se iba, yo estaba ahí de intrusa no quería que me viera, de todas formas yo era feliz viviendo en ese enorme Palacio, con tantos pasillos secretos que era bien difícil se diera cuenta de mi existencia, pero yo sabía todo lo que él hacía.
Mi príncipe, mi bello Príncipe eres como un lirio de mi jardín secreto. Esa noche lo observé como dormía, su cara se veía tan inocente, que sentí deseos de entrar en su cama, silenciosamente lo hice pero cuando imprudentemente le toqué una rodilla se asustó y gritó. Entonces salí corriendo, a esconderme donde él no me encontrara. Cuando ya se había calmado volví nuevamente, estuve largo rato contemplándolo, como dormía sentí deseos de morderle una oreja, pero si anteriormente te había asustado al querer dormir a su lado, preferí no hacerlo, en las tardes se sentaba en un sillón a ver películas, en una pantalla grande, desde una esquina yo no me cansaba de observar cada uno de sus gestos. A veces estaba despeinado y triste otras veces tenía una sonrisa en el rostro.
Me había acostumbrado a esperarlo cada tarde, aunque él nunca me veía, yo siempre estaba allí junto a él y ya no me sentía tan sola, en ese enorme Palacio.
Después de su baño empezó a guardar sus cosas me impacienté, tomó desayuno y fue por su maleta, se encaminó a la cochera, hizo partir el auto dirigiéndose a la salida, desde una de las ventanas lo vi cómo se alejaba entre los jardines del Palacio. De mis ojos rodaron unas lágrimas, yo me había acostumbrado a su compañía a verlo cada mañana y a esperarlo por las tardes. ¡Pero mi Príncipe se había ido! ¿Qué más podría yo esperar de él? Si al fin y al cabo. ¡No soy más que una rata!
EL MANTO DE CONCHA Y PLUMAS
El Palacio estaba de fiesta porque el Rey y la reina habían participado a sus súbditos que pronto tendrían un heredero. La noticia fue recibida con regocijo toda la comarca disfrutaba la nueva, celebrando con fiestas y un gran banquete la llegada del nuevo Príncipe,
En el palacio se recibieron representantes de otros Reinos, todos traían presentes al futuro heredero. Baúles llenos de suntuosos objetos forjados en oro y piedras preciosas, una gran comida fue compartida con los visitantes.
Las puertas del Palacio permanecieron abiertas por siete días y corría el vino el pan y los mejores manjares. ¡Viva el Rey, viva el heredero! Se escuchaban las voces de aldeanos y aldeanas mientras bailaban y bailaban por todas partes del Reino.
La reina era la más feliz porque después de diez años de matrimonio le iba a dar un hijo a su esposo, sin olvidar que estuvo a punto de perderlo por no poder darle un hijo. La fiesta duró una semana, al poco tiempo la Reina presentó dolores de parto, los sirvientes corrieron en busca de la comadrona para atender a su Majestad, todo el palacio estuvo convulsionado. El Rey nervioso esperaba la noticia en uno de los salones. Al cabo de algunas horas la comadrona entró al salón donde el Rey esperaba al heredero, la mujer entregó al Monarca el pequeño Príncipe envuelto en las más hermosas telas, traídas de Reinos muy lejanos.
Aquí está el Príncipe heredero mi Rey. Manifestó la humilde mujer posando al niño en los brazos del feliz padre, abrazando al infante lo miró con ternura embargado de una enorme felicidad.
El Rey salía todas las mañanas a cabalgar para regocijarse de su Reino. Un día un grupo de súbditos le salió al paso.
-Tenemos hambre mi Rey- le dijeron, No sólo hambre sino frío en nuestros cuerpos, y miseria en nuestras mentes.
El Rey que era muy bondadoso detuvo su caballo ante el grupo de desarrapados súbditos, con una sonrisa les respondió.
No os preocupéis id conmigo al Palacio y yo os daré de los Mejores manjares y los atavíos que queráis.
No mi Rey respondió uno de los hombres, no queremos eso, si nos das de comer hoy mañana nuevamente tendremos hambre, y los atavíos aun siendo los mejores, de todo tu Reino también el tiempo los convertirá en harapos.
El Rey los miró intrigado, pero eso es tan fácil de solucionar, si lo único que tienen que hacer es venir conmigo al palacio. El tercer deseo que me piden no sé cómo podría solucionarlo. ¡Miseria en vuestras mentes! El Rey hizo un gesto y repitió. ¿Miseria en vuestras mentes?
Otro súbdito muy respetuosamente se acercó al Monarca hizo una reverencia y dijo:
Alteza siendo tú el más grande de todos los Reinos te pedimos tres cosas, comida, vestuario y conocimiento
El Rey lo miró sorprendido, pero si sólo tienen que ir conmigo al Palacio y yo les daré comida y vestuario.
No mi Rey manifestó el súbdito. Nosotros no queremos que tú nos des. Nosotros queremos tener ropa y comida por nuestro esfuerzo y también queremos adquirir conocimiento.
El Rey se quedó pensando un instante luego les dijo: Ahora comprendo, entonces pueden tomar los alimentos, en los establos encontraran leche y carne y en los huertos frutos y verduras, si desean mosto podéis tomarlo de los lagares que están en las bóvedas, y en cuanto al conocimiento eso lo pediré a los otros reinos, y haré que me traigan todo lo que vosotros habéis pedido.
Los aldeanos se miraron unos a otros. -Gracias mi Rey gracias manifestaron todos. El Rey se retiró a sus aposentos y los andrajosos hombres se quedaron tan tristes como antes de hablar con el Monarca.
El heredero del trono ya tenía algunos meses, Los Reyes y la servidumbre tenían cuidados muy especiales para el pequeño Príncipe. Cuando cumplió un año el palacio nuevamente estuvo de fiesta. Con la asistencia de muchos Monarcas de otros Reinos.
El niño había sido ataviado con prendas de encajes bordadas en hilos de oro y adornos de piedras preciosas, pero no faltó una anciana que vino de un Reino muy lejano y dijo. ¡Este niño no es normal!
Todos la miraron sorprendidos. El Rey se levantó de su asiento enfurecido.
Calma mi buen Rey. Manifestó la buena mujer. ¿Acaso no has reparado en tu hijo? ¡Míralo bien! Terminó diciendo la anciana.
Entonces los padres del niño lo miraron detenidamente. En un año le había dedicado todo su amor que jamás pudieron reparar que el infante no era igual a los demás. El silencio fue total, algunos comensales dejaron de comer. El Reino había caído en desgracia, porque el heredero estaba enfermo. Y sólo en ese momento se habían percatado que el Príncipe no era más que un niño torpe e idiota.
El Rey con humildad consultó a la anciana. Dime buena mujer si has descubierto que mi hijo no es un niño normal. ¿Qué debo hacer para que se mejore?
La mujer lo miró pensativa, luego le contestó.
Es posible que si le tejen un manto con lanas de ovejas e hilos de oro, con punto de concha y pluma del porte de tu Reino, el Príncipe se mejorará.
Los monarcas se miraron, luego la Reina preguntó ¿cómo podremos tejer un manto del porte del Reino?
Al instante la mujer respondió. El equivalente, es la dimensión del Reino, ese es el equivalente repitió. El equivalente es, los metros cuadrados de tu Reino por metros cuadrados de un manto de concha y pluma en lanas e hilos de oro.
El Monarca expresó. Pero jamás alcanzaremos a cubrir nuestro Reino tejiendo tantos mantos.
Pero tus súbditos sí, respondió la mujer. Dicho esto se retiró del palacio como también los otros Monarcas que aún no se habían retirado.
El Rey llamó a sus súbditos, para abrir todos los baúles que tenía llenos de oro y piedras preciosas fundieron el oro y empezaron a fabricar los hilos, reunieron los rebaños de ovejas procediendo a esquilar obteniendo una gran cantidad de lana, otros fueron al mar en busca de los mejores moluscos para obtener de ellos las mejores conchas y a diario se sacrificaban aves para sacar sus plumas. Así el Rey fue almacenando hilos de oro, piedras preciosas, una gran variedad de plumas y enormes conchas de los moluscos que extraían del mar. Más la lana de las ovejas del reino.
Cuando el niño cumplió dos años, nuevamente los Monarcas invitaron a los reyes vecinos. La mujer que le había vaticinado la idiotez del Príncipe también llego en su carruaje con ruedas de oro y la carroza tenía incrustaciones de piedras preciosas los asientos estaban hechos de telas finísimas.
El banquete como el del año anterior estaba delicioso, pero los Monarcas se veían muy preocupados.
Buena mujer, le dijo el Rey a la anciana. Tengo las bodegas llenas de sacos de lana, hilos de oro, piedras preciosas y muchas plumas y una gran variedad de conchas de mar, el Reino ha tenido mucho trabajo manifestó.
-Eso es bueno para todo el reino. Respondió la anciana.
- Ahora quiero que tú buena mujer me digas como debo hacer estos mantos de concha y pluma.
La mujer se río a carcajadas, luego le explicó. Buen Rey eso de concha y pluma es el nombre del punto con que deben tejer el manto. Se escuchó un murmullo entre todos los concurrentes. Y los Monarcas se quedaron sorprendidos.
El Rey trajo las mejores tejedoras al Reino. Así fue como las mujeres corrían al Palacio para tejer el manto del Príncipe que lo salvaría de su enfermedad. Las plumas que en vano habían sido recolectadas fueron repartidas entre los súbditos para hacer plumones ya que antes la carne de las aves también había sido consumida por los habitantes del Reino. En cuanto a las conchas de los moluscos del mar fueron molidas y dispersas para mejorar la tierra. Los cazadores de aves y los buzos de la extracción moluscos no pudieron dejar de hacer el trabajo porque para ellos ese trabajo ya se había convertido en un hábito. Entonces perfeccionaron su labor fabricando balsas y botes apropiados para tal trabajo, buscaron mejores sistemas de caza. Las mujeres tejían y tejían. El niño iba creciendo pero no demostraba mejoría alguna. Cuando cumplió los diez años el Rey hizo la fiesta de cumpleaños que acostumbraba hacer todos los años, El Reino había crecido notablemente los súbditos disfrutaban de la caza, las mujeres habían aprendido a tejer los mantos más preciosos, también a cocinar los mejores guisos de carnes, pescados, moluscos. Algunos aldeanos trabajaban la tierra para aprovechar las conchas de los moluscos como abono con lo que se producían las más hermosas plantas.
Nuevamente la mujer misteriosa llegó en su carruaje y todos los Monarcas con sus presentes de metales y piedras preciosas.
-¿Por qué está triste el Rey? Le preguntó la mujer.
El buen Rey le respondió. -Tengo un Reino rico y próspero y también buenos súbditos pero mi hijo aún no es un niño normal, tú me vaticinaste que si cubría mi reino con un manto en lanas e hilos de oro y piedras preciosas tejido en punto de concha y pluma mi hijo se mejoraría.
-¿Acaso ya tejiste el equivalente de la extensión de tu Reino? Le preguntó la buena mujer.
Aún creo que me falta, no he podido sumar la cantidad exacta para saber cuánto queda por tejer.
Tendrás que traer un matemático, él te dirá exactamente cuánto te falta, respondió la anciana.
Inmediatamente el Rey envió por los mejores matemáticos para saber cuánto le faltaba de tejido para terminar la cantidad de mantos que habían hecho metro por metro confeccionado en lana e hilos de oro con piedras preciosas en concha y pluma.
Cuando llegó el contador que había contratado este empezó a sumar y sumar hasta llegar al resultado final. Lamentablemente aún le faltaban algunos metros para el equivalente de la dimensión del Reino. Con esta noticia el Rey se desesperó, porque ya no le quedaba oro, Entonces llamó a sus súbditos que buscaran oro. Algunos hombres salieron muy de mañana en busca del precioso metal, al cabo de algunos días volvió un mensajero trayendo la buena noticia de haber encontrado una rica veta de oro, el que sería explotado, así fue como el Reino contó con una mina más y un centenar de mineros que trabajaron de sol a sol obteniendo una buena paga del Monarca al igual que el resto de los súbditos que colaboraban en los trabajos para la confección de los mantos de concha y pluma.
Al año siguiente cuando celebraban el onceavo cumpleaños del niño todos los invitados llegaron como de costumbre. También la mujer misteriosa. Las tejedoras seguían tejiendo y apuntando los que tejían cada día.
-¡Mi Rey! Dijo una de ellas. ¡Hemos terminado! Todos se miraron con alegría, habían demorado años en tejer un manto en punto de concha y plumas equivalentes a la extensión del Reino. Entonces los Monarcas trajeron al niño o mejor dicho al Pequeño Príncipe.
La buena mujer tomó uno de los mantos adornados con preciosas piedras, tejido con hilos de oro en concha y pluma. Cubrió al niño con ternura y el Príncipe junto a sus padres vestido con los mejores atavíos, El Infantes observó el precioso manto mirando a los concurrentes sonrío.
Los Monarcas exclamaron. ¡Se ha sonreído! ¡Nuestro hijo se ha sonreído! Junto con los invitados fueron a las bodegas a ver los mantos preciosos. El príncipe tocó los mantos y dijo: ¡Que bellos son estos mantos queridos padres!
Los Monarcas regocijados de alegría abrazaron al pequeño exclamando. ¡Hijo te has mejorado! Todos tanto los príncipes de otros Reinos como los súbditos estaban felices por la mejoría del heredero.
Los asistentes al festejo del cumpleaños del Príncipe solicitaron comprar al Monarca los mantos preciosos. El Rey dejó algunos para el palacio y los otros fueron vendidos a otros Reinos los súbditos siguieron tejiendo y otros extrayendo oro y algunos pescando en el mar.
El Rey trajo muchos maestros para que a todos aprendieran y tuvieran nuevos conocimientos.
Cuando los monarcas murieron muchos años después el príncipe fue coronado y Reinó muchos años con inteligencia sabiduría bondad y justicia.
LA LOICA.
Había una vez un hermoso bosque donde habitaban muchas loicas entre ellas una más pequeña, que se esforzó para ser igual al resto, cada mañana se posaba en la copa de uno de los árboles contemplando el mundo, desde allí cantaba y luego emprendía el vuelo, poco a poco fue experimentando un gran dominio en el aire, volaba de diferentes maneras planeaba, y se lanzaba en picada, luego hacia el cielo como si quisiera alcanzar el sol, con una rapidez extraordinaria, su pecho colorado se distinguía desde lejos, como era la mejor, siempre tenía ventajas, ante el resto de las loicas. Era feliz batiendo sus bellas alas, en el espacio limpio, libre de materia contaminada, libre al viento, libre en laderas y montañas, así pasaba los días volando y volando,
Pero no todo era tan hermoso, continuamente estaban llegando cazadores aperados con los mejores equipos caían muchas loicas, pero ella que ya no era pequeña, volaba muy alto, jamás la alcanzaban.
Un buen día un pequeño cazador, que sólo portaba una honda, la contempló y extasiado admiró sus vuelos, una y otra vez en el azul cielo. La loica al ver a este cazador que parecía tan inofensivo descendió y descendió mostrando sus acrobacias artísticas, pero en un descuido el inofensivo cazador tomó su honda y lanzó la piedra, la loica sintió un estremecimiento en todo su cuerpo, no sabía si era dolor o placer, empezó a caer a caer abrazada a un éxtasis, como envuelta en un torbellino infinito y caía y caía hasta llegar a tierra, con tan mala suerte que fue a dar a un pozo de estiércol, allí sumergida en la porquería sintió que se sumergía más y más, luchaba por salir entre más luchaba parece que más se hundía, abatida sintió su herida, como sangraba.
Sangre y porquería emanaban del frágil cuerpo de la pequeña loica. ¡Agonizo! Se dijo: ¡Estoy muerta! Su dolor la mataba poco a poco, exánime, abatida con su ala destrozada se quedó esperando el milagro, nuevamente se dio un impulso y otro y otro, derrotada habiendo perdido toda esperanza de salir de la porquería, sacó valor de lo más profundo de su ser.
¡Y salió!
Había alcanzado la orilla del pozo asqueroso en que se encontraba y allí se resguardó entre matorrales. Derrotada humillada, había perdido su coraje, su deseo de vivir.
¡Ya no existo! Se decía mirando su cuerpo cubierto de porquería y así se desvaneció entre la maleza.
No sabía cuánto tiempo había pasado, si horas o días o meses o una eternidad, una llovizna del sereno había limpiado en parte la porquería que cubría su cuerpo.
Como pudo, caminó por el césped, vatio sus alas y la suciedad empezó a caer. Poco a poco se fue liberando de la inmundicia que la cubría. Su ala destrozada le impedía volar empezó a moverse y a darse fuerzas. ¡Estaba viva, aún era una loica!
¡Existo! Se dijo:
¡Me levantaré con más fuerzas! Manifestó, al cabo de algunos días ya casi recuperada, corrió fuerte por la planicie, se dio impulso y emprendió el vuelo, con tal fuerza que cualquiera diría, que voló más allá del sol.
El cazador solía mirar el firmamento buscando la loica que él con su honda había derribado, no volvió a verla porque la loica voló y voló muy alto, pero nunca se olvidó del cazador.
EL GATO QUE QUERÍA
SER PRINCIPE
Había una vez, una princesa que como mascota tenía un gato muy regalón. Ella solía llamarlo Faraón y tenía para él, los mejores cuidados, jamás se separaban.
El animal muy consciente de lo que significaba para la Princesa, empezó a desear convertirse en un Príncipe, esta idea lo obsesionaba cada día más, entonces una tarde fue a la montaña y desde una enorme roca empezó a maullar muy fuerte, sus maullidos fueron escuchados por una Hada, la que se preguntó. ¿Qué tendrá ese león que maúlla? El gato había maullado tan fuerte que sus estrepitosos rugidos fueron confundidos por los de un león.
El Hada corrió hasta el animal y muy sorprendida se dijo: ¿qué le habrá pasado a ese pobre león que parece un gato? Esa debe ser la razón de tan Fuertes rugidos, pensó el hada, entonces al instante le lanzó un rayo y lo convirtió en un enorme león.
El pobre gato muy sorprendido volvió al Palacio, y como de costumbre penetró por una ventana sin ser visto, se acomodó en los aposentos de la Princesa, abatido e incómodo sintiéndose muy pesado, pero a la vez importante e imponente, en un instante llegó a creer que con su nueva fisonomía podría agradar más a la princesa, pero de todos modos el seguía con la idea fija de ser un Príncipe, y así poder estar con su ama de igual a igual, sin tener que ser un animal.
La Princesa fue a su alcoba, y al ver en su cama un enorme león dio un grito de espanto y salió corriendo sin control, El gato ignorando que se encontraba en el cuerpo de un animal feroz, corrió también en persecución de la princesa, causando un tremendo alboroto en el palacio, los guardias llegaron al instante protegidos por sus lanzas para dar caza al enorme león, pero este al percatarse de las intenciones de los guardias saltó por una ventana corriendo hasta el bosque.
Caminó muy triste sin saber qué hacer, pensando en la Princesa, se durmió bajo una helada roca, soportando el frío de la noche, extrañando la cama de limpias sábanas y blandos cojines que compartía con su ama en el Palacio.
Cuando despertó al día siguiente, solo, sin las caricias de su ama, y sin tener ese rico desayuno que le proporcionaban las criadas, sintió una profunda pena, caminó y caminó por llanuras, bosques y praderas, hasta llegar a la misma piedra donde había maullado tan fuerte siendo confundido por un león, pero el dolor que lo embargaba era tan grande, que no le permitía maullar como ningún felino, un ñau de pobre gato atormentado se sintió levemente por el bosque. Estos lamentos fueron escuchados por el león y como Rey de la selva fue a ver qué pasaba, sorprendido al encontrarse con un enorme león, se fue contra él, considerándolo su adversario que estaba usurpando sus aposentos, pero el pobre gato al ver al enorme león que se venía sobre él muy furioso, empezó a tiritar al extremo que sus patas se le doblaron.
El Rey de la selva se detuvo y sintiendo una gran vergüenza por la reacción de su semejante, extrañado le preguntó. ¿Pero de dónde has salido tú?
El gato en cuerpo de león maullando de terror le dijo, yo sólo soy un gato, digamos así. ¡El gato regalón de la Princesa! Acto seguido miró hacia el Palacio con tristeza, El león se quedó atónito con el relato del gato, pero, ¿Por qué tienes mi cuerpo? Le preguntó el Rey de la selva.
Entonces el gato manifestó su deseo, ese deseo que tanto lo atormentaba, ser un Príncipe, el león al escuchar la confesión del gato se río muy fuerte.
No te rías de mí, le dijo el gatito, que ya harto he sufrido con este cuerpo que no es mío.
¿Pero sigues deseando ser un Príncipe? Le preguntó el león.
No, respondió el gato. No, solo quiero volver a ser el gato que fui siempre, para estar con mi ama.
Tendrás que saber, manifestó el león, que cada cual tiene lo suyo, y debe conformarse con lo que tiene, yo soy el león “Rey de la Selva” y jamás me cambiaría por otro.
El gatito lloraba y lloraba, tanto lloró, que nuevamente el hada escuchó ahora sus tristes maullidos, Esta al ver un enorme animal llorando como gato se indignó y al instante le envió un rayo convirtiéndolo en gato, El pequeño felino se miró su cuerpo sorprendido. El león se alegró de su transformación y con cariño le dijo, tratándose de un felino como yo, te acompañaré hasta el Palacio, para que otro animal salvaje no te vaya a atacar, le dijo el león.
Y así se encaminaron estos dos felinos hasta los aposentos de la Princesa.
Cuando llegaron hasta el Palacio el gato se despidió del señor león muy agradecido, este lo miró con cariño y regresó a la selva. El pequeño minino corrió hasta su ama, muy feliz de ser un gato, Faraón se escuchó la voz de la Princesa cuando lo vio venir. ¿Qué te había pasado? El pobre gato no pudo contarle nada a su amada Princesa, sólo maullaba y ronroneaba de contento en brazos de su ama. Él era feliz siendo un gato regalón.
Fin
LOS ROEDORES CLAMAN JUSTICIA
Un día decidieron reunirse algunos roedores en el centro del bosque, los conejos, la libre, la nutria, la ardilla y el coipo. Estaban muy preocupados porque el hombre les quitaba su hermosa piel, comerciándola en hermosos abrigos de pieles, que las mujeres usaban con mucho orgullo
Pero para estos animalitos no era ningún orgullo perder la vida para despojarse de su bello abrigo.
Muy asustados se reunieron en el bosque en una planicie a orillas de un riachuelo, temerosos de ser sorprendidos por los terribles cazadores tomaron las precauciones necesarias.
Una ardilla se ofreció para subir a un árbol y desde allí avistar a algún osado cazador, una marmota le siguió desde atrás, pero como esta es más perezosa cuando iba a la mitad del árbol resbaló y cayó. Intentó subir nuevamente pero se quedó a la mitad, mientras la ardilla se había instalado muy cómoda en la copa del árbol, y mirando a todos lados les decía a sus amigos, nada por aquí, nada por acá.
Un castor decidió cuidar desde el río, haciendo su propio fuerte y desde un pequeño dique hizo guardia para detener de alguna forma a algún imprudente cazador, y desde el bosque una liebre paró sus orejas para escuchar la venida de alguien.
Un puerco espín se sacó algunas espinas y las colocó alrededor de donde estaban reunidos, así si alguien venía se clavaría al pisarlas.
Dieron comienzo a la reunión, pero todos hablaban al mismo tiempo, no sabían que acuerdos tomar, estaban en pleno debate cuando desde el centro surgió de la tierra un intruso ratón que no había sido invitado.
Los asambleístas se quedaron sorprendidos, este roedor recién llegado con mucho sarcasmo les dijo: ¿Por qué no recurren a “La Sociedad protectora de animales“?
Todos se quedaron sorprendidos, una liebre preguntó. ¿Qué es la sociedad protectora de animales?
El ratón que tenía un pedazo de queso en el hocico.
¡Eso! Respondió. Es una institución que protege a todos los animales como Uds. ¡Menos a mí! Y su voz se quebró al decir esto último. Los que lo escuchaban lo miraron con afecto ya que su aparición no había sido muy grata.
Después de un leve silencio, el conejo preguntó. ¿Y dónde es eso? ¿Con quién hay que hablar?
¡Con los hombres! Contestó el ratón. Nuevamente un silencio.
Una ardilla que mordía una nuez exclamó. -Pero son los hombres los que nos cazan.
El ratón que tenía medio cuerpo en la cueva y con aire de sabio siguió diciendo, calmado y muy seguro de sí mismo.
-No, no todos. No todos. Repitió.
¡No todos! Respondieron los roedores a coro, mirándose unos a otros extrañados.
¿Y cómo es eso? Preguntó la marmota.
El ratón que seguía comiéndose su queso pausadamente exclamó, ¡La extinción! Y miró a todos en un gesto altivo dando vueltas la cabeza alrededor de la circunferencia que habían formado en su reunión.
¿Qué es la extinción gritaron todos?
El guarén se sonrió, y dijo. ¡El exterminio!...
Los indefensos roedores abrieron sus ojos aterrados, luego el ratón les explicó, y todos escuchaban atentamente.
Los humanos no desean que los animales desaparezcan, me explico recalcó, que dejen de existir por eso han formado “La Sociedad protectora de animales” Para protegernos de todo maltrato, y los cazadores son castigados por la autoridad si son sorprendidos maltratando animalitos como ustedes. Yo me excluyo.
Todos quedaron muy contentos con la noticia del ratón.
Pero. ¿Quién iría hasta el hombre que protegía a los animales?
¡Yo! Se escuchó un chillido y desde un grupo de conejos grises, salió un conejo completamente blanco.
-Yo soy amigo del hombre, manifestó. Y le entrego mi piel sin que me haga daño, terminó diciendo.
Al decir esto el conejo. La ardilla que estaba en el árbol empezó a chillar desesperada.
Tres cazadores, con tres perros vienen,
Veinte cartuchos a cuesta,
Escopeta y morral cada uno tiene.
Al instante todos corrieron a sus respectivos escondites temerosos de ser sorprendidos por los crueles cazadores.
No había pasado mucho tiempo y en el mismo bosque aparecieron letreros por todas partes, que decían así. “Se prohíbe cazar” El conejo blanco no se vio más por allí, pero los roedores pudieron jugar y correr felices sin temor de ser cazados, agradecidos del ratón y del conejo blanco.
UN ELEFANTE HERIDO
En una pequeña aldea, del continente Africano a orillas de un río, había un hombre que muy feliz vivía con su familia. El hombre iba a la ciudad todos los días a entregar los alimentos que producía en la tierra que trabajaba, una tarde cuando había terminado todos sus quehaceres, contento compartió la cena con su mujer y sus tres hijos, de pronto sintieron un ruido ensordecedor, se había levantado una tormenta de viento y arena, tan fuerte que destruyó el puente por donde pasaba el buen hombre todos los días a entregar sus productos, y como si fuera poco, una manada de elefantes enloquecida también arrasó con todo lo que pudo, es común que los machos elefantes en cierta época ofrecen un espectáculo espantoso destruyendo todo a su paso arrancando árboles y rugiendo furiosos.
La familia de este pobre hombre se abrazaron para sentirse más protegidos, temerosos que la enfurecida, manada de elefantes derribara su frágil casa de madera. Felizmente la manada pasó muy cerca sin hacerles daño, sólo parte del sembrado sufrió las consecuencias,
Al día siguiente cuando ya todo estaba en calma el hombre salió a mirar los daños que había dejado la tormenta y la manada de elefantes, estupefacto observó que la corriente del río había arrastrado el puente, pensando en la imposibilidad de poder entregar sus productos regresó a su hogar muy triste, considerando que el aislamiento total le causaría su fin.
Sumido en una gran desesperación junto a su familia, fueron sobresaltados por el berrido de un elefante, el pánico los embargó pensando en la manada del día anterior, que sólo se habían salvado por un milagro, nuevamente sintió el berreo, pudiendo constatar que no se trataba de una manada sino de un solo elefante, salió en busca del animal para ver qué pasaba, llego hasta un barranco y allí a orillas de un árbol arrancado de raíz había un enorme elefante tendido sin poder levantarse.
Temeroso de ser atacado por el paquidermo, el hombre se acercó sigilosamente, poco a poco se ganó la confianza del animal hasta tocarlo sin que este protestara, lo examinó comprobando que tenía una pata lastimada, compadeciéndose del malherido animal, lo curó y lo alimentó con yerbas.
Había pasado una semana curando y alimentando al elefante, pero esto no lo distraía de su gran angustia, porque durante todo este tiempo no había podido entregar sus productos.
Una mañana como de costumbre fue a curar y alimentar al paquidermo, sorprendido el hombre vio que el animal estaba sano, y que majestuoso se levantó tomando al hombre con su enorme trompa para ponerlo sobre su lomo, el pobre hombre en un principio se asustó mucho, pero de pronto sintió una gran alegría porque había encontrado un amigo en el animal. Y a la vez un gran aliado en su trabajo.
El paquidermo que gustaba mucho del agua atravesaba el río todos los días y así el hombre y su familia progresó en su trabajo, con la ayuda del elefante que no solo les servía de transporte sino también en otros diversos quehaceres como acarreo de árboles de agua, sembrar, y esta familia fue muy feliz con su nuevo amigo a su vez el elefante se domesticó y vivió para siempre muy feliz con ellos.
Fin
LOS CANINOS Y UN LORO GRITÓN
Unos científicos interesados por la ornitología viajaron a la selva en un helicóptero a buscar las más bellas aves, el vuelo fue sin novedad.
Se instalaron entre matorrales y maleza, empezaron su colección que fue todo un éxito, lograron capturar las aves más hermosas y más extrañas.
Emprendieron el regreso con tan mala suerte que sin saber por qué el helicóptero sufrió una pana mecánica, debiendo hacer un aterrizaje forzado, trataron de comunicarse por radio pero esta tampoco les funcionaba. Los tres científicos profesores de la Universidad del Departamento de ornitología quedaron allí en medio de la Selva perdidos sin saber si serían rescatados o no, pero como la Selva tiene tanta vida, un choroy contento de no haber sido apresado por la expedición empezó a gritar.
Humanos con aves,
Perdidos en la selva.
Así gritaba de rama en rama sin dejar de repetir, siempre lo mismo.
La zorra que no estaba lejos de allí escuchó el grito del pájaro y se encaminó en busca de los científicos y sus aves, pensando en el banquete de polluelos que se daría.
El grito del loro, también fue escuchado por el lobo, que pasándose la lengua por el hocico, pensó, excelente cena voy a tener, veré si los encuentro, y saliendo de su guarida se encaminó por la selva en busca de los perdidos científicos y sus aves.
El loro no cesaba de gritar,
Humanos con aves, perdidos en la selva.
La hiena escuchó esto, y pensó, difícil que resistan el hambre y el frío, entonces una vez muertos, yo estaré cerca para saborear ese gran banquete, y así fue como la hiena se encaminó en busca de los tres científicos perdidos con sus aves en la selva.
El chacal también escuchó, el grito del loro, humanos con aves, perdidos en la selva.
Entonces el chacal pensó, morirán de hambre y frío quedarán ahí se pudrirán y yo estaré muy cerca para deleitarme de ese exquisito banquete con su carne podrida, se río diabólicamente y salió en busca de los tres hombres perdidos.
Los científicos aterrados ordenaron sus jaulas que contenían diversos ejemplares ornitólogos de los más hermosos, luego hicieron una, fogata y allí se quedaron esperando que pasara la noche.
Muy pronto la oscuridad se hizo presente, entonces se escucharon unos aullidos aterradores que no los dejaron dormir, y como si fuera apoco unos ladridos que en ningún caso eran de perros, el pánico los embargó quedándose toda la noche al acecho.
De pronto una sombra que salió de los matorrales los distrajo ¡Es un lobo! Exclamó uno de ellos, ¡Una hiena! Dijo otro. ¡Un zorro y un chacal! Exclamó el tercero, temerosos de ser devorados por estos canes salvajes, permanecieron en vigilia.
Pero cuando en la ciudad perdieron todo contacto con la expedición, se prepararon con tres perros policiales, y en otro helicóptero salieron en busca de los tres científicos y su cacería.
Una vez que llegaron a la selva, los canes policiales, empezaron la búsqueda, olfateando de un lado a otro, corriendo sigilosamente, abriéndose paso por la espesa maleza, avanzando entre enormes árboles y gran cantidad de animales que a su paso salían despavoridos.
Los inteligentes perros corrían y corrían, de pronto a lo lejos se vio humo, ¡humo! Exclamó uno de la patrulla, y todos miraron en dirección al humo. Emprendiendo la marcha en esa posición.
El zorro, el lobo, la hiena y el chacal seguían haciendo guardia alrededor del campamento de los científicos, que valientemente se habían defendido, con palos y gritos de los voraces canes salvajes, sin descuidar el fuego que los protegía del frío de la noche y también de los hambrientos caninos.
De pronto se escucharon unos aterradores ladridos, los tres hombres sintieron aún más pánico se miraron con nostalgia pensando que una gran jauría de canes salvajes vendría a devorarlos, pero de improviso las bestias que estaban al acecho salieron despavoridas, y aparecieron en un torbellino de ladridos los perros policiales que se lanzaron sobre el zorro que astutamente te hizo el muerto, pero cuando los perros lo dejaron, este salió arrancando desesperado sin deseos de volver, el lobo se enfrentó a sus adversarios quedando muy mal herido, dándose a la fuga, La hiena que es muy cobarde, antes que los perros llegaran ya había salido arrancando, lo mismo hizo el chacal.
Los tres científicos fueron salvados por los valerosos perros. El gran amigo del hombre, que casi son devorados por salvajes caninos como es el zorro, el lobo la hiena y el chacal.
Regresaron muy felices con su valiosa colección de aves, los perros movían su cola de alegría por el afortunado encuentro, y en la selva el loro seguía gritando.
Humanos con aves perdidos en la selva
Fueron encontrados por tres perros y tres hombres.
El helicóptero fue arreglado por los visitantes y así todos emprendieron el regreso, y los dos helicópteros se perdieron en los cielos de la selva. El zorro, el lobo, la hiena y el chacal se quedaron muy tristes por haber perdido su cena
LA MÁSCARA DE LOBO
Estaba frente a dos caminos, uno era angosto y muy largo, el otro ancho y corto, yo tomé el más corto, y de pronto, mientras avanzaba, a mi encuentro salía un niño con una máscara de lobo, pero en ese instante yo era una marioneta, y el niño con cara de lobo tomó mis hilos, y empezó a correr arrastrándome por la tierra del camino. Entonces yo gritaba y gritaba y el malvado seguía corriendo hasta llegar a un puente. Allí justo al centro de ése se detuvo, me colocó en el entablado del puente, levantó mis hilos y empezó a hacerme bailar, tirando un hilo, y el otro y otro, y yo obligada a mover mis pies, una mano, la cabeza, el otro pie, la otra mano.
Mi respiración era cansada, pero el niño con su máscara de lobo reflejando una sonrisa burlesca seguía jugando y divirtiéndose con mi danza forzada, ya no me podía ni mis brazos ni mis piernas y mi cabeza también se tumbaba, pero los hilos me tiraban provocándome nuevos movimientos.
Ya no podía respirar ni sentía mi cuerpo, más el travieso niño dejó de presionar los hilos dejándome exánime en el entablado. Pero nuevamente tiró mis hilos ahora para sumergirme en el estero que pasaba bajo el puente, yo en el agua conteniendo la respiración, me sacó para sumergirme de nuevo con más fuerza. Desesperada convertida en una marioneta de trapo, zambulléndome una y otra vez en el riachuelo conteniendo la respiración y el malvado niño con cara de lobo jactándose de su osadía, impávido frente a mi desesperación. Luego me acerqué a él en un momento de valentía no sé de donde saqué coraje, al acercarme sentí su cuerpo peludo en mi cara. Abrí los ojos dando un grito sintiendo aún ese cuerpo peludo junto a mí, Jonás. Jonás ¡Era Jonás! mi perro. Que ya estaba impaciente por haberme quedado dormida tanto tiempo. ¡Solo fue un sueño!
EL DOMADOR
A orillas de un ancho río llamado Bío-Bío (Butalebu) Gran Río) de un País Chile en América del Sur al fin del mundo se erguía el cerro caracol, en la parte más alta había un enorme palacio, desde donde se podía contemplar toda una planicie rodeada de cerros como en forma de un enorme circulo que fuera de pasar ese hermoso río también existían siete pequeños lagos.
Un día el cacique que habitaba en el Palacio junto a su tribu, preocupado por su hija la Princesa Mahuida, que cada vez la encontraba más pálida, sin saber lo que le estaba pasando, fue a la cuadra y eligiendo el mejor de todos los caballos, Un caballo de origen árabe pura sangre, traído por los Españoles, en tiempos de la Conquista, se lo obsequió a la Princesa su hija y le ordenó al domador le enseñara a montar, que últimamente parecía estar enferma.
El buen hombre que dominaba por instinto estos animales, ya que desde niño los había montado, junto a algunos infantes criollos. Empezó a practicar equitación con la hija del cacique, acercándose a ella, pasándole las riendas, ayudándola a montar, acomodándole los estribos y fuera de eso mirándola siempre a sus ojos, unos ojos negros muy hermosos pero muy tristes.
Ya habían pasado varios días, practicando. Entonces la princesa dijo. En forma autoritaria viéndose aún más hermosa, Ahora puedo montar sola y cabalgar por los caminos de este bosque y el parque. Se acomodó en la montura inglesa, tiró de las riendas y en posición de partida, apretó las espuelas contra el animal, soltó las riendas se dio impulso y el animal partió. El domador Nolberto la vio como emprendió la carrera por el parque, preocupado el hombre trató de alcanzarla, pero no le fue posible, el animal corría demasiado fuerte. La imprudente princesa corrió y corrió, de pronto un grito, y la caída, el caballo se perdió en la neblina de la tarde entre los bosques del cerro caracol.
Nolberto tomó a su alumna en los brazos que sin saber por qué había sufrido un desmayo, al cambiar de asiento, ¿Qué te ha pasado? Le preguntó, una vez que estuvo frente al volante, ella respondió, he tenido una alucinación o un sueño, fue tan real, tan nítido, que parece es ahora que estoy soñando.
Nolberto el instructor se sonrío, exclamando, ¡mi amor! Hoy es tu examen, sigue manejando, Mahuida presionó el embriague, encendió el motor, colocó en primera, desactivo el freno de mano, aceleró, soltó el embriague y partió, cambia a segunda, manifestó el instructor al mismo tiempo que apoyaba su mano en la de Mahuida, sobre la palanca de cambio, sigue mi amor vas bien. Luego le ordenó dobla a la derecha y acelera, la máquina avanzaba y su motor rugía como un león en busca de su presa. Detente en subida le ordenó nuevamente, ahora hazlo vibrar, acelera. Ella aceleró fuerte y el vehículo avanzó en subida, siguió acelerando y siguió subiendo hasta perderse entre los matorrales, en medio de la neblina.
Nolberto llegó al Palacio con la Princesa Mahuida en sus brazos, desde donde pudo contemplar el ancho río como se deslizaba torrentoso en busca del mar, “Río que vas corriendo entre cerros y quebradas” se dijo en silencio con la princesa aún en sus brazos. Después de contemplar el hermoso paisaje desde la cumbre. Entró al Palacio y con la ayuda del padre acomodaron a la Princesa en su cama llena de encajes, pálida e inerte con sus ojos cerrados y una sonrisa en sus labios, ella se durmió sin saber si estaba soñando y ¿cuál sería su despertar?
¿Montada en un corcel, o en un Mercedes Benz?
LA NORIA DE AGUA CRISTALINA
La princesa miró con nostalgia, el jardín que rodeaba la noria de agua cristalina que ella misma había sellado hacían ya muchos años, la noria estaba construida en oro y en la parte superior tenía incrustadas piedras preciosas, ¿Por qué la noria fue sellada? Una vez llegó hasta ese lejano lugar un Rey cansado y con mucha sed, entonces la princesa le dio de beber de esa agua Cristalina, cuando este hombre bebió del agua tan especial viajó por otros reinos, pasó mucho tiempo que este Rey iba y venía siempre a beber y derramar el agua hasta que la noria se secó.
La Princesa cansada de la actitud de este Rey decidió sellarla y juró que si algún día volvía la vertiente de agua cristalina nadie más volvería a beber y derrochar el agua de la noria.
Pasaron algunos años, la princesa era feliz en su palacio, con sus sirvientes, disfrutando de los jardines, sus laderas que lo rodeaban y enormes bosques con hermosas caídas de agua que hacían un ruido como un cántico difícil de describir, sin olvidar diferentes melodías de algunas aves que allí habitaban.
Pero una tarde, nuevamente llega un Príncipe sediento cansado y examine, cae en el jardín de la Princesa Anaconda, esta al verlo extenuado tendido en el suelo lo tomó entre sus brazos, y al instante ordenó abrir la noria que la vertiente lo había llenado hasta desbordarse de agua. Con sus propias manos cogió un puñado de esta y se la llevó al moribundo, dándole a probar gota a gota, el líquido con sabor a néctar, a miel, y olor a mirra, hizo renacer al extenuado Príncipe. La princesa acarició el rostro del recién llegado, lo acurrucó en sus brazos, lo miró con ternura y sintió un gran afecto por Él.
El misterioso visitante al beber el agua especial renació sintiéndose con mucha energía, le pareció que su vida había cambiado, todo lo vio distinto y su corazón se llenó de gozo. Una vez recuperado se fue.
Cuando la Princesa lo llamó para invitarlo al palacio a cenar ya no estaba, ella corría llamándolo buscándolo no sabía mucho del sólo que venía de muy lejos, consternada la Princesa entró en una pena muy grande le había ofrecido el agua de esa noria sagrada para ella, y se había ido sin despedirse, no tenía ella derecho a un adiós o simplemente haberle dado las gracias, nuevamente cerró la noria y juró que nunca más nadie entraría a sus jardines y menos beber el agua de vertiente cristalina con sabor a miel a menta y a canela con un aroma a mirra. La Princesa se encerró en sus aposentos lloró muchas veces, soñando con el vivo recuerdo de aquel Príncipe que había dado de beber con sus propias manos el agua sagrada volviéndolo a la vida cuando yacía casi muerto.
Una mañana los sirvientes, corrían de un lado a otro, ¿Qué pasa? Preguntó ella al sentir tanto alboroto.
Viene una caravana mi señora- manifestó uno de los empleados. La Princesa fue hasta el balcón para observar que se trataba pero antes había dado la orden de no abrir los portones a nadie. Pero cuando la caravana se detuvo frente a una de las entradas del palacio que daban al jardín encontrándose con los portones cerrados, bajó de una carroza un Príncipe, Ella lo reconoció al instante y corriendo bajó del balcón como una gacela, abrió todas las entradas desde un control mecánico. Avanzando hasta la caravana fue al encuentro del Príncipe abrazándose en un cálido saludo feliz acarició su rostro, no cabía en su pecho tanta alegría, sonreía lo besaba, acariciaba su rostro su pelo, Luego Él le dijo: Tengo un Reino y quiero llevarte conmigo, entonces la Princesa fue inmensamente feliz, luego exclamó ¿Y la noria con piedras preciosas y su agua con olor a mirra y sabor a miel, a hierba buena y canela? Beberemos de ella, respondió el Príncipe ahora convertido en Rey, luego mirando a la princesa manifestó.
En mi reino beberás tú el agua de mi propia fuente y te miraras junto a mi cada mañana para contemplar en sus aguas cristalinas tu belleza, es una fuente de agua que nunca se seca porque jamás la he compartido, tú serás la primera juntos beberemos hasta apagar nuestra sed, por la larga caminata que nos espera, La Princesa fue una esposa muy feliz en su nuevo palacio junto a su Rey.
LOS TRES HIJOS DEL REY
Había una vez un Rey que tenía tres hijos, como su reino era tan grande decidió dividirlo en tres partes iguales para entregarles a cada uno de sus herederos en vida, considerando que los tres reinos contaban con un palacio y un huerto en el que al centro crecía un naranjo que para el Rey eran muy especiales, además de los pequeños lagos, animales y hermosas aves como también hermosos jardines, Al poco tiempo este Rey y su esposa fallecieron y cada uno de sus hijos debió seguir con su propio Reino.
En uno de los encuentros efectuado por los tres hermanos se preguntaron de donde habría podido sacar tanta riqueza su padre el Rey para dejarle a cada uno un Reino como el que tenían, era la incógnita y la pregunta que se hacían constantemente, un día en uno de tantos encuentros visitando el huerto del hermano mayor, José como era su nombre y que su Reino estaba hacia la cordillera, vieron que el naranjo que yacía al centro del huerto estaba cargado de hermosas naranjas, grandes y tan amarillas como el sol, entonces tomaron el fruto y empezaron a saborearlo, su sabor era exquisito, pero grande fue la sorpresa cuando al centro del fruto las pepas eran nada menos que de oro, no podían creerlo ese era el secreto de su padre, corrieron de alegría, José se empezó a organizar, y los otros dos hermanos también corrieron a sus huertos, encontrando allí el naranjo cargado de hermosas naranjas, descubriendo que también tenían las pepas de oro.
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Pasó el tiempo y cada uno de los tres hermanos se casó y fueron padres de un hijo hombre.
José el hermano mayor trabajo intensamente, después de cada cosecha contrataba gente y construyó canales de regadío para así tener grandes hortalizas, huertos, y quintas de diferentes árboles, como también animales y aves, Cuando su hijo se fue a estudiar al extranjero igual venía a ayudar a su padre en el tiempo de la cosecha, en una oportunidad el Rey lo autorizó para que tomara todo el oro que quisiera pero este se negó respondiendo que esa riqueza estaba allí, y allí debía quedar.
Iván que tenía su propiedad en un valle muy productivo entre el de José su hermano mayor y de Joaquín su hermano menor, también ya casado con una hermosa mujer y un solo hijo llamado Iván segundo, había prosperado notablemente, su hijo también estudiando en el extranjero y dedicado a algunos negocios como le había manifestado a su padre, le pidió la cosecha de ese año, lo que le fue concedido el próximo año Iván Segundo volvió, en muy malas condiciones, su padre lamentó la situación de su hijo y nuevamente le entregó todo el oro de la cosecha sin poder hacer adelantos en su propiedad.
Joaquín el hermano menor que había recibido las tierras junto al mar con algunas balsas y un pequeño embarcadero, sólo se dedicó a cuidar el oro y para eso construyó una bodega con subterráneo muy segura y cada cosecha la almacenaba en esta bodega que era como una caja de fondo en fierro muy segura y mientras tanto se privaba de muchas cosas viviendo en precarias condiciones.
Ya habían pasado varios años, José Segundo el hijo del hermano mayor sería festejado con una gran fiesta por haber recibido su título de Ingeniero Agrónomo, Al banquete asistieron muchos invitados pero lo extraño fue que el joven egresado captó que sus padres no estaban felices, entonces les preguntó ¿Qué hice mal? ¿Qué no los veo felices? Si para mi este es un gran día el haber terminado mis estudios y tener un título.
Sus padres se miraron y le respondieron hemos pasado varios años sin ti por tus estudios, teniéndote sólo en vacaciones y en las cosechas, ahora ya te irás por tiempos más largos, y no te veremos tan seguido.
José Segundo se sonrió y abrazándose a sus padres les dijo, como me voy a ir si es aquí donde está la riqueza, empezando por Uds. Mis amados padres, que son lo más grande que tengo y por todo este Reino que has construido, no te olvides que soy Ingeniero agrónomo, por lo tanto desde mañana mismo yo empiezo a trabajar todo el campo para así prolongar tu obra y no destruirla, sus padres emocionados se alegraron tanto de la respuesta de su hijo abrazándolo con mucho amor disfrutando la fiesta de graduación con todos los invitados tanto amigos como familiares.
Iván siguió siempre igual cada año venía su hijo Iván Segundo se llevaba todo el oro, pero un buen día su padre cansado de la situación le preguntó que hacía con el oro que había estado llevando por tanto tiempo, Entonces el joven le contestó, No sé padre, pero cada año tengo la esperanza que voy a poder hacer grandes cosas y al fin no hago nada, y nunca quería decirte para no preocuparte siempre me pasa algo , una vez se rompieron las bolsas donde iban las pepitas de oro y quedaron todas derramadas en el camino cuando nos dimos cuenta ya se había perdido todo llegamos con casi nada. Otra vez fuimos asaltados por unos bandidos en pleno bosque por donde teníamos que pasar sólo salvamos nuestras vidas. En otra íbamos a todo dar casi ya saliendo de la parte más alta del sendero cuando a la carreta donde iba el cargamento se le salió una rueda, podrás imaginar todo lo que pasó cayo con los caballos por el acantilado al mar, sólo pudimos ver el fuerte oleaje, también considero que salvamos nuestras vidas porque el cochero alcanzó a saltar quedando con algunos rasguños y nosotros seguimos en nuestros caballos. No te dije nada sólo que siempre estuve esperando la nueva cosecha, y siempre lo mismo, en otra oportunidad todo estaba bien, pero ya cansados decidimos comer algo y dejamos la carreta protegida bien resguardada, después de comer dormimos un rato porque estábamos muy cansado, al partir junto a la carreta habían varias avestruces, al percatarnos que estas se habían tragado las pepitas de oro tratamos de apresarlas pero fue imposible arrancaron y corrieron muy fuerte no las pudimos alcanzar, así se fueron con los buches llenos de oro, eso sólo fue en la cosecha anterior.
Después de contarle todas estas aventuras a su padre, Iván Segundo le pidió perdón por haber tratado de llevarse una riqueza y haberlo dejado prácticamente pobre. Su padre lo abrazó con mucho cariño diciéndole “hijo la verdadera riqueza está aquí, con nosotros en nuestro Reino.
Joaquín el hermano menor que también tenía un solo hijo Joaquín Segundo que por temor a mal gastar todo el oro lo guardó pensando en un futuro para su único heredero, pero no pensó que su propiedad se encontraba a orillas del mar, tampoco pensó que podría haber un terremoto o un tsunami, efectivamente un tsunami arrastró con la bodega que tan segura estaba para él pero no para la naturaleza no fue más que un juguete de niño en medio de enormes olas.
El hermano mayor fue el ejemplo y el más sensato, su hijo siempre supo que la verdadera riqueza estaba allí junto a sus padres en los hermosos huertos.
EL REY Y EL TORDO
Había un Rey que tenía un palacio muy hermoso y su reino era prospero, todos se preguntaban de donde podía sacar tanta riqueza, nadie sabía que en el huerto tenía una planta de choclo que cada año le daba un fruto, uno solo, con pepitas de oro vale decir en vez de maíz este era de oro. Un día se corrió la voz que en medio de todo el huerto de choclos una planta era especial, entonces por las noches unos hombres muy codiciosos, empezaron a visitar el huerto para descubrir la planta que era especial, examinando una por una, ya muy de mañana uno de los hombres empezó a gritar, ¡la encontré! ¡La encontré! Fueron todos corriendo a verla y su sorpresa fue tan grande al ver que tenía un solo choclo y las pepas de maíz eran de oro, este es el secreto se dijeron, saqueémosla dijo uno, pero justo en ese momento sintieron el ladrido de perros muy cerca, marcarla dijo otro, pero no tenían como, el tercer hombre le pasó un pañuelo al que estaba más cerca de la planta, para así señalizarla y a la anoche siguiente ir por ella, cada vez los perros se sentían más cerca, salieron arrancando precipitadamente incluso el cuarto hombre se tumbó al suelo al tropezar con una piedra, pero igual se levantó y siguió corriendo, hasta alcanzar a los otros tres ladrones.
El Rey camino por todo el huerto de maíz viendo lo hermosa que estaban las plantas, aún llenas de rocío de la mañana recibiendo los primeros rayos del sol, regresó al palacio con sus fieles perros, al medio día salió nuevamente, disfrutaba contemplando como crecían y florecían sus plantas, pero el maizal ya estaba a punto de ser cosechado con lo cual sus sirvientes le prepararían un rico pastel de choclo, humitas, como también harían la chuchoca envasándola para ser guardada consumiéndola durante el año, sacarían la maicena, para hacer los ricos postres de diferentes formas y parte del maíz lo guardarían en grano en uno de los silos, para hacer la siembra del próximo año y también usarlo como alimento para las aves e incluso para los puercos.
Tomó la escopeta montó en su caballo que uno de sus sirvientes le tenía ensillado en las caballerizas, sus perros lo siguieron como solían hacerlo siempre, al llegar el huerto se percató que un tordo estaba en una de sus plantas al medio del huerto, se indignó porque seguramente que justamente era su planta especial que tanto cuidaba, hizo un disparo al aire y el tordo negro como el solo voló, muy asustado, luego lo encañonó lo tenía en la mira listo para dispararle, pero al verlo volar, tan libre, surcando el cielo, lo encontró tan maravilloso, que no le disparó.
Regresó al palacio, preparando la cosecha para el día siguiente, feliz porque su esposa la Reina con la ayuda de sus sirvientes le prepararían las ricas humitas y el pastel de choclo y en el invierno saborearía las ricas papas con chuchoca o la cazuela de pava con chuchoca y esos ricos postres de maicena que sólo la Reina le sabia preparar.
Esa noche los malvados ladrones fueron a la segura a buscar la planta que habían dejado señalada con el pañuelo, apresuradamente la encontraron, pero nuevamente sintieron los ladridos de perros, con el apuro no pudieron encontrar el choclo especial con pepas de oro, entonces le dieron un tirón a la planta arrancándola de raíz salieron corriendo igual que la noche anterior con la planta a la rastra, los perros ladraban y ladraban, una vez que estos hombres descansaron muy lejos del huerto y ya pasado el susto revisaron la planta, grande fue su sorpresa al encontrar sólo la coronta del choclo, sin ninguna pepita de maíz de oro, porque el tordo se había comido todo el fruto. Que por cierto eran pepitas de oro con forma de maíz.
El Rey efectuó su cosecha que fue muy abundante, pero no encontró la planta especial, que le daba el choclo con las pepitas de oro, se amargó pero al disfrutar los ricos manjares del maíz se calmó, además de ver su bodega llena de sacos del hermoso grano se regocijó de alegría que compartió con sus sirvientes.
Pasó el tiempo sembró de nuevo el huerto y cuando ya estuvo a punto de cosechar al igual que el año anterior, lamentó que por segunda vez no iba a tener el choclo de pepitas de oro, porque la planta había desaparecido, pero desde un maitén (árbol nativo de Chile) salieron dos grandes tordos con cuatro torditos pequeños que volaron alrededor del huerto, el Rey los miró regocijándose como volaban tan hermoso dándole más alegría al ambiente y a su corazón de buen Rey.
Una vez realizada la cosecha el rey muy sorprendido descubrió que habían muchas plantas con un choclo con pepitas de oro, no lo podía creer estaba sorprendido, luego recordó que el año anterior, el tordo había salido del centro del huerto con el buche muy abultado que casi no podía volar lo que habría sido muy fácil para el dispararle por lo lento que estaba, pero no lo hizo entonces el Rey pensó que el tordo no pudo digerir las pepas de oro, pero al ser defecadas se pudieron reproducir, El muchas veces había sembrado las pepitas pero ahí quedaba el oro enterrado, en cambio con el tordo habían tenido un proceso natural. Se alegró, de no haberle disparado al tordo, aunque en ese momento el pájaro le había comido una de su mayor riqueza, pero a la vez el tordo lo salvó del robo de los malhechores cosa que el rey nunca iba a saber, y como un milagro el ave le sembró el huerto con un proceso natural multiplicándole su riqueza.
Así el Reino creció mucho más y por los cielos volaban muchos tordos bandadas de ellos, y el Rey era muy feliz con su familia y sus Súbditos disfrutando cada año sus mejores cosechas con la ayuda de sus sirvientes todo el Reino era bendecido.
EL LEON Y LA PRINCESA
Había una vez un Rey que tenía una hija muy hermosa y de muy buen corazón, la que cuando cumpliera los veinte años su padre le haría una fiesta para que algún príncipe le pidiera la mano y contrajera matrimonio. Pero adelantándose a los proyectos del Rey un príncipe de otro Reino que solía conocer a la Princesa y muy prendado de ella por su gran belleza decidió ir a pedir su mano aunque aún no había cumplido los veinte años, el padre de la hermosa joven conociendo a su vecino y sabiendo que no era un hombre de buen corazón no concedió la mano de su hija al osado Príncipe. Quien muy ofendido por la negativa del Rey de no concederle la mano de la joven princesa decidió raptarla, pero la princesa tenía una estrella de diamante que lucía en su pecho, y le había sido entregada al nacer por su abuela materna, que a la vez había recibido de un hada para ser protegida de todo mal.
El vil pretendiente, dispuesto a llevar a cabo sus bajas intenciones de raptar a la princesa, estaba al asecho observando cada paso, de la joven. Un día la bella niña salió de paseo por el bosque esta fue la mejor ocasión para realizar sus bajos instintos mientras ella se internaba en el bosque el malvado príncipe la seguía a corta distancia sin que ella se diera cuenta, pero cuando la princesa se percató de los hechos corrió lo que más pudo, lo mismo hizo su pretendiente. La Princesa entró en pánico su corazón empezó a latir muy fuerte la estrella que lleva en su pecho como prendedor de diamantes captó los fuertes latido y a la vez un hada que había regalado este prendedor a la abuela de la niña captó el peligro por el que estaba pasando la Princesita apareciéndose al instante en el lugar de la escena, al ver que el malvado se encontraba casi o tocando a la princesa lista para apresarla lo transformó en un animal un león con una gran melena acto seguido hizo aparecer un enorme árbol frente al felino al sentir su cambio se quedó allí muy confuso frente al árbol, una vez recuperado de la impresión tanto .
Por el árbol como el cambio de su cuerpo esto lo la princesa tuvo tiempo para subirse al árbol desde lo alto pudo observar al tremendo león con una suntuosa hizo entrar en un estado de ira incontrolable en eso melena, después de un rato la princesa ya superado el miedo y el hada se había ido decidió hablarle, buscar la forma de distraerlo para así poder bajar del árbol y correr a su palacio. Entonces se dio valor y le habló. Diciéndole –Señor león -¿Quiere que le cuente un cuento? – El león también ya más resignado miró a la princesa en lo alto del árbol, respondiendo ¿Y que cuento me vas a contar? –El cuento de la rata y el gato. – “La rata y el gato” manifestó el león un tanto interesado repitiendo el título, me parece interesante exclamó, bueno te escucho terminó diciendo.
Y así fue como la Princesa desde lo alto del árbol empezó a narrar un cuento.
La rata y el gato.
Había una ratita muy pequeña, que salió de su escondite para adquirir alimento, pero no contó con un gato que le salió al paso, pero ella con un pedazo de queso, desde un rincón sin poder arrancar para ningún lado, con mucho susto, empezó a suplicar al gato, que siendo tan pequeña como se la iba a comer, si él era el gato regalón de la casa y tenía tanta comida, más todo el cariño de sus amos en cambio yo dijo la ratita, que vivo escondida en cuevas y no tengo alimentos para eso debo robar y robar es pecado lo sé, en cambio tú no tienes que robar, ni mendigar como yo para subsistir, lo único que tengo es mi vida y tú me la quieres quitar, la ratita lloraba y lloraba, suplicando al gato repitiendo lo mismo una y otra vez. Tanto fue así que el gato se convenció de las plegarias de la ratita dejándola libre regresando ella feliz a su escondite.
No, no manifestó el león, no me gustó tu cuento, como puede ser que el gato no se comió a la rata, ¡qué vergüenza! ¿Qué gato era ese? El león muy ofuscado molesto por el cuento le dijo a la princesa no te irás hasta que me cuentes un cuento bueno.
La Princesa no sabía que cuento sería bueno para el felino. Suspiró profundo otro cuento se dijo, sujetándose del árbol para no caer, luego empezó diciendo.
La coneja y la zorra.
Había en el bosque una coneja que salió de noche en busca de alimento la luna era hermosa dando una claridad que parecía de día, la coneja se veía desde lejos, fácil para cualquier depravador, El zorro que justamente andaba por ahí muy cerca vio a la coneja que muy feliz se alimentaba con hierbas del campo, el canino avanzó sigiloso para cazar al pequeño roedor, pero este sabiendo lo peligroso que era para el salir de sus cuevas, sintió un ruido percatándose de la venida del zorro que detrás de unos arbustos lo observaba para lanzarse sobre él.
La coneja dándose cuenta del peligro que se encontraba dio un solo salto, y corrió muy fuerte zigzagueando como lo saben hacer los conejos, con tan mala suerte que justo quedó enredada en una zarza, en eso llegó la zorra, - Sra. zorra como me vas a comer si tengo mis hijos que me están esperando la coneja lloraba y lloraba suplicándole a la zorra.
La zorra también pensó en sus cachorros dio la media vuelta y se fue en busca de algún gallinero, la coneja como pudo salió de la zarza y se fue a la cueva donde tenía la camada de cachorros.
El león se río a carcajadas, que cuento tan ridículo exclamó si la zorra tenía que comerse al conejo o a la coneja o lo que sea, exclamó irritado con estos cuentos Ud. Nunca va a poder bajar de ese árbol porque hasta que no me cuente un buen cuento yo no me muevo de aquí dijo el león muy molesto.
La Princesa tímida y muy angustiada se quedó pensando, luego manifestó.
El búho y el guarén.
Una vez había un búho en un tronco de un álamo subió a las ramas y desde allí vio a un tremendo guarén que se comía unas castañas en el huerto vecino que habían caído desde un enorme castaño que tenía como doscientos años y estaba al medio del patio.
El búho abrió sus alas y voló en dirección al guarén, un ratón muy grande, pero este lejos de su escondite no alcanzó a huir, del ave de rapiña quedando frente a frente del pájaro, el ratón con voz ronca le dijo como me va a comer señor búho yo solo estaba saboreando unas castañas que este bello árbol tan generosamente me las da solo tengo que recogerlas con mi hocico y Ud. tendría que matarme, señor búho apiádese de mí Que para alimentarme tengo que comer de todo a veces hasta palos secos, o papeles. Todas las mugres, que encuentro a mi paso tengo que vivir en cuevas subterráneas muchas veces húmedas y bien escondido, nadie me quiere los gatos también me cazan, en cambio Ud. Vive en los troncos y vuela por los aires Se alimenta de carne, solo presas como yo, pero por favor no me coma, el ratón tiritaba de miedo, suplicando pero dándose mucho valor para exponer su defensa por su vida. El búho se paseaba de un lado a otro mirando sus garras de rapiña para agarrar al ratón y comérselo despedazándolo con sus garras y el pico encorvado que poseía, pero tanto fue la súplica del roedor que el búho consternado abrió sus alas y se volvió al álamo desde donde venía y tenía su hogar en el tronco hueco del álamo.
El león dio un tremendo rugido exclamando muy ofuscado, no puede ser, el búho tenía que comerse al guarén, y no se lo comió, no puede ser repetía muy molesto.
La Princesa pacientemente seguía en la copa del árbol pensando como distraer al felino pero no sabía cómo, decidió seguir contándole cuentos.
La caza del zorro.
Un Rey decidió salir de caza buscó a sus perros de caza que tenía, montó en su caballo en compañía de algunos amigos que había invitado y cabalgaron hacia los campos donde podrían encontrar zorros, no habían avanzado mucho cuando los perros salieron corriendo y ladrando desesperados, justo su olfato le indicó que un zorro andaba por ahí cerca hasta que lo arrinconaron, y en su desesperación el zorro se hizo el muerto entonces los perros al creer que estaba muerto dejaron de ladrar pero en un descuido el zorro salto y salió corriendo muy fuerte hasta encontrar una cueva donde se escondió y los perros perdieron el rastro del animal, la jauría de perros regresó junto a los caballos, cansados ya sin ladrar por haber perdido la presa que casi tenían segura. El Rey y sus amigos regresaron al palacio lamentando no haber cazado nada.
Perros necios, exclamó el león, ¡cómo no saber que los zorros cuando están en peligro se hacen los muertos, como se dejaron engañar por el astuto zorro! El león movía la cabeza, no podía aceptar el fracaso de los perros.
La Princesa cansada de contar cuentos y sujetándose de las ramas del árbol para no caer ya no daba más de cansancio allí el león echado, la miró diciéndole no sabes ningún cuento bueno, la princesa pensó y pensó pero nada venía a su mente.
La culebra y el polluelo.
Había una gallina clueca con su parvada polluelos pero un polluelo se alejó y una culebra qu3 andaba al acecho se paró hasta la mitad de su largo cuerpo sacando los hilillos de lengua mirando de fijo al pollito la gallina al percatarse que le faltaba uno de sus hijos salió en busca y vio el rastro de la culebra, enfurecida corrió con las alas abiertas y las plumas encrespadas dando muchos ruidos cuando la culebra la vio que venía directo hacia ella dispuesta a picotearla bajó la cabeza y salió arrastrándose por entremedio de la maleza el pollito aterrado no podía salir del espanto hasta que la gallina le decía co co co y sus hermanitos piaban desesperados por el susto que habían visto en su hermanito .
El león la miró diciéndole, me tienes cansado con tus cuentos, haber déjame pensar, el primer cuento era del gato y la rata,- Sí respondió la princesa.- La rata no tenía comida, y salió a robar, a robar para alimentarse, exclamó el león, luego dijo. ¡Pobre rata! Tenía que robar para alimentarse, es digna de lástima. Manifestó cabizbajo. ¿Y el segundo cuento? De la coneja y la zorra- respondió La Princesa, Y tenían sus hijitos balbuceo el felino, por eso la zorra la perdonó. ¡Pobre coneja! La zorra casi se la come que habría sido de sus cachorritos, terminó diciendo el león acongojado. ¿Y el otro cuento? Se trata del búho y el guarén manifestó la Princesa. –Pobre guarén casi se lo come el búho pero fue un pájaro muy bueno al renunciar a su presa que grandioso fue el búho exclamaba el león, ¿y el otro cuento? – Preguntó. La caza del zorro, respondió la Princesa ha sí los malditos perros que el zorro se hizo el muerto, como los hizo tontos. ¿Y cuántos perros eran? Una jauría, respondió ella. ¡Es admirable la astucia del zorro! Como los engañó y se arrancó haciéndolos perder el rastro, que astuta no se cansaba de repetir el león. ¿Falta uno? Preguntó, Sí respondió la Princesa falta el de la culebra y el polluelo. ¡Ah! sí el pollo que casi se lo come la culebra tragándoselo entero, pobre pollos, su madre lo salvo, siempre las madres cuidan de sus hijos, aunque fuera una gallina, estaba desesperada por su hijito, la culebra tuvo que arrancar caso contrario la gallina habría peleado heroicamente por la vida de su retoño. Terminó diciendo el felino quedándose muy triste tan triste que de sus ojos rodaron lágrimas, así se quedó muy decaído muy triste en silencio. Ella al verlo así no tuvo miedo y bajó del árbol se acercó a él acariciándole la hermosa melena, así en mucho de la pena del león con las caricias de la Princesa fue cayendo en un profundo sueño así sin darse cuenta se transformó en el Príncipe que era pero con todos los cuentos que la joven le contó los mensajes de cada historia llegaron a su corazón transformándolo en un buen joven, de buen corazón capaz de renunciar y sus malvados instintos preguntándose como el gato la zorra y búho la jauría de perros y la culebra renunciaron a lo que más deseaban, entonces el también renuncio a sus instintos con la princesa, le dio sus disculpas llevándola de regreso al palacio, visitándola a diario sin darse cuenta que poco a poco la amó intensamente hasta que el Rey se la entregó como esposa, dando una gran fiesta la Princesa también lo amó intensamente fueron muy felices y tuvieron muchos hijos.
NICOLAS EL PRINCIPE.
En el palacio de un pequeño Reino la hija del Rey no había contraído matrimonio porque su vida estaba dedicada a los súbditos más necesitados, el rey preocupado por tener un nieto heredero organizaba todos los años una fiesta con el fin de recibir a una gran parte de los príncipes de reinados vecinos, la hermosa princesa asistía a estos banquetes sin intención de elegir al padre de sus hijos.
En un reinado lejano un rey escuchó el rumor que nadie había sido capaz de conquistar a la princesa, este rey estaba muy amargado porque había sido derrotado en algunos enfrentamientos con otros reinos y fuera de eso también había perdido a su esposa esto lo convirtió en un ser amargado, lleno de odio y venganza, sabiendo cómo era la princesa, se disfrazó de mendigo dirigiéndose al palacio de la bella princesa considerando que debía elegir esposo.
La fiesta se realizaba con mucha extravagancia con la asistencia de príncipes y princesas, un gran baile con la mejor música, todos vestidos de gala.
El príncipe malvado llegó hasta la entrada del palacio fingiendo un gran cansancio ya que su cabalgadura la había dejado, escondida en un bosque detrás del palacio, caminó hasta la entrada, allí se desplomó junto a la puerta del palacio, cuando lo vieron caer todos corrieron a socorrerlo, la princesa también llegó a verlo, extrañada por el agotamiento de este humilde hombre, que de humilde no tenía nada, ordenó que lo llevaran a una de las alcobas, llamó a sus sirvientes para que la ayudaran, descubrió su rostro encontrándose con un joven de hermosos rasgos, luego le dio a tomar leche dejándolo que descansara.
El malvado príncipe llamado Ticen lo único que quería era burlarse de ella, para saciar su rabia y odio que sentía por haber perdido a su reina y también haber perdido varias batallas.
La princesa ordenó a su sirvienta le arreglaran una alcoba al humilde recién llegado, en uno de los aposentos del palacio, ornamentaron el cuarto con finos cortinajes, muebles tallados y toda clase de comodidades. Entonces ella personalmente iba a llevarle el desayuno con los mejores manjares.
¿Cómo se siente? Le preguntaba con dulzura.
Ay muy mal. Le respondía.
Por las tardes la princesa lo llevaba a pasear, por los bellos caminos del reino en dos lindos corceles para que se distrajera pero siempre la respuesta era la misma, a esta altura el malvado ya había cambiado su aspecto de mendigo,
Porque la princesa hizo que las sirvientas lo bañaran usaran los mejores perfumes y mejores ropas lo que corresponde a un príncipe.
Este malvado le contó muchas penas a veces lloraba, poco a poco la princesa que tenía un buen corazón tan noble y bondadosa se fue enamorando del malvado rey pero esa era una de las grandes mentiras de él.
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Cada día que pasaba la dama se sentía más enamorada del vil sujeto que ya había conseguido lo que se había propuesto, disfrutando en su interior su azaña.
Una tarde caminando a orilla del lago se acercó a la bella mujer y la besó, la besó tanto que la princesa casi se desvanece de la emoción, a ella jamás hombre alguno la había besado.
Con esta actitud ella esperaba que le pidiera matrimonio, esa noche durmió feliz pensando en este hombre que la había besado tanto, no le importaba que hubiera llegado como un mendigo, solo sabía que lo amaba. Cuando el rey supo que su hija estaba enamorada se colmó de alegría. Todos esperaban el día siguiente que seguramente el intruso solicitaría la mano de la princesa en matrimonio. En el comedor esperaron al pretendiente pero este no apareció, fueron hasta el aposento del malvado, el cuarto estaba vació, no había nadie, al saber la noticia que este hombre no estaba pensaron que seguramente había salido por ahí cerca a disfrutar la emoción, pero no fue así, pasaron los días y nada se supo del visitante mendigo.
La princesa se encerró en su aposento a recordar los hermosos momentos que había pasado junto al lago con este hombre que tanto había amado. Ella que jamás pensó que se enamoraría, lloraba y lloraba, En ningún momento llegó a pensar que este pretendiente sería malo, jamás ella llegaría a pensar algo así.
En cuanto al príncipe ya rey que se había disfrazado de mendigo corrió a su reino satisfecho por haber logrado lo que se había propuesto. Castigar a la bondadosa princesa por lo que ella no tenía culpa alguna, que este hombre hubiera perdido a su esposa y también algunas batallas.
Al cabo de algunos días el vil Rey sintió deseos de ver a la hermosa joven que se había prometido no amar jamás a una mujer, no podía arrancarla de su pecho, esperó un tiempo con la esperanza de olvidarla pero fue inútil, más y más pensaba en ella, atormentado y cansado de luchar por olvidarla preparó su carruaje dirigiéndose al palacio del Rey padre de la princesa. Cuando los sirvientes lo vieron no pudieron reconocerlo al principio igual fue recibido con los honores que se merecía un Rey. Avisaron a la princesa que había llegado un príncipe de visita. Ella se negó a recibirlo pidió a una de las sirvientas no ser molestada, pero como el hombre ya había vivido en el palacio subió hasta los aposentos, entró corriendo, la abrazó y la besó como él sabía hacerlo, la joven al tener los besos que ella ya conocía correspondió inconsciente las caricias del visitante, se disculpó por lo que había hecho y prometió a la bella joven que jamás volvería hacer algo igual ni guardaría rencor menos vengarse con personas inocentes.
La boda fue algo espectacular, asistieron príncipes reyes con sus esposas y princesas de todas partes.
El rey amargado cambio y fue bueno por el resto de su vida junto a la princesa que tanto lo amó aun creyendo que era un mendigo vivieron en un palacio solos para disfrutar ese amor tan inmenso.
LA ESTATUA
Había una vez un Rey, muy necio e ignorante, careciendo de inteligencia para reinar de manera justa y prospera, sus súbditos cada día estaban más desconformes, El Rey al darse cuenta de lo incapaz que estaba siendo, y teniendo buen corazón, decidió hablar con su hijo que tampoco tenía capacidad para gobernar
Existe una leyenda de hace muchos años.
¿Y qué dice esa leyenda?
Le preguntó su hijo.
El Rey respondió; algunos fueron injustos, entonces los que no estaban conformes porque algunos sabios se equivocaron en sus conceptos, empezaron a quemar todos los libros.
Los sabios, siendo muy eruditos, se desesperaron y evocaron a un Hada para que los salvara de esta injusticia, al instante vino un hada, amante de la sabiduría, del conocimiento, de la justicia, y empezó a aspirar las letras de los libros quedando todos en blanco, llevándose ella los escritos. Pero un hechicero que se alegraba lo que estaba pasando la maldijo convirtiéndola en una efigie, al instante se gravó la imagen de la hada en un medallón que el hechicero colgaba de su cuello, pesando demasiado por el efecto de la absorción de todas las letras de los libros.
El hombre se quedó inclinado tocando el suelo con su cabeza, desesperado sin poder moverse porque en realidad la hada se había quedado en el medallón, hizo otro embrujo al instante, ¡Esfinge! Gritó, que te conviertas en esfinge.
Al instante salió la imagen del medallón, liberándose el malhechor del peso que le causaba. La esfinge que era un león con cabeza de mujer, levantó sus garras delanteras para atacarlo, viéndose en mayor peligro casi bajo las garras del felino, nuevamente gritó ¡Estatua! Repitiendo desesperado.
¡Que te conviertas en estatua! ¡Por mil años!
Así el mundo se quedó sin los medios para investigar, y aprender, la cultura se fue trasmitiendo de boca en boca lo poco que podían aprender unos de otros, sin saber leer, es muy poco lo que se puede hacer.
¿Y qué quieres padre?
Quiero que Tú siendo joven y mi heredero busques esa estatua,
Será difícil sin saber dónde se encuentra.
Tendrás que hacerlo, quiero que seas un buen Rey, no fracases como estoy fracasando yo, manifestó el Rey.
Difícil tarea manifestó el Príncipe, siendo un hijo obediente, emprendió el viaje en busca de la estatua, preparado para un largo tiempo, tomó su caballo, y salió sin rumbo, con la esperanza de encontrar, lo que su padre le había encomendado.
Pasó por muchas Aldeas, preguntando, todos le respondían eso es solo una leyenda. Cansado ya sin tener ninguna posibilidad de encontrar la estatua, se desmontó descansando en el césped, a la sombra, de un canelo. Durmió toda la tarde, un anciano que pasaba por ahí con un hato de leña, lo saludó. Oportunidad que el Príncipe tuvo para preguntarle por la estatua.
El anciano se río. Luego le respondió.
Se dice que es una leyenda, yo estoy seguro que algo hay de verdad, yo no conozco los libros ni las letras. Existe una montaña que es la más alta del mundo e impenetrable, estoy seguro que ahí debe estar la estatua.
El Joven Príncipe agradeció al anciano, y se encaminó en busca de la montaña más alta e impenetrable del mundo, no tardó mucho en encontrarla porque todos sabían de reliquia, y riquezas de esa gran montaña, difícil fue avanzar y avanzar, a veces extenuado dormía en el suelo, otras veces con mucha sed por no encontrar agua, o con hambre. Pero por su padre él tenía que buscarla, Un año había transcurrido. Sabía que su padre lo estaría esperando con la esperanza que como hijo le iba a cumplir.
El caballo fue una gran ayuda, para penetrar en esos montes, cuando ya había perdido toda esperanza, de noche, cansado, se durmió junto a su animal, de pronto una luz lo despertó, pensó que era un relámpago, miró para percatarse de donde venía ese rayo tan potente, montó en su caballo avanzando hacia la potente luz.
Extasiado se quedó contemplando un tremendo monumento, enorme, dando un esplendor difícil de describir, ¡Era la estatua! Con forma de mujer, tan hermosa, tan grande, colosal, todo su cuerpo parecía estar formado por miles y miles de piedras preciosas, las que resaltaban alumbrando todo a su alrededor, deslumbrado, extasiado atónito bajó del caballo caminando hacia este gran monumento nunca antes visto algo igual. Las pequeñas piedras preciosas o brillantes o diamantes, parecían respirar, palpitar, como si tuvieran vida, y diferentes tonos, diferentes formas, diferentes portes.
Se arrodilló ante la estatua ensimismado, tan emocionado, sin darse cuenta al inclinarse, rozó la punta de un pies de la estatua, ese contacto fue como si un rayo, una energía hubiera entrado en su espíritu, en su alma, en su existir. Entonces levanto la mirada, y vio a la reluciente estatua con forma de mujer, tan bella, tan especial, tan hermosa.
¡Me has despertado mi bello Príncipe!, He permanecido aquí por mil años y nadie me buscó en tanto tiempo, solo tú.
Extasiado la miró, a sus ojos tan llenos de sabiduría, de bondad, su voz un lirismo poético, El Príncipe no podía articular palabra.
Luego Ella dijo: Tengo aquí todos los libros del mundo cada piedra de estas que forman mi cuerpo corresponde a un libro. Donde encuentras todas las sabidurías del mundo la ciencia, la cultura, Las leyes, los poemas, cuentos, novelas, y fábulas. Cada uno está formado por letras, que son como niños jugando a la ronda donde forman palabras, y con las palabras se construyen las frases, oraciones, por medio de las letras podemos expresar nuestros pensamientos, sentimientos, nuestros sueños Un libro es la caja del tesoro, del decir y sentir, para llevar a cabo lo que obtenemos de ellos, y realizarnos como personas. Racionales y eruditas.
La estatua terminó su discurso, abrió los brazos y las perlas empezaron a caer de su cuerpo transformándose en libros una infinidad de libros, allí contemplando la mayor riqueza del intelecto junto a esa montaña de textos que guardaban los conocimientos más grandes del mundo.
El príncipe vio alejarse al hada que había estado prisionera por mil años. Su padre el Rey ya no sería más ignorante sino un Rey de grandes conocimientos, justo, ecuánime, bondadoso, humanitario.
Su Reino sería cuna de grandes intelectuales compartiendo su sabiduría con las nuevas generaciones.
EL POEMA
Desde el tronco de un árbol, una ardilla lloraba y lloraba, nadie sabía por qué. Sólo se veía su cabeza y sus lágrimas rodaban al suelo sin cesar.
El mono que se encontraba cerca corrió a preguntarle, porqué lloraba tanto, iba a despertar a todos los animales que dormían. Pasó el conejo por ese mismo lugar, se detuvo para saber por qué tanta tristeza.
La ardilla no podía hablar, una vez más calmada abrió los ojos, se limpió las lágrimas, respiró profundo, miró al pie del árbol que la cobijaba y no solo estaba el conejo y el mono, sino muchos animalitos más que habían venido por su llanto, hasta un anfibio la rana abandonó el pantano en compañía del sapo dejando de croar, por venir a la novedad, un reptil la culebra , fuera de todos los demás animales como el león, el tigre, el leopardo, el puma, todos los felinos, los canes etc.
Allí alrededor del árbol muy atentos la miraban esperando les contara por qué lloraba.
Entonces la ardilla nuevamente se limpió sus ojos que aún le lagrimeaban y empezó diciendo;
Lloro porque la brisa me entregó un poema y al recibirlo vino el puelche y me lo arrebató.
La brisa me manifestó que era mi poema, solo mío y que tenía sólo tres palabras, y era el más lindo de todo el mundo. Terminó diciendo esto y siguió llorando más fuerte.
Los animalitos la escucharon atentamente. Preguntándose qué poema puede ser, se miraron unos con otros, luego la marmota exclamó.
Nosotros te ayudaremos a buscarlo, la ardilla seguía llorando desesperada por encontrar su poema, en eso llegó la brisa y les comunicó a todos.
Yo guardé ese poema a la ardilla para que algún día cuando ya fuera mayor entregárselo y ella lo guardara, es el poema más hermoso del mundo que todos debiéramos tener, y solo cuenta de tres palabras. Pero. ¿Quién lo tiene? Preguntó el mono.
La ardilla respondió: El puelche que bajó de la cordillera, me lo arrebató, sin alcanzar a leerlo.
Entonces la brisa levantó la voz manifestando: Vamos en busca del puelche. Y junto a ella salieron todos los animalitos corriendo en busca del puelche.
Cansados ya de tanto correr encontraron al puelche. Todos le preguntaron por el poema de la ardilla, único en el mundo que solo contaba con tres palabras. El puelche respondió: Si lo tuviera te lo devolvería, pero me lo quitó una ráfaga que pasó por mi lado y no me di cuenta se lo llevó.
Desalentados siguieron a la brisa que los llevaría hasta la ráfaga. Después de una larga caminata se encontraron con la ráfaga, nuevamente todos le preguntaron por el poema de la ardilla. Esta les respondió: Yo se lo entregaría pero no lo tengo, me lo arrebató el ciclón, ya no podían más, pero igual siguieron a la brisa en busca del ciclón, hasta que se encontraron con El. Muy cansados, con la esperanza que tendría que tenerlo. Hicieron la misma pregunta, queremos el poema de la ardilla que tú tienes ciclón. La respuesta fue nuevamente negativa. No lo tengo. Me lo arrebato el huracán. ¡Huracán!... Repitieron todos. La brisa les manifestó: Yo sé que este gran viento tiene que pasar por aquí, aquí lo esperaremos, transcurrió un largo rato, lo que les sirvió para descansar, sin darse cuenta se durmieron sintiendo la suave caricia de la brisa, pasó mucho tiempo, hasta que un ruido ensordecedor los despertó.
Un torbellino rosó sus cuerpos y vino el huracán con mucha fuerza arrancando árboles, arrastrando palos hojas, todo lo que encontró a su paso, molesto con la brisa.
Esta la brisa se fue al centro del huracán, que con su ojo el ojo del huracán la quería dominar, pero el centro era totalmente calmado, Ella le pidió el poema de la ardilla, con su ojo de huracán la miró formando un torbellino. Luego dijo muy fuerte. ¡Yo lo tengo, es mío!
Los animalitos todos muy aferrados al suelo para no ser arrastrado por la fuerza de este terrible viento capaz de arrancar árboles, y crear grandes tormentas.
Entones la brisa llamó. Al puelche, al ciclón a las ráfagas a los tornados, a los truenos, Todos vinieron y lucharon con el huracán el viento más temible de todos los vientos, todo el bosque tembló, hasta los cielos temblaron con el ruido de los truenos, la tierra se levantó por los aires, los animales aterrados adheridos al suelo, hasta que obtuvieron el poema.
Entonces el huracán ya muy calmado, con mucha tristeza les gritó: ¡También es mío! Una nube que estaba cerca fue arrastrada por el huracán y llovió torrencialmente, eran las lágrimas del huracán.
La brisa y los animales regresaron felices porque la ardilla no lloraría más. Habían recuperado su poema.
El mono gritó muy fuerte que lo lea, queremos conocer el poema más hermoso del mundo con tres palabras.
Entonces la ardilla tomo el pergamino muy pequeño lo desdoblo y les manifestó. Voy a compartir con ustedes mi poema, porque son mis amigos que me ayudaron a recuperarlo: Empezó a leerlo y todos lo escucharon emocionados muy emocionados.
Regresaron a su morada repitiendo el poema más hermoso del mundo, de solo tres palabras:
“Te amo mamá”.
Concepción abril 2013
LA RANA EL SAPO Y LA ORUGA
Un hermoso rayo de sol la invitó a salir del fango que tanto le agradaba, entre raíces a orillas del riachuelo, donde pasaba la mayor parte de su existencia, seguida por el sapo se subió a una piedra que sobresalía del agua, que emitía una melodía al encuentro con el atasco, provocando pequeñas ondulaciones en la corriente continua de la vertiente.
Desde ahí observó que la rama de uno de los árboles que adornaba como protección al estero, se inclinaba más hacia el agua, entonces le dijo al sapo que se encontraba muy cerca de ella, mira, mira tú, sapo Socratón que sabes más porque vives observando todo lo que te rodea,
El sapo se sonrió y muy seguro respondió. ¡Es una oruga! Guardó silencio y prosiguió, con el mismo desplante y seguridad de un sabio, o sea una cuncuna como se le llama comúnmente.
¿Es un insecto? Preguntó la rana.
Sí. Manifestó el sapo.
Es una lepidóptera metamorfosis como nosotros los anfibios ranas y sapos.
¿Cómo es su metamorfosis? Preguntó la rana.
Primero un huevo, algo así como esos huevos que siembras tú en el agua, pero estos lepidópteros los ponen en el aire cerca de una hoja para que puedan alimentarse, pueden quedar en forma de un montón o en hileras, en el interior de este huevo se encuentra el embrión que va creciendo, protegido por la caparazón que se llama corion, este embrión se alimenta por sustancias nutritivas que posee el corion además tiene un orificio central por donde respira el embrión.
¿Cuántas veces has saboreado esos ricos manjares que hemos encontrado en las hojas a nuestro alcance?
¡Ah, sí! Respondió la rana.
Cuando el embrión ya crecido rompe esta cascara del huevo o corion saliendo de allí la oruga o cuncuna, se come inmediatamente el cascaron sale con un hambre insaciable por las tres semanas que estuvo allí formándose un ser vivo desde el embrión hasta la cuncunita esa misma que se encuentra ahí en esa hoja balanceándose.
La rana estaba muy interesada en saber más de este insecto ya que para ella el mejor alimento eran los insectos como también para su interlocutor el sapo Socratón.
Tan interesada estaba que desde la piedra saltó hacia la hoja de la rama que sostenía a la oruga que camia y camia abundantemente y con su pequeño peso la hoja adherida a la rama, se balanceaba acercándose al agua bajando y subiendo.
Trató de apresar este bocado con su lengua pegajosa, cuando la rama bajaba ella saltaba, la oruga o cuncuna ensimismada en comer y comer no se percató del peligro en que se encontraba.
La rana saltó y saltó. El sapo observaba la escena, la rama se columpiaba la oruga comía y la rana saltaba.
El sapo Socratón a orillas del riachuelo, en tierra firme, prefirió alimentarse con sancudos que había en abundancia. Para él era lo más exquisito.
En uno de tantos saltos la rana tocó a la oruga con su lengua la que retiró al instante volviendo a la piedra.
El sapo se sonrió y le dijo; tan grande y no sabes que las orugas mudan su piel varias veces existiendo un estado de reposo antes de cada muda, su piel está formada por una especie de pelos o espinas y esas clavan para defenderse de sus depredadores, como nosotros, terminó diciendo el sapo riéndose de la avergonzada rana, que felizmente la oruga o concuna no se adhirió a la lengua pegajosa de la oruga (anfibia).
Esta conversación fue escuchada por la lepidóptera, avanzando con sus trece segmentos seis pares de ojos simples y una boca con mandíbulas poderosas, dos labios en uno de sus labios la glándula productora de seda, expulsada en forma de líquido secándose al contacto del aire, usándola para diferentes cosas, uniendo hojas, haciendo camino para huir o hacer el capullo para la crisálida.
Se dio vuelta y observó a la rana, indignada.
¡Mira! Le dijo; Y en el instante empezó a emanar una sustancia con la que hizo un manto de seda, subiendo más arriba del árbol se envolvió en su manto que ella misma lo fabricó. Una vez en lo alto se colgó de una rama quedándose allí, tranquila arrullada por la brisa.
La rana se extasió mirándola asombrada, no podía creer lo que estaba viendo, el sapo nuevamente siguió dando su conferencia.
Miró hacia arriba del árbol, de donde colgaba ese pequeño bultito envuelto en un manto de seda, Es una crisálida, ese será un siclo de tres semanas regulado por hormonas según el clima,
Todos los días la rana subía a la piedra a observar la crisálida suspendida del árbol, no podía creer lo que le había dicho el sapo. Fascinada no se cansaba de contemplar esa cosa ahí inmóvil abrigando en su interior una vida, largas fueron las tres semanas de espera que podía haber sido más tiempo o menos, eso dependía de la temperatura del clima.
Hasta que un día, la rana observo que la crisálida se movía, ¡Se mueve! Exclamó. ¡Se mueve! Gritó más fuerte, o mejor dicho empezó a croar, el sapo escuchó el croar de la rana y vino a su encuentro, los dos contemplaron este suceso, el sapo conocía la metamorfosis de las mariposas, nada era extraño para él, por ser tan observador sabía mucho, de ahí su nombre Socratón, ensimismada la rana ve que desde la parte inferior de la crisálida, empieza a parecer una cabeza tiene sus ojos manifestó el sapo. Con su propia cabeza rompió la seda que la envolvía estando ella con la cabeza hacia abajo.
Extasiada la rana, vio como de ese capullo salió una mariposa.
Moviendo sus hermosas alas, volando en ese paraíso donde ellos habitaban. ¡Qué vuelos! zigzagueando en ronda, de flor en flor adsorbiendo el néctar o chupando el néctar. De estos jardines espectaculares que nos rodean.
¡Qué alas tan hermosas! verde sobre una hoja verde, roja sobre una flor roja, gris sobre un tronco.
Es lo más maravilloso que la rana había visto.
El sapo le manifestó.
En tus cuarenta años, ¿nunca te diste cuenta del mundo maravilloso que te rodea?
Yo era feliz en mi pantano disfrutando tantas primaveras época de poner mis huevos ver a mis rana cuajos como se transformaban hasta llegar a ser una rana como yo.
La rana observaba desde la pequeña piedra con su boca abierta, dejando a la vista su dentadura, no se cansaba de contemplar la mariposa, que danzaba en el aire subiendo y bajando, batiendo esas alas tan frágiles delicadas y tiernas. Era como si el lirio se hubiera escapado de su tallo para flotar por los aires contemplando la bella naturaleza que nos cobija, luego la rana suspiro profundo y exclamo.
¡Quién fuera mariposa! para cruzar los cielos, beber ese néctar de cada flor, tener esas alas, tan hermosas y ¡volar y volar!
Junto a la piedra se quedó la rana inerte. El sapo se acercó a ella.
Hermosa rana dime ¿Cuál es tu último deseo?
Débilmente respondió.
¡Convertirme en mariposa!
Cerró sus ojos estiró, sus heladas patitas exhalando un último suspiro del que emanó una bella mariposa que voló y voló.
Era tan hermosa, como antes nunca fue vista alguna.
EL LOBITO Y EL PERRO
Soy un lobito de mar que estoy empezando a disfrutar estas aguas de la bahía de Concepción, ya nado mucho mejor. Tengo un rincón en el puerto donde suelo tomar el sol después de mis baños y mis festines de ricos peces.
Hoy ha sido un día diferente, en mi rincón donde yo reposaba placenteramente ¡un perro! Al verlo gruñí, él hizo lo mismo, si me hubiera acercado más. Me habría mordido, molesto me fui a una roca donde también solía descansar, quedaba más adentro de la bahía frente a la lobera donde reposaban los míos.
Al día siguiente fui nuevamente a mi rincón con la esperanza de no encontrar ahí al intruso, lamentablemente no se había ido. Gruñí, el ladro, así pasamos muchos días, yo gruñía el ladraba, yo desde el agua, el desde la terraza o mejor dicho desde mi rincón. Un día decidí hablarle lo primero que hice fue preguntarle, porqué estaba ahí. Echado con su cabeza sobre el cemento levantó solo la vista y no contestó nada, o sea que me ignoró, ni ladro, ni aulló, ni gruñó. Consternado de verlo mudo nuevamente le pregunté. ¿Por qué estás aquí? Igualmente nada, sin respuesta. Entonces al día siguiente le llevé un pescado, salté a la terraza donde él estaba y le dejé el bocado junto a su hocico, levantó la vista y empezó a olfatear, lo saboreo, luego se levantó moviendo su cola, y acercándose a mí me dio un topón en mi hocico, yo fui feliz con su gesto de cariño, me lancé al agua nadando jugueteando en ese mar que me cobijaba.
Al día siguiente lo primero que hice fue llevarle un pez a mi amigo, allí estaba, cuando me vio se paró en sus cuatro patas y avanzó a la orilla moviendo el rabo, de un salto estuve a su lado dejándole el pez, allí nos quedamos a orillas del mar en la terraza, ahora le preguntaría, ¿de dónde vienes? Echado al lado mío empezó a gemir, como si estuviera liberándose de una pena. Luego respondió:
Yo vivía en una mansión, tenía de todo, pero mis amos no me amaban, les cuidaba la casa los amaba, pero para ellos solo era un quiltro, entonces decidí irme con la esperanza que alguien me quisiera. Dijo esto y guardó silencio, apoyó su cabeza sobre mí y se durmió, hice lo mismo la gente que pasaba decía, mira, mira un lobito y un perro.
Cuando el sol ya se entraba despertamos de nuestra siesta, me lancé al agua y me fui a la lobera sorprendido por lo que me había contado, yo jugueteaba con mis hermanos, tenía una familia numerosa y nos amábamos, no teníamos amo, éramos libres, no teníamos que servirle a nadie, el mar nos proveía de alimentos y disfrutábamos nadando, podíamos viajar muy lejos atravesando mares.
Una mañana más yo con un pez en el hocico para mi amigo, así pasó mucho tiempo, descansábamos juntos compartiendo ese rincón que antes había sido mío, yo diría que pasaron años, convirtiéndome en un lobo de mar con mi propia familia y mi propia roca, llegué a pesar 350 kilos con un alto casi de un metro y un largo de un metro y medio, mis esposas me dieron muchos hijos, pero nunca olvidé a mi amigo, siempre le llevé un pescado, me costaba un poco subir a la terraza, pero los lobos somos muy buenos para saltar.
Esa mañana me quedé a su lado, le pregunté como estaba, bien me respondió, presentí que no estaba bien, me lamió con cariño, toqué su hocico en ademán de agradecimiento, como yo había crecido tanto se veía pequeño acurrucado junto a mí. Al rato casi al llegar la noche, lo sentí helado, su frágil cuerpo ya no era tibio como solía sentirlo otras veces, traté de moverlo, su rigidez me advirtió que se había ido, allí me quedé junto a su cuerpo, llegó la mañana y ahí estábamos los dos, la gente pasaba y pasaba como siempre viéndonos ahí. Ya al medio día los jotes querían arrebatármelo, lo abrace muy fuerte, más fuerte y me lancé al mar con el abrazado nadé muy lejos y muy profundo, dejándolo en las profundidades del mar entre algas y peces de colores, allí se quedó con una sonrisa en su rostro, había tenido todo mi cariño.
Cuentos de la Vid.
Había un Rey que cada día se sentía más débil, sin fuerzas, sin deseos de reinar, cansado, fatigado. No sabía qué hacer, había consultado varios médicos pero nadie acertaba lo que el rey tenía. Postrado en la cama llamó a su hijo para decirle que ya no podía más no le quedaban fuerzas para seguir reinando.
Su hijo el príncipe, decidió ir hasta una anciana que sabía mucho de las propiedades de las plantas, tomó su caballo emprendiendo su viaje. Antes de partir se despidió de sus padres, el rey y la reina, prometiéndole que él le traería el remedio que lo mejoraría.
Así fue que el joven príncipe después de cabalgar muchos días solo por caminos difíciles, pasando hambre, frío, arriesgándose a ser atacado por un animal salvaje en plena montaña, o atacado por bandidos, logró llegar a una cabaña donde habitaba la anciana, que conocía los secretos de las plantas milagrosas que podrían curar al Rey su padre.
La mujer lo recibió en su modesta morada, una vez que el joven príncipe le explicó las dolencias de su padre, La anciana después de escucharlo atentamente, se sonrió manifestando que lo que tenía su padre era algo muy simple que con agua de la vid, o lágrimas de la vid, se mejoraría
¡Agua de la vid! Repitió el joven, -Sí respondió la buena mujer.
¿Y cómo puedo conseguir el agua de la vid o lágrimas de la vid?
Ahora no podrás encontrarla, porque en invierno los viñedos pierden sus hojas y la savia se retiene, podríamos decir que invernan, cualquiera diría que duermen, pero cuando empieza la primavera, la sabia empieza a subir por sus ramas como si empezara a despertar, volviendo a la vida, dando nuevos brotes, nacen sus hojas, floreciendo para dar origen a sus racimos donde vienen las ricas uvas, justo en este principio cuando la planta empieza a renacer, junto con la poda la planta empieza a llorar, y son sus lágrimas las que curaran a tu padre.
El joven muy pensativo manifestó ahora estamos en pleno invierno.
Si pero en un mes más ya estaremos en primavera, cuando llegues a tu palacio podrás sacar las lágrimas de la vid para dársela a tu padre. Ve joven no pierdas la fe que cuando llegues a palacio ya estarás en primavera.
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