La pequeña Li en el Espacio
Lila Layers
Cuarto Tomo
EDICIONES LAYERS
Nº DE
INSCRIPCIÓN DERECHO DE AUTOR ... I.S.B.N.
Primera Edición
Impreso en los Talleres de Trama Impresores
S.A.
Prólogo
Benjamín
Rojas
Ilustraciones
Raúl
Contreras
IMPRESO EN CONCEPCION CHILE
Agosto 2013
Dedico este cuarto tomo De La Pequeña Li en el Espacio
A Clara Estela Valdés, mi hija mayor, Licenciada en Historia y Geografía.
Lila
Layers
Nacida en la
década del cuarenta en Talcamávida, un villorrio ubicado
a sesenta kilómetros de Concepción. Chile; Sus primeros estudios los realizó
en la Escuela Pública de la misma localidad. Cursó sus humanidades en el Colegio Particular Santa Filomena, continuando en el Liceo
Gabriela Mistral, de Temuco.
Estudió Administración Pública, Inició
la Carrera de Sociología en la Universidad
de Concepción, sin lograr terminarla por el cierre
de la Facultad, en 1973.
Entre los años 1978 y 1980 participó en el taller
literario Gabriela Mistral,
Concepción, dirigido por el Doctor René Louvel Bert,
y bajo la enseñanza del
destacado profesor
de la Universidad
de Concepción, don Mario Rodríguez Fernández.-
Casada con el ex–parlamentario Manuel Valdés Solar, por la
provincia de Concepción, tiene tres hijos.
La
pequeña Li Viajando en el Espacio
Prólogo
Imaginación
y aventura
Cuando
se evoca la frase proverbial de los inicios
de todo relato con peso temporal -aquel “ Erase una vez. “ - y uno
se coloca en la distancia de su propia niñez,
no cabe duda alguna que una fuerza magnética atrae
escenas, personajes y las llamadas circunstancias, que
pueblan nuestra memoria.
Un viejo arte para todo humano que fue niña o
niño. La sabia Gabriela Mistral, nativa recuerda y valora este arte de contar. Y hablando de las tradiciones orales,
materiales del folclore, ella solía
apuntar que eran mujeres las que mejor se disponían a manejar dicho arte. ¿Y quién no evoca a una madre, alguna tía o a su abuela,
contando, inventando o leyendo relatos
para su infancia? Vieja historia, que duda ha de caber, de nuestra especie.
“Erase una vez una mujer con sus años en agraz, de ojos claros y de sonrisa generosa, madre de una adolescente, un joven menor y
una niña que iba para ser crecida y llamativa. Esta buena mujer, encumbrada en un departamento de una calle
de señorío de una ciudad de lluvia y de vientos, solía invitar
a sus amigas y amigos y, en medio
de sus quehaceres, gustaba comunicar -leer con suavísima
voz - lo que en horas de libre desvelo había soñado y escrito. Sus privilegiados
primeros oyentes fueron sus criaturas. Nosotros ya fuimos los terceros.
Y así llegaron o, a lo mejor, nacieron
Lí, conocida como “La Pequeña
Lí”; “Mamá Bella” y los amigos
y amigas: como Rufi, la hormiga; Jonás, su perro; la paloma,
Musga y Tulú o Rocadio,
el niño extraterrestre. Las noches húmedas fueron la cuna de tales historias. Alguna dulce
fruta silvestre fue el alimento
a medianoche. La magia de los sueños
y de la aventura fueron,
en definitiva, la circunstancia creadora de un
mundo sensible y verdadero, que se alza cuando lo demás duerme,
se silencia o muere”.
Lila Layers Lila Layers es el nombre artístico de una mujer
que posee voces
capaces de urdir cualquier historia.
Hay llaneza en su estilo que reproduce el encanto
de lo dicho; una reiteración que se
acopla al oído atento del más tierno; una fantasía
que hilvana escenas y deja libre la psicología de los personajes. Tal vez sean estos
rasgos de sus historias anteriores los
que reaparecen con más
nitidez en esta última
de “La
Pequeña Lí en el espacio”.
Sin embargo, aquí aparece
ahora un agregado que pareciera seguir la
evolución de la pequeña Li en su desarrollo humano: El aprendizaje
por medio de la entretención. Yno sólo
unido todo esto al
conocimiento del espacio de los astros de nuestra galaxia
común, sino al deseo íntimo
de un personaje que se convierte en tan dulce como la niña:
Tulú, el extraterrestre condenado a vivir
siempre en la infancia.
En esta ocasión, la mano
de la escritora sondea en modos complejos de la realidad, arma una trama de encuentros y desencuentros en un
constante viajar por entre las estrellas
y gracias a la máquina que la
ficción vestida de ciencia nos
permite visualizar. La exploración nos hace enriquecer. Y la superposición de los tiempos, deseos, niveles terrestres y espaciales, asientan
una amistad que había venido gestándose desde
atrás, en aquella
cueva del Mago de la fantasía de la
pequeña estudiante de un pueblo central de nuestro
territorio, La pequeña Lindaura, La pequeña Lí homónima de otro pequeño ya famoso por sus aventuras
en las letras para niños y niñas de Chile., Papelucho.
Importante tradición constituye
la escritura de cuentos y novelas cortas sobre la
vida y los sueños de un niño o de
una niña. Aquel “ Érase una vez”, con el correr de los tiempos
y el dar vuelta de las hojas se
ha ensanchado en relatos
de ciencia ficción
a lo Julio Verne, o en
aventuras de viaje a lo Emilio Salgari,
o en recorridos de un mundo
y un
país a lo Selma Lagerlöf,
o en novela de formación
e iniciación de la y infancia a lo Callodi
(Carlo Lorenzini), o en páginas
del diario de un escolar a lo Edmundo
de Amicis, mundos
que han alimentado a cientos de mentes jóvenes de ambos sexos. En esta memorable serie se ha instalado la narradora chilena Marcela Paz y hoy, tras
La
pequeña Li Viajando en el Espacio
persistente tarea, otra
escritora: Ana Sepúlveda, aquella Lila Layers de la evocación.
Considerando este
volumen como parte
de un conjunto, el cuarto
en la vida de la pequeña Lí, tiene el mérito de despertar simpatías, estimular aprenderes y desear ese imborrable y fresco soñar.
Benjamín Rojas Piña, Concepción, 1997
Lila Layers
La pequeña Li en el espacio La cueva del mago
Desde la cueva del Mago
salían unos gritos desesperados, un llanto aterrador. Corrí
hasta el lugar, y muy al interior
de ella. En un
rincón en donde casi no llegaba la luz, había una persona sentada sobre una piedra. Sus manos
las tenía juntas, los codos apoyados
sobre sus rodillas, con las palmas
hacia arriba abrazando su rostro;
Me fui acercando sigilosamente, sin que me sintiera,
observé detenidamente, acongojada por su llanto atormentado, pero en ese instante
levantó su cara y se quedó sorprendido al verme allí.
La más sorprendida fui yo, porque
la persona que estaba
llorando era nada menos
que Tulú, mi gran amigo extraterrestre o Rocadio como yo le había puesto al
lanzar una piedra sobre una roca, de ahí su nombre, Con sus facciones aún contraídas, se levantó ágilmente caminando hacia
mí. Debe haber perdido su nave, pensé.
-Pequeña Lí -me dijo, ¡qué alegría volver a verte!
-Más alegría es para mí, le
contesté -pero dime ¿por qué lloras?
-Me tomó de una mano y me llevó hasta la piedra en que estaba sentado momentos antes; sopló el polvo
y luego sacó un pañuelo de uno de sus bolsillos para ponérmelo sobre la helada piedra y ofrecerme
asiento, una vez ya instalados, se cruzó de manos y bajando la cabeza,
en tono de tristeza me dijo;
-Te voy a contar algo que he guardado
largo tiempo.
Yo me sorprendí mucho, ya que siempre
lo había visto tan dinámico,
fuerte, alegre, espontaneo,
voluntarioso, ¿qué le estaría pasando? Lo escuché atentamente.
La
pequeña Li Viajando en el Espacio
-Hace mucho, pero mucho tiempo -continuó
diciendo -cuando yo nací, mi Padre era muy poderoso
y querido por todas las personas
que le rodeaban, siendo
yo su hijo primogénito. Mi llegada
fue motivo de gran regocijo, no solo para mis padres, sino para todos los seres
que vivían a nuestro
alrededor, pero no faltó alguien
que se sintiera molesto por este gran regocijo
y, entonces, me maldijo.
¿Te
maldijo? -Le interrumpí,
-Sí -me contestó, con sus ojos llenos de lágrimas.
-¿Y cuál fue esa maldición? -Le pregunté.
-La maldición consistió que sería siempre un niño, y
llevo años, miles de años y siempre he
sido un niño, me detuve con el tiempo.
¿Entiendes eso? -Dijo mirándome
a los ojos.
No -le respondí. ¿Cómo puede ser que
estés detenido en el tiempo?
-Que el tiempo
pasa para todos los demás, pero nunca para mí, por eso
siempre soy igual, un niño. Mis padres murieron y todos nacen, crecen y mueren, pero yo no. Como no crezco, no me puedo realizar como un ser con
una familia, no puedo
amar como aman los adultos. Ellos se enamoran,
se casan, tienen hijos, pero yo no, porque me he
quedado detenido en el tiempo.
mí.
Lo miré
atónita, no sabía que decirle, eso era algo tan extraño para
-Viajo por el cosmos en busca del Dios que me detuvo
en el tiempo,
-balbuceó,
guardando silencio.
Yo también enmudecí por largo rato,
luego sacó de uno de sus bolsillos otro pañuelo
limpiándose los ojos, aún apesadumbrado, con la
voz queda me dijo:
-Pequeña Lí, acompáñame a viajar por los nueve
planetas de esta galaxia.
Abrí los ojos, levanté mis hombros, ¡Y cómo! -manifesté.
Lila Layers
-No te preocupes, exclamó.
Si te colocas algo mío, el
tiempo se detendrá también para ti,
y no pasará ni un solo minuto, y
podrás viajar por todo el Universo, sin que tu mamá Bella
se dé cuenta de tu ausencia, así podrás ayudarme a buscar al Dios que
me detuvo en el
tiempo.
Dicho esto, retiró
de su cuello un pañuelo de seda que usaba como complemento
de su vestuario, para ponérmelo
con mucho cuidado alrededor
de mi pescuezo, como solía
decir mamá Bella,
cuando se refería al cuello. Con su mano derecha sobre mi hombro balbuceó: Viajaremos por el cosmos deteniendo el tiempo. Ahora ya no hay problema,
manifestó, y de un salto se levantó
de la piedra donde estábamos
sentado, me tomó de una mano y corriendo salimos de la cuevas del Mago. No rescató
el pañuelo que había puesto sobre la piedra para que yo me sentara; Su
rostro había cambiado notablemente. Dimos la vuelta por unos matorrales donde
tenía oculta su pequeña
nave.
-Sube, Pequeña Lí. -me dijo.
Pero antes de subir a la nave, me detuve a mirarlo minuciosamente. Pude comprobar
que en efecto él no había crecido,
estaba igual que cuando lo vi por primera vez, éramos
iguales de porte,
ahora yo me veía más
grande, entonces lo encontré tan pequeño, tan menudito, algo así como un muñeco con vida. ¡Qué más tiempo hacía cuando
jugábamos y corríamos de igual a
igual! Me sentí grande, gorda y
pesada. Una pena embargó
mi alma al descubrir esa diferencia que nos estaba
afectando.
Subimos a la nave, acomodándonos en los asientos. Al oprimir algunos botones se produjo
un ruido ensordecedor y, luego, despegamos. Todo fue quedando
atrás como una ráfaga. Tulú estaba pendiente del tablero lleno
de agujas y signos, después
de un instante respiró y fue
como haber cambiado de ruta, la nave dejó de vibrar.
-¿Nos detuvimos? Le pregunté.
-No, me respondió.
Pero me da la impresión que no
avanzamos -le dije.
La
pequeña Li Viajando en el Espacio
Entonces oprimió un botón y en la pantalla
aparecieron cuerpos
del espacio; Fue como
si hubiera abierto una
ventana al Universo,
siguió presionando botones.
-Ese es Venus, como
le llaman Uds., manifestó, observando el planeta
en la pantalla -y más allá está Mercurio, lleno de optimismo
dijo: ¡Iremos
a Mercurio!

No hay comentarios:
Publicar un comentario