domingo, 3 de septiembre de 2017

Tomo 4 - La Pequeña Li en el espacio











La pequeña Li en el Espacio

Lila Layers















Cuarto Tomo


























EDICIONES LAYERS

Nº DE INSCRIPCIÓN DERECHO DE AUTOR ... I.S.B.N.

Primera Edición

Impreso en los Talleres de Trama Impresores S.A.
Prólogo Benjamín Rojas
Ilustraciones Raúl Contreras

IMPRESO EN CONCEPCION CHILE
Agosto 2013



Dedico este cuarto tomo De La Pequeña Li en el Espacio
A Clara Estela Valdés, mi hija mayor, Licenciada en Historia y Geografía.









Lila Layers

Nacida en la década del cuarenta en Talcamávida, un villorrio ubicado a sesenta kilómetros de Concepción. Chile; Sus primeros estudios los realizó en la Escuela Pública de la misma localidad. Cursó sus humanidades en el Colegio Particular Santa Filomena, continuando en el Liceo Gabriela Mistral, de Temuco. Estudió Administración Pública, Inició la Carrera de Sociología en la Universidad de Concepción, sin lograr terminarla por el cierre de la Facultad, en 1973.

Entre los años 1978 y 1980 participó en el taller literario Gabriela Mistral, Concepción, dirigido por el Doctor René Louvel Bert, y bajo la enseñanza del destacado profesor de la Universidad de Concepción, don Mario Rodríguez Fernández.-

Casada con el ex–parlamentario Manuel Valdés Solar, por la provincia de Concepción, tiene tres hijos.


La pequeña Li Viajando en el Espacio

Prólogo

Imaginación y aventura

Cuando se evoca la frase proverbial de los inicios de todo relato con peso temporal -aquel “ Erase una vez. “ - y uno se coloca en la distancia de su propia niñez, no cabe duda alguna que una fuerza magnética atrae escenas, personajes y las llamadas circunstancias, que pueblan nuestra memoria.
Un viejo arte para todo humano que fue niña o niño. La sabia Gabriela Mistral, nativa recuerda y valora este arte de contar. Y hablando de las tradiciones orales, materiales del folclore, ella solía apuntar que eran mujeres las que mejor se disponían a manejar dicho arte. ¿Y quién no evoca a una madre, alguna tía o a su abuela, contando, inventando o leyendo relatos para su infancia? Vieja historia, que duda ha de caber, de nuestra especie.
“Erase una vez una mujer con sus años en agraz, de ojos claros y de sonrisa generosa, madre de una adolescente, un joven menor y una niña que iba para ser crecida y llamativa. Esta buena mujer, encumbrada en un departamento de una calle de señorío de una ciudad de lluvia y de vientos, solía invitar a sus amigas y amigos y, en medio de sus quehaceres, gustaba comunicar -leer con suavísima voz - lo que en horas de libre desvelo había soñado y escrito. Sus privilegiados primeros oyentes fueron sus criaturas. Nosotros ya fuimos los terceros. Y así llegaron o, a lo mejor, nacieron Lí, conocida como “La Pequeña Lí”; “Mamá Bella” y los amigos y amigas: como Rufi, la hormiga; Jonás, su perro; la paloma, Musga y Tulú o Rocadio, el niño extraterrestre. Las noches húmedas fueron la cuna de tales historias. Alguna dulce fruta silvestre fue el alimento a medianoche. La magia de los sueños y de la aventura fueron, en definitiva, la circunstancia creadora de un mundo sensible y verdadero, que se alza cuando lo demás duerme, se silencia o muere”.


Lila Layers Lila Layers es el nombre artístico de una mujer que posee  voces capaces de urdir cualquier historia. Hay llaneza en su  estilo que reproduce el encanto de lo dicho; una reiteración que se acopla al oído atento del más tierno; una fantasía que hilvana escenas y deja libre la psicología de los personajes. Tal vez sean estos rasgos de sus historias anteriores los que reaparecen con más nitidez en esta última de “La
Pequeña Lí en el espacio”.
Sin embargo, aquí aparece ahora un agregado que pareciera seguir la evolución de la pequeña Li en su desarrollo humano: El aprendizaje por medio de la entretención. Yno sólo unido todo esto al conocimiento del espacio de los astros de nuestra galaxia común, sino al deseo íntimo de un personaje que se convierte en tan dulce como la niña: Tulú, el extraterrestre condenado a vivir siempre en la infancia.
En esta ocasión, la mano de la escritora sondea en modos complejos de la realidad, arma una trama de encuentros y desencuentros en un constante viajar por entre las estrellas y gracias a la máquina que la ficción vestida de ciencia nos permite visualizar. La exploración nos hace enriquecer. Y la superposición de los tiempos, deseos, niveles terrestres y espaciales, asientan una amistad que había venido gestándose desde atrás, en aquella cueva del Mago de la fantasía de la pequeña estudiante de un pueblo central de nuestro territorio, La pequeña Lindaura, La pequeña Lí homónima de otro pequeño ya famoso por sus aventuras en las letras para niños y niñas de Chile., Papelucho.
Importante tradición constituye la escritura de cuentos y novelas cortas sobre la vida y los sueños de un niño o de una niña. Aquel “ Érase una vez”, con el correr de los tiempos y el dar vuelta de las hojas se ha ensanchado en relatos de ciencia ficción a lo Julio Verne, o en aventuras de viaje a lo Emilio Salgari, o en recorridos de un mundo y un país a lo Selma Lagerlöf, o en novela de formación e iniciación de la y infancia a lo Callodi (Carlo Lorenzini), o en páginas del diario de un escolar a lo Edmundo de Amicis, mundos que han alimentado a cientos de mentes jóvenes de ambos sexos. En esta memorable serie se ha instalado la narradora chilena Marcela Paz y hoy, tras


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persistente tarea, otra escritora: Ana Sepúlveda, aquella Lila Layers de la evocación.
Considerando este volumen como parte de un conjunto, el cuarto en la vida de la pequeña Lí, tiene el mérito de despertar simpatías, estimular aprenderes y desear ese imborrable y fresco soñar.

Benjamín Rojas Piña, Concepción, 1997


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La pequeña Li en el espacio La cueva del mago


Desde la cueva del Mago salían unos gritos desesperados, un llanto aterrador. Corrí hasta el lugar, y muy al interior de ella. En un rincón en donde casi no llegaba la luz, había una persona sentada sobre una piedra. Sus manos las tenía juntas, los codos apoyados sobre sus rodillas, con las palmas hacia arriba abrazando su rostro; Me fui acercando sigilosamente, sin que me sintiera, observé detenidamente, acongojada por su llanto atormentado, pero en ese instante levantó su cara y se quedó sorprendido al verme allí. La más sorprendida fui yo, porque la persona que estaba llorando era nada menos que Tulú, mi gran amigo extraterrestre o Rocadio como yo le había puesto al lanzar una piedra sobre una roca, de ahí su nombre, Con sus facciones aún contraídas, se levantó ágilmente caminando hacia mí. Debe haber perdido su nave, pensé.

-Pequeña Lí -me dijo, ¡qué alegría volver a verte!

-Más alegría es para mí, le contesté -pero dime ¿por qué lloras?
-Me tomó de una mano y me llevó hasta la piedra en que estaba sentado momentos antes; sopló el polvo y luego sacó un pañuelo de uno de sus bolsillos para ponérmelo sobre la helada piedra y ofrecerme asiento, una vez ya instalados, se cruzó de manos y bajando la cabeza, en tono de tristeza me dijo;

-Te voy a contar algo que he guardado largo tiempo.

Yo me sorprendí mucho, ya que siempre lo había visto tan dinámico, fuerte, alegre, espontaneo, voluntarioso, ¿qué le estaría pasando? Lo escuché  atentamente.


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-Hace mucho, pero mucho tiempo -continuó diciendo -cuando yo nací, mi Padre era muy poderoso y querido por todas las personas que le rodeaban, siendo yo su hijo primogénito. Mi llegada fue motivo de gran regocijo, no solo para mis padres, sino para todos los seres que vivían a nuestro alrededor, pero no faltó alguien que se sintiera molesto por este gran regocijo y, entonces, me maldijo.
¿Te maldijo?  -Le interrumpí,

-Sí -me contestó, con sus ojos llenos de lágrimas.

-¿Y cuál fue esa maldición? -Le pregunté.

-La maldición consistió que sería siempre un niño, y llevo años, miles de años y siempre he sido un niño, me detuve con el  tiempo.
¿Entiendes eso? -Dijo mirándome a los ojos.

No -le respondí. ¿Cómo puede ser que estés detenido en el tiempo?

-Que el tiempo pasa para todos los demás, pero nunca para mí, por eso siempre soy igual, un niño. Mis padres murieron y todos nacen, crecen y mueren, pero yo no. Como no crezco, no me puedo realizar como un ser con una familia, no puedo amar como aman los adultos. Ellos se enamoran, se casan, tienen hijos, pero yo no, porque me he quedado detenido en el tiempo.




mí.


Lo miré atónita, no sabía que decirle, eso era algo tan extraño para

-Viajo por el cosmos en busca del Dios que me detuvo en el tiempo,


-balbuceó, guardando silencio.

Yo también enmudecí por largo rato, luego sacó de uno de sus bolsillos otro pañuelo limpiándose los ojos, aún apesadumbrado, con la voz queda me dijo:
-Pequeña Lí, acompáñame a viajar por los nueve planetas de esta galaxia.

Abrí los ojos, levanté mis hombros, ¡Y cómo! -manifesté.


Lila Layers
-No te preocupes, exclamó. Si te colocas algo mío, el tiempo se detendrá también para ti, y no pasará ni un solo minuto, y podrás viajar por todo el Universo, sin que tu mamá Bella se cuenta de tu ausencia, así podrás ayudarme a buscar al Dios que me detuvo en el tiempo.

Dicho esto, retiró de su cuello un pañuelo de seda que usaba como complemento de su vestuario, para ponérmelo con mucho cuidado alrededor de mi pescuezo, como solía decir mamá Bella, cuando se refería al cuello. Con su mano derecha sobre mi hombro balbuceó: Viajaremos por el cosmos deteniendo el tiempo. Ahora ya no hay problema, manifestó, y de un salto se levantó de la piedra donde estábamos sentado, me tomó de una mano y corriendo salimos de la cuevas del Mago. No rescató el pañuelo que había puesto sobre la piedra para que yo me sentara; Su rostro había cambiado notablemente. Dimos la vuelta por unos matorrales donde tenía oculta su pequeña nave.

-Sube, Pequeña Lí. -me dijo.

Pero antes de subir a la nave, me detuve a mirarlo minuciosamente. Pude comprobar que en efecto él no había crecido, estaba igual que cuando lo vi por primera vez, éramos iguales de porte, ahora yo me veía más grande, entonces lo encontré tan pequeño, tan menudito, algo así como un muñeco con vida. ¡Qué más tiempo hacía cuando jugábamos y corríamos de igual a igual! Me sentí grande, gorda y pesada. Una pena embargó mi alma al descubrir esa diferencia que nos estaba afectando.
Subimos a la nave, acomodándonos en los asientos. Al oprimir algunos botones se produjo un ruido ensordecedor y, luego, despegamos. Todo fue quedando atrás como una ráfaga. Tulú estaba pendiente del tablero lleno de agujas y signos, después de un instante respiró y fue como haber cambiado de ruta, la nave dejó de vibrar.

-¿Nos detuvimos? Le pregunté.

-No, me respondió.
Pero me da la impresión que no avanzamos -le dije.


La pequeña Li Viajando en el Espacio

Entonces oprimió un botón y en la pantalla aparecieron cuerpos del espacio; Fue como si hubiera abierto una ventana al Universo, siguió presionando botones.


-Ese es Venus, como le llaman Uds., manifestó, observando el planeta en la pantalla -y más allá está Mercurio, lleno de optimismo dijo: ¡Iremos a Mercurio!




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