TOMO SEGUNDO
LA
PEQUEÑA LI EN
EL MUNDO
DE LAS
HORMIGAS
Dedicado a
A mi hija
menor Ana Eloísa.
INSCRIPCION DERECHO AUTOR NR 77683
INSCRIPCIÓN
DERECHO AUTOR ACTUAL 147003
PRIMERA EDICIÓN
DICIEMBRE 1990
SEGUNDA EDICIÓN
CORRECCIÓN Y AGREGADOS
ABRIL 2017
CORREO ELECTRÓNICO
lilalayers@gmail.com
LILA LAYERS.
Nacida en la
década del cuarenta en un villorrio
ubicado a sesenta kilómetros de la
Ciudad de Concepción Octava Región del Bío -Bío Chile. Primeros estudios los
realizó en la escuela pública de la misma localidad. Cursó las humanidades en el Internado de
Señoritas Colegio Particular Santa
Filomena, de Concepción Contando con destacados profesores y como guía
espiritual el Reverendo Padre Celestino de Añorbe Sacerdote Español que regresó
a la madre Patria el año 1962. Continuando sus estudios en el Liceo Fiscal de
niñas Gabriela Mistral, de Temuco La
Araucanía novena Región. Estudio Administración Pública Inició la Carrera de
Sociología en la Universidad de Concepción, sin lograr terminarla por cierre de
la Facultad en el año 1973. Tiene cursos
en Literatura, una constante asistencia a talleres Literarios, participa en
Eventos Literarios, como también dando Recitales en Colegios, y grupos
sociales,
Casada con el Ex Parlamentario
Manuel Valdés Solar, tres hijos, En sus
ratos libres se dedica a la Apicultura.
NOTA PRELIMINAR
En este segundo tomo de la Pequeña Li en
el que se encuentra con el mundo de las Hormigas, donde dentro de una gran
fantasía se relata la vida y organización de estos insectos, entrega a los niños
un mundo de amor, justicia, ternura, con todos sus personajes como Rufi su gran amiga hormiga, o la Reina Madre y
saliendo de este subterra, nuevamente la Pequeña Li retorna a su ambiente
pastoril o bucólico, con sus seres queridos como mamá Bella, sus muñecas su
perro Jonás, Gaspar. El gran Maestro Celestino sabio consejero, sus profesores
y su gran alegría de amar tan intensamente al mundo que la rodea, disfrutando
todas las bellezas que le ofrece la vida contemplando el bello paisaje que la
abraza cada día en el ir y venir de su inocente destino respirando el perfumado
aire que gratamente le ofrecen las flores que crecen allí tan libres como el
viento, tan bellas como el mismo Universo.
LA AUTORA.
LA PEQUEÑA
LI EN EL MUNDO
DE LAS HORMIGAS
El viento y la lluvia azotaban
nuestra frágil casa de madera. Mamá Bella introdujo leña a la cocina y yo salí en busca de mi pequeño
ganado. Caminé chapoteando por las fangosas calles desiertas. De ese encantador
Villorrio, azotado por el cruel invierno.
Jonás, mi perro, me seguía a cierta distancia, la lluvia no cesaba de
lavar mi cara y el viento trataba de arrebatar mi ropa como un juguete de niño caprichoso, En el
camino se nos atravesó una liebre, Jonás emprendió su persecución introduciéndose en los matorrales a orillas
del estero que, con fuerza, arrastraba
palos y todo lo que encontraba a su paso.
No sé en que momento el iracundo
perro perdió el equilibrio, siendo arrastrado por las aguas, Grité, lloré bajo
la lluvia, en medio del viento que,
opacó el eco de mi dolor. Vi como las furiosas aguas arremolinadas, se llevaron a mi Jonás. Me sentí tan
impotente a orillas del canal gritando, Jonás, - Jonás y el indefenso perro nadando desesperado sin
lograr salir a la orilla. En un torbellino se iba alejando entre lluvia, viento
y dolor.
Llorando en medio del camino arreé
las vacas, que, con sus cuernos, iban
cortando la lluvia bañados sus cuerpos con el frío de la tarde.
Mamá Bella me consoló haciéndome
creer que Jonás sólo había sido arrastrado por la corriente, que pronto regresaría, pero yo pensé que sólo lo decía
para mantenerme tranquila y en medio de sollozos me dormí profundamente hasta el
otro día. Me negaba a aceptar la desventura de mi fiel guardián, entonces,
caminé por el bosque sin destino, me arrojé al suelo ocultando mi cara entre
manos y lloré copiosamente por haber perdido a mi perro que tanto quería.
SUBTERRA Y FANTASÍA DE
LAS HORMIGAS
Una hierba poco común crecía
arrastrada al suelo y su aroma me empezó a marear, apoderándose de mí una
fuerza inexplicable. En ese momento me pareció,
ver que todo crecía a mí alrededor, o bien yo me estaba empequeñeciendo,
las hierbas que antes me habían servido
de alfombra, ahora eran un enorme bosque.
Me quedé inmóvil, aterrada cerré los ojos sin deseos de abrirlos, pero
un ruido espantoso me obligó a mirar, encontrándome en un mundo muy diferente y
el bullicio no era otra cosa que una columna de hormigas avanzando a mi
encuentro. Por desgracia, se veían más
grandes que yo, dos de ellas encabezaba
la columna portando unas enormes lanzas, en reemplazo de armas.
Se detuvieron frente a mí, expresándose severamente, me dijeron.
-Acompáñanos hasta nuestra Reina.-
Yo,
no atiné a decir nada ante tal
orden, pues mi asombro carecía de dimensiones y caminé en medio de ellas como
si hubiera ido en altos y bajos.
Llegamos
a una gran caverna cuyo frente
estaba prolijamente adornado con figuras
y muy resguardada por un centenar de hormigas armadas que nos dejaron pasar sin
dificultad, Nos adentramos en un
túnel totalmente oscuro, luego pasamos por galerías subterráneas hasta llegar
a un enorme salón. Las dos guardias que me escoltaban me entregaron a la
guardia de honor de la Reina.
-Debes esperar en esta antesala
hasta que se te llame. Me dijeron:
No sé cuánto tiempo estuve allí.
De pronto se abrió la puerta y de su
interior salió una hormiga vestida de manera diferente.
-Puedes pasar.
Me dijo: Acto seguido yo avancé a su lado hasta la habitación contigua,
entonces, vi en su trono a la Reina.
-A ver, Pequeño Monstruo.
Exclamó. -¿Por qué has venido a
espiarnos?-
-Sra. Reina. Le contesté con mi
voz entrecortada. -Yo no he venido a espiarlas, Yo estaba muy,
pero muy triste porque la corriente del estero se llevó a mi perro
Jonás. Entonces, me tendí sobre el
césped a llorar tal desgracia y de
pronto, mi cuerpo se redujo a este tamaño, le manifesté.
-Ella me miró autoritaria.
-Sí, Respondió, Seguramente, respiraste el aroma de la hierba de la
reducción. Algo que ustedes, los humanos, no conocen, concluyó.
Después de un leve silencio.
- Llévenla a una celda. Ordenó.
La hormiga que me escoltaba salió
conmigo por unos pasillos diferentes, entrando a otra galería donde me entregó a una nueva guardia, quién
eres, preguntó, luego dijo: -Yo seré tu protectora-
Caminamos hasta un apartamento
muy pequeño y a la vez, muy cómodo.
Yo, no podía salir de mi asombro, entonces le pregunté.
-Si soy vuestra prisionera. ¿Por
qué, me dan este trato tan especial?
La hormiga que me escoltaba,
siendo mi guardia, no era muy afable y manifestó.
-Son nuestras costumbres,
generalmente nuestros prisioneros o prisioneras son mejor tratados que nuestros
propios amigos, porque al enemigo
también hay que amarlo y la mejor manera
de demostrarlo son depositando en él
todo nuestro afecto. Por eso es que sólo encontrarás paz y amor... Y si hemos
tenido que hacerte nuestra prisionera es porque vienes de los monstruos de la
superficie.
-Nos llaman monstruos, me dije
con rabia. Luego le pregunté. -¿Por
qué a los humanos nos llaman así?
- Me miró sarcásticamente y dijo:
-¿Aún lo preguntas? -Te voy a
llevar a un lugar que te dará la
respuesta.
Levantó su lanza, apoyándola en su hombro dio dos
pasos, me miró y autoritariamente manifestó.
-Sígueme. ..
Entramos en otra galería
donde se leía un letrero. “Prohibido el paso” Habló con la guardia del lugar y entramos sin
dificultad. Aproximadamente un centenar de hormigas trabajan en el laboratorio.
Aquí estamos, tratando de descubrir la vacuna
anti-insecticidas. ¿Entiendes ahora? -Exclamó.
No supe qué contestar, pero pensé. Nos llaman monstruos porque tratamos
de exterminarlas.
Al regresar, pasamos por las
despensas, donde tenían toda clase de
víveres, resguardadas por centinelas.
Te voy a mostrar los nidos,
me dijo mi protectora con la que, a medida que el tiempo avanzaba se
advertía que tomábamos más confianza.
Entramos en un túnel deteniéndonos en un
lugar lleno de huevos. Las Reinas. Las obreras cuidaban de sus hijos que eran
sólo huevos y sus nodrizas velaban por
ellas con devoción moviéndolas constantemente y protegiéndolas de todo peligro, En un rincón del nido había
unos puntos que se movían.
-Esas son nuestras
larvas, indicó
El ambiente estaba convulsionado y las obreras
manifestaban un nerviosismo innato. Le
pregunté a mi protectora qué pasaba. Ella me respondió.
-¡Son las fiestas nupciales!
-¿Fiestas nupciales?
- Sí, insistió ella. Hoy se casan todas las reinas que hasta ayer eran
ninfas, De larvas pasaron a ninfas y
ahora, ya son adultas.
En ese momento llegó otra hormiga muy dinámica, yo diría
hiperquinética, estaba muy acicaladita, se sonrió y le dijo a mi guardiana.
- Ahora yo tomo el cargo de esta
pequeña monstruo.-
Dando vueltas sobre sus patas
posteriores, caminó graciosamente,
moviendo notablemente su parte abdominal.
-Ya debes tener hambre me dijo.
Te llevaré a beber leche.
-¿Leche?...Exclamé. -Sí. Respondió ella. -Sígueme manifestó,
mientras caminábamos por unas galerías
se presentó. Yo me llamo Rufi Barbis, pero me dicen Rufi. No lo olvides,
recalcó.
-No, no olvidaré tu nombre, le respondí.
Su excesiva actividad me hizo despertar del letargo que me estaba produciendo ese mundo extraño en que me encontraba. Seguimos caminando hasta llegar a unos corrales, con
asombre vi unos enormes animales a los que estaban lechando. Yo recordé mis vacas y estaba a punto de llorar cuando
Rufi me habló, intempestivamente,
llamándome a saborear la rica leche.
-Estos son pulgones que
nosotras cuidamos y forman parte de nuestro ganado, ellos nos dan de veinte a cuarenta gotas de leche por hora.
Yo estaba fascinada con todo esto que veía un
centenar de hormigas pastoras estaban encargadas de cuidar estos animales, como
ellas les llamaban, llenaban sus bolsas
abdominales con esta secreción anal y luego alimentaban a otras hormigas y con
este afán pasaban el día en un ir y venir.
Yo también tomé el exquisito líquido meloso. Cuando terminé
de saborearlo Rufi me limpió y ordenó mi pelo. Estuvo largo rato acicalándome.
Después se limpió ella y se arregló como
si fuera a una fiesta.
-Vamos por acá- me dijo.
Y tomamos otros caminos subterráneos, también
muy obscuros que me impedía caminar, llegamos donde las hormigas
hilanderas. Las ninfas hacían los más hermosos tejidos uniendo hojas y
pétalos de flores con un líquido especial que segregaban ellas mismas, con el
que podían tejer diversas cosas.
-Te haremos un hermoso vestido, me dijo. Y muy
pronto, se comunicó con las hormigas hilanderas tocando sus antenas y
obsequiándolas de la rica leche que llevaba en su buche o bolsa abdominal.
No había terminado de alimentar
a la última hormiga, cuando una le
entregó una tela de color fucsia, Rufi la tomó dando unas vueltas en el aire,
demostrando su alegría, corrió hasta mí.
-Tu vestido- me dijo.
Yo la miré extasiada, era tan hermoso y fino que no supe qué decir.
Entonces ella me sacó de mi perplejidad.
-¡Póntelo!... ¡Póntelo!...
Exclamó...
Me ayudó a colocármelo, observó la excelente
presentación que proyectaba y salimos de allí apresuradas.
-¡Ahora, vamos a las bodas!
-Balbuceó.
Yo no entendía de qué se trataba, pero sí se observaba un
gran movimiento dentro del hormiguero. Las
ninfas, en su estado de adultas, estaban
todas reunidas en fila, con sus cuatro finos y blancos velos, que hacían
las veces de alas y les servían en el vuelo nupcial. Sus nodrizas las cuidaban
prolijamente dando los últimos retoques. Algunas obreras, más precavidas, que tenían
como profesión la jardinería,
fuera de ser nodrizas, les entregaron a sus novias semillas de hongos y setas para que los cultivaran en su nuevo Reino que
ellas iban a formar una vez que salieran
de su hormiguero materno y las hormigas pastoras regalaron a sus
novias huevos de pulgones, los que
podían cuidar y formar su propio establo.
Pero otras novias iban desprovistas
de todo, contando sólo con la provisión
de su buche. Entre un ir y venir de las
obreras, como también de las porteras y trabajadoras de diferentes oficios, el
ambiente era de un gran nerviosismo, pero, una vez que las novias estuvieron
preparadas, comenzó el desfile hacia la superficie, todo estaba muy
convulsionado, yo observaba esta ceremonia jamás vista.
En una oportunidad yo me había
inquietado por la vida de las hormigas, pero sólo fue una inquietud y no hice
nada por investigar o saber algo más de ellas, Ahora estaba allí,
en un hormiguero, viendo como o
mejor dicho viviendo como uno de estos insectos, desconociendo totalmente sus
costumbres y aprendiendo directamente todo lo concerniente a ellas.
Pasó el cortejo nupcial, seguidas las novias por un sin número de novios, tan ataviados como las primeras.
Yo los observaba ensimismada sin saber qué decir de este mundo tan fantasioso
en que me encontraba. Cuando terminó de
pasar toda la comitiva, Rufi se quedó muy alegre conmigo.
-Ahora, esperaremos los
acontecimientos. Boda y muerte en un mismo día. - Manifestó.
-¿Por qué muerte?- Le pregunté.
Se rió sarcásticamente y luego
dijo. - Todos esos apuestos novios morirán...
-¿Morirán?- Repetí.
¿Y por qué?
-Es natural, repuso. -¿No te has preguntado por qué andamos todas
de negro? - Nuestras Reinas quedan
viudas al primer instante.
-Pero, ¿Por qué? -Insistí.
-Una vez que llegan las novias a
la superficie emprenden el vuelo y son seguidas por sus novios... Como ellas
son más ágiles y resistentes, cuando son alcanzadas por sus galanes, éstos
caen inertes, sin vida... Su corazón les deja de latir y mueren.
-Entonces, ¿Acá sólo viven
Reinas?
-Sí, sólo viven Reinas y
nosotras las obreras. Hay varias Reinas, todas ellas ponen, pero es una sola la
que manda. O sea una sola Reina.
Al cabo de unos minutos pasaron varias obreras con
una novia desvanecida. Le sacaron sus velos que habían hecho las veces de alas en su vuelo nupcial y luego
la llevaron a una celda.
Le pregunté a Rufi,
impresionada: ¿Qué pasa?
-Son las novias después de la
boda.
-¡Pero ellas tenían que
irse!- Rufi se rió, sólo algunas, -Me
dijo;
-¿Cómo que algunas?- Sí, las que caen cerca de nuestro hormiguero
son tomadas prisioneras, por mandato de nuestra Reina, porque así tendremos más ponedoras
y nuestro Reino llegará a ser más poderoso.
Íbamos conversando cuando
llegamos hasta los nidos, donde las nodrizas
cuidaban, de la forma más prolija de los huevos y las larvas.
Platicábamos entretenidamente, cuando, desde una de las paredes emergió una hormiga muy pequeña y como un relámpago,
tomó unas larvas regresando por el mismo
agujero por el que había aparecido.
Yo me quedé con los ojos muy
abiertos después de haber observado esta piratería y no
grité porque la impresión me anuló la
voz. Luego de salir de mi estupor, le pregunté a Rufi. -¿Pero que es eso?-
-Se ha llevado unas larvas de nuestro
nido, respondió. Luego me explicó.
Son grupos de hormigas parásitas ladronas, como son tan
pequeñas no podemos darles alcance
porque no cabemos por sus galerías. Son como fantasmas, aparecen donde menos
uno lo piensa.
En forma inmediata
las nodrizas tomaron todas sus
crías para cambiarlas de nido ya que
éste había sido descubierto por las ladronas.
Salíamos de allí cuando vi pasar nuevamente otra novia
sin velos y totalmente desmayada, las obreras la introdujeron en otra celda, yo había contado más de diez
novias secuestradas, pero Rufi me dijo
que seguramente aprisionarían muchas más.
Después de un largo lapso la
primera novia que había sido apresada se dio cuenta de su situación, entonces
reclamó, gritó, protestó y lloró, pero
de nada le valió. Ella debió quedarse allí por el resto de su vida. Las obreras
que le fueron asignadas la consolaban con mucho cariño, alimentándola con los
mejores manjares que le llevaban en su bolsa abdominal, donde conservaban sus
alimentos intactos.
Salimos de allí pasando por el aposento de la Reina. Como su
puerta estaba abierta y salían y entraban obreras, ella nos llamó. Al instante
Rufi le hizo unas reverencias y adulaciones, expresándole con una sonrisa su
gran afecto y cariño.
La Reina se sintió muy agasajada y su rostro se llenó de
felicidad.
-Tú dices que te llamas Li. -Me interpeló.
Yo asentí con la cabeza. -Pero para nosotras eres un pequeño
monstruo, manifestó.
-Me sentí muy ofendida, pero guardé silencio. La Reina tomó
asiento y las obreras terminaron de trasladar a un lugar más cerrado los últimos huevos que recién había terminado
de poner. Yo aún estaba impresionada con
la captura de las jóvenes reinas y ella pareció adivinar mi pensamiento.
-Esto es para conservar nuestro Imperio, me dijo sin que yo
le preguntara nada.
-Siéntate, pequeño monstruo. Exclamó en tono de afecto y
amistad.
-Entonces di un paso al frente y me acomodé en un grano de
arena.
-Te voy a contar cómo lo hice yo para poder llegar a ser
Reina.
-Era la misma pregunta que yo me estaba haciendo, pero sólo
la tenía en mis pensamientos. Ella tuvo el don de captar hasta lo que yo
pensaba. Estaba muy intrigada con ese mundo tan fastuoso y con una organización
tan exacta y lo que más admiraba era el amor, bondad, cariño, comprensión que
emanaba de cada una de ellas, además el gran respeto que existía entre
todas, se sentía una armonía espontánea
por todo el hormiguero.
-“Cuando yo era una Reina joven” - Comenzó diciendo la Reina madre. Luego
continuó.
Nos arreglaron a todas las novias. Con velos nupciales y toda una gran
ceremonia. Una vez que salimos del hormiguero, yo emprendí el vuelo lo más lejos que pude, al instante me
siguieron cinco arrogantes novios, después
de contraer matrimonio en pleno vuelo con los cinco desposados, ellos,
con la agitada danza nupcial, cayeron exánimes a tierra, uno a uno, perdiendo la vida, quedando allí entre sus velos nupciales,
olvidados en el recuerdo. Entonces yo volé
lo más que pude, para descender a tierra lo más lejos de mi hormiguero,
me oculté en la hierba, cortando mis cuatro alas o mejor dicho me despojé de mi traje de novia, quedándome totalmente
de negro. Después de perforar un orificio en el suelo donde
prácticamente me sepulté en un lugar muy
estrecho, lo que consideré como una
adquisición de un cuarto subterráneo. No
llevaba nada conmigo fuera del buche
social con un poco de rocío meloso, en
lo que se refiere a alimento...
Estaba totalmente sola para fundar mi propio Reino una nueva
colonia. Empecé a depositar mis huevos
y anidarlos uno a uno hasta que
pronto los primeros se transformaron en larvas y éstas se fueron tejiendo su
propio capullo. Pero, ¿Quién los alimentaba si me encontraba en una celda
totalmente cerrada? ¡Sin obreras! Contando sólo conmigo misma. Ya les había
dado todo lo que poseía en mi bolsa abdominal, sólo contaba con un poco de humedad de la celda,
lo que era muy favorable a mis condiciones, pero. Cuando habían pasado seis
meses sin comer y sin poder alimentar a mis huevos y a las ya convertidas en
larvas, empezó mi tragedia. Me había convertido en un esqueleto, casi a punto
de morir y mi muerte habría aniquilado
todo el porvenir de esta nueva colonia
que yo misma había comenzado.
-La reina guardó silencio. Yo la miré preguntando para mí.
¿Qué hizo? -Como respondiendo a mis pensamientos, suspiró profundo, como si un
dolor la aquejara, entonces dijo.
-Y resolví comerme
uno o dos de mis huevos, lo que me dio fuerzas para seguir poniendo tres o
cuatro. Y así tuve que hacerlo... Poner
cuatro huevos y comerme dos. . .Fue la única manera de aventajar a la muerte.
Así estuve durante un año, hasta que al final, ya salieron mis tres primeras
obreritas, débil por su mala alimentación desde que estuvieron
en el huevo, pero con esfuerzo perforaron las paredes de mi celda y salieron en
busca de los primeros víveres para alimentarnos.
Desde ese día yo dejé de trabajar y sólo me dediqué a dar
órdenes y poner mis huevos... Lentamente fueron saliendo otras obreras que, a
su vez cuidaban de los nidos alimentándolos y preocupándose de todo el quehacer de nuestra colonia. Desde
entonces todo cambió de año en año nuestras galerías fueron creciendo y nuestra
población aumentando.
-Yo quise preguntar cuánto tiempo llevaba en eso, o sea,
reinado esta colonia, pero no tuve tiempo de decir nada, porque la respuesta
vino al instante.
Llevo diez años. Me dijo: Y repitió ¡diez años! Ya me queda poca
vida, puedo vivir hasta los doce años, pero también puedo morir en cualquier
momento. . . Como ves, dijo: Mirándome, yo fui muy valiente y volé mucho para
no ser apresada por mi colonia madre. . .
Yo quería ser Reina de mi propio Imperio, porque como ves esto ya es un
imperio y albergo a hormigas de otras
especies.
Yo la escuchaba atentamente y sentí gran admiración por ella y a la vez, sentí
pena de saber que pronto tendría que morir
por la edad que tenía.
La Reina se quedó en
sus aposentos y Rufi salió conmigo por
las galerías. En una celda había varias
hormigas arreglándose, que parecían disfrazadas, yo iba a preguntar a Rufi, pero ésta no me dejó tiempo para hacerlo
y me explicó.
-Son soldados conserjes o porteras del nido. Ellas adquieren el color de la región que las alberga o del
punto donde se colocan como centinelas.
Pero todas tenían un distintivo diferente. Al hacer yo esta
observación, Rufi me siguió explicando.
Fíjate bien, dijo.
Está El o La Portera, la semis portera, portera suplente, candidata a portera y
portera aficionada.
Las miré una a una cómo se arreglaban y seguimos por las
galerías subterráneas. No podía salir de mi asombro con todo lo que había
visto. Yo quería hacer preguntas y más
preguntas, pero Rufi no me dejaba. No pude comprender por qué medio tan
especial captaban todo lo que yo quería
preguntar, pero sí pude darme cuenta que todo su poder
lo tenían en esas cuatro antenitas, especialmente para comunicarse entre
ellas y captar el sendero. Eran casi
ciegas, pero por medio de las antenas
superaban cualquier obstáculo a su paso.
En todo el mundo somos algo así como ocho mil especies
distribuidas en diferentes lugares.
Manifestó.
-Y tú. ¿Vives tanto como la Reina? -Le pregunté. Fue
sorprendente para mí haber podido hacer la pregunta, ya que rufi era tan espontánea y rápida en instruir mis ideas que no me dejaba lugar
a hacer preguntas.
-No. . . No. . . Me respondió.
Tú sabes, la Reina vive entre diez y doce años, pero
nosotras no más de cuatro. . . Trabajamos mucho y eso nos produce un gran
desgaste, imagínate, somos muy resistentes. Yo ya tengo tres años y medio. ¡Si
me hubieras conocido antes! Cuando era joven. Pasé por muchas cosas, hasta fui apresada por los monstruos.
-Terminó diciendo.
A mí me dio un escalofrío, pero pronto recordé que los
monstruos para ellas éramos nosotros los humanos.
-Siendo muy joven. . .
-Continuó relatando.- Me
apresaron y me tuvieron ocho días bajo el agua. . . Sí, lo que estoy contando es así, soporté y
sufrí. Después de ocho días, ya casi
totalmente ahogada, me sacaron de la cubeta y me alimentaron, observándome día
a día por unos anteojos con un vidrio enorme. . . Felizmente, me daban buenos
alimentos, con lo que me repuse pronto,
yo tuve la precaución de almacenar lo que más pude en mi buche o buche
social, y de pronto me dejaron encerrada en una caja de madera, sin nada. .
. Allí permanecí por tres meses, mi
alimento de reserva ya casi se me había terminado, entonces, cero que estaba a
punto de morir, pero, aún así, yo estoy segura que habría soportado tres meses
más. . .
Nuevamente me
alimentaron hasta reponerme del todo. Yo volví
a guardar alimentos en mi bolsa. . . No les había bastado todo lo que
habían hecho conmigo, me depositaron en otra caja, pero ahora con otras
hormigas de diferentes especies, entre ellas una dorilina que habita en el
Brasil, México, y África. . . Son grandes y arrasan con todo. Entonces, con sus
grandes molares, empezó a carcomer la caja que era de una madera blanda. .
. Al percatarse de esto, los monstruos
nos trasladaron a un tiesto de vidrio, entonces la Dorilina cargó contra sus propias compañeras. . . Yo estaba aterrada, aislándome en un rincón, sin saber cuál sería mi
destino.
El monstruo no tuvo otra alternativa que sacar de allí a la Dorilina, quién mordió con sus enormes
mandíbulas, sacándole un pedazo de la mano. . .
Y estoy segura que si no la exterminan, la Dorilina habría terminado por comerse al monstruo. En
reemplazo de ésta colocó otras hormigas
en la caja y empezó nuestro calvario. Muy pronto a algunas se les terminó la reserva alimenticia. Yo corrí a proporcionarles alimentos a varias.
Además como puedes ver, mi carácter es alegre y espontáneo. Entonces yo les daba
valor y nos ayudábamos unas con otras,
pero también había
algunas egoístas y cuando se vieron prácticamente derrotadas ante la muerte, procedieron al canibalismo,
dando muerte a tres de nuestras compañeras. . . Todas estábamos abatidas y no podíamos defender a las víctimas, entonces, cuando ocurrió este hecho, vino el
monstruo y nos liberó.
Yo,
aún con muy pocas fuerzas, corrí lo más que pude hasta esconderme entre las
hojas que mucho me costó encontrar, porque estábamos en una construcción sólida. Caminé sin rumbo,
llegué a una playa y mi alimento fueron restos de pescado y mariscos. Subí a un
barco y me adentré en las bodegas donde pude almacenar azúcar en mi buche. . .
Pasado algún tiempo, después de haber navegado como dos meses, atracamos en un
puerto, donde descargaron el azúcar. Cuando limpiaron las bodegas yo salí corriendo, antes que los
monstruos terminaran conmigo. Entonces
caminé mucho por una zona con árboles, flores, y arbustos, anduve largo
tiempo en busca de un hogar, hasta que llegué a este hormiguero.
-Yo la miré, y le pregunté. -¿pero cómo pudiste formar parte
de esta familia si eres tan distinta?
-Eso no fue fácil, me
respondió. Las porteras eran implacables, pero yo traía mi buche repleto de
excelentes manjares azucarados, que
compartí con ellas y así, poco a poco, me fueron aceptando hasta que pude
entrar.
Pero eso no era todo, Yo la miraba realmente extasiada
escuchándola, entonces ella siguió:
-Entré por las
galerías y llegué hasta la Reina. Quién me dijo: -¡Eres intrusa! ¿Qué haces
aquí?
Entonces yo le hice una gran reverencia y le ofrecí todo el
alimento que me quedaba. La Reina lo aceptó, encontrándolo exquisito.
“Yo seré una de tus guardianas, Mi Reina,” Le dije. Yo
cuidaré de ti en todo momento. Le
manifesté. Entonces ella me aceptó y llevo
aquí dos años y medio.
-¿Por eso eres tan diferente? -Le pregunté.
-Sí como puedes ver, el resto de la familia es más parca,
pero yo no sé si te habrás dado cuenta que no soy la única extranjera, también
hay otras diferentes a mí y diferentes a
la Reina.
Seguimos caminando
por las galerías, cuando nos percatamos
de un ruido ensordecedor. -¡Son guerreras! Exclamó Rufi.
Y, luego, gritos por todas las galerías. ¡Guerra!
¡. . .Guerra. . .! Y todas corrían. En pocos segundos el nido se vio totalmente convulsionado, entrando
unas centinelas que manifestaron se trataba sólo de un centenar. Rufi, recuperada del pánico,
me dijo:
-Nosotras somos cinco mil.
-Las nodrizas se aferraron a sus bebés para proporcionarles
toda su protección, el resto, sin ser
guerreras, tomaron sus lanzas y formaron escuadrones, quedándose alerta, todas
marcharon, mientras otras daban órdenes, el ruido era ensordecedor. Salieron
los primeros escuadrones. Yo me quedé con Rufi, pero ésta no podía
controlar sus nervios por no poder ir a la guerra a defender la colonia.
Como estaba tan impaciente, me llevó a la celda de la reina, dejándome en la
antesala, corrió hasta la entrada con una lanza. Al cabo de unos momentos
volvieron los escuadrones. . . “Se han
ido en retirada, sólo era un centenar”
Oí que decían, pero traían a tres hormigas heridas sin gravedad, las
cuidaron y alimentaron hasta que se repusieron. En ese momento regresaba Rufi,
cansada y agitada. .
-Se fueron en retirada, manifestó contenta. -¿Sabes. . .?
Las hormigas guerreras son realmente terribles, tienen hasta dos corridas de
mandíbulas, pueden despedazar al enemigo
de un solo golpe. Sus costumbres bélicas
son diversas, tienen las guerras abiertas, ataques relámpagos, levantamientos en masa,
acechanzas, emboscadas sorpresas. Están sabiamente organizadas en el aspecto
bélico, que son admirables. No te sigo explicando, porque parece que el tema de
la guerra te aburre.
-Sí, sí. . . - Le contesté, mientras bostezaba estaba realmente cansada.
-Entonces pasemos donde la reina, me dijo: Abriendo la
puerta contigua. Entramos al salón Real.
Nuevamente las reverencias a la
Soberana, luego dijo.
-Este pequeño monstruo desea su libertad, majestad. -La miré
sorprendida, aún no me podía acostumbrar
a la idea que sabía todo lo que yo pensaba. La Reina, muy altiva,
respondió.
-¡Llévala a la superficie. . .! Y cuando estén allí, le das
una gota de este brebaje, dijo, entregándole un objeto pequeño a Rufi.
Corrimos por las galerías yo olvidé mi cansancio y todo, pero
antes, hice una reverencia a su Excelencia, di las gracias, un grato ¡adiós! Y
corrí buscando la salida, seguida por Rufi. Al llegar a la superficie, respiré
el aire puro y perfumado del bosque. Rufi me miró, me entregó mi ropa y me
dijo.
-Pequeña Li, ha sido muy hermoso compartir todo este tiempo
contigo.
Yo sentí su voz quebrada y mi corazón pareció apretárseme. .
.
-¡Yo también. . .! - Le respondí: ¡Te echaré
mucho de menos!
-También yo deseo para ti, Pequeña Li, lo mejor de tu mundo.
Rufi, querida, no llores, que me darás mucha pena. . .
-No . . . No. . . Yo no lloraré. . . Pero, instintivamente,
se llevó la mano a sus grandes ojos, con la otra me dio una gota del brebaje a
tomar. Lo recibí y lo tomé, mientras lo
bebía rodaron lágrimas por mis mejillas y sentí cómo me empecé a alejar de
rufi, perdiéndola de vista, dejándola en
un punto hasta que ya no la vi. . .
Nuevamente me encontré en el suelo, llorando por la
desgracia de mi perro Jonás. ¿Había soñado? O realmente viví en el mundo de las
hormigas, suspiré profundo y pensé ¡Qué mundo tan maravilloso! ¿Cuantas cosas
tenemos que aprender a veces de un insecto tan minúsculo, y tan grande en su
organización? En su amor, en su grandeza en su inteligencia, vivir con ellas,
las hormigas, fue hermoso, mi alma se llenó de una fuerza especial, un recuerdo
que llevaría con migo para siempre, especialmente el recuerdo de mi gran amiga
Rufi, Dinámica, alegre, positiva, comprensiva, un tanto hiperquinética, la
amistad que me brindó, aún siendo su prisionera, fue algo divino, jamás podría
olvidar “El mundo de las hormigas”
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JONAS VUELVE
La mañana estaba fría, miré el patio mojado, y sus árboles,
desposeídos de sus hojas. Desnudos al viento, al frío a la intemperie, como un
niño pobre sin hogar sin familia deambulando por las calles, tanto de día como
de noche, pero ellos los árboles sin su
hermoso ropaje, estaban ahí aferrados a su tierra que los sostenían junto a
nosotros que los contemplábamos en un ir y venir, esperando una primavera más
para que se vistieran de gala. Sus ramas caídas dejando pasar la lluvia parecían ahondar más mi tristeza. Un ruido me
distrajo y miré hacia el portón.
-¡No puede ser. . .¡Jonás. . .! Salí corriendo y gritando.
¡Mi perrito. . .! ¡Mi perrito lindo!
Caminaba lento y su cuerpo mojado tiritaba incesantemente.
Lo abracé y él gimiendo, lamió mis manos,
moviendo su cola de alegría. ¡Se había salvado de la corriente y de las
turbulentas aguas del riachuelo, ¡había
vuelto. . .! Mi alegría era incontrolable.
-¡Mamá Bella!. . . Grité
¡Jonás ha vuelto. . .! Le di comida y muy pronto Jonás corrió junto a mí por los campos.
EN LA
ESCUELA
La campana sonó sorpresivamente y todas las niñas
salieron corriendo al recreo. La profesora,
señorita Marta, me colocó la mano en el hombre diciéndome. ¿Cómo estás, Li?
-Bien, Señorita- Le contesté.
-Y, ¿Has leído más cuentos?
-No, le respondí.
-Y, ¿Te gustaría leer uno?
-Sí, Señorita, le respondí, e inconscientemente di un salto
y la miré pletórica de alegría. Entonces ella sacó de su carpeta un libro y me
lo entregó.
-¿Gracias, Señorita?. . .
Y salí corriendo al patio, donde todas las niñas de la Escuela estaban
corriendo y saltando de un lado a otro, o jugando al luche, o cualquier otro
juego.
Me ubiqué en una esquina sombría y apartada, del resto de
mis compañeras abrí el libro y leí su título, “La paloma del rey”.
Solo me faltaban algunas líneas para terminarlo cuando nuevamente sonó la campana para volver a clases, me apresuré
y corrí, cuando ya no quedaba nadie a mí alrededor. Pasé por las salas escuchando el vocerío del
alumnado. Entré en silencio y en ese momento la Señorita Marta, que estaba en
su escritorio, levantó la vista, me miró con una sonrisa, sin decirme nada, fue
hasta mi pupitre, donde tomé asiento, buscando mi cuaderno correspondiente a la
clase.
LA PALOMA
DEL REY (Cuento)
Había una vez una paloma que feliz y contenta volaba por los
bosques. Pero un día llegaron hasta sus
oídos unos lamentos que consternaron su corazón. Entonces, la paloma voló y
voló hacia el lugar de donde venían esos lamentos, encontrándose frente a un
hermoso castillo.
Subió hasta la torre y allí, encerrado, se hallaba un pobre
hombre llorando amargamente.
-¿Por qué lloras, buen hombre? -le preguntó la paloma.
-Lloro porque el rey me va a matar. Respondió el hombre.
Entonces, la buena paloma no hizo más preguntas y empezó a
ingeniárselas para abrir la puerta que era de barrotes, cargada por fuera con
un soporte. La paloma advirtió que si se posaba en el extremo de éste, el
soporte se desprendería y el hombre estaría libre. Así lo hizo y en el mismo
instante en que el soporte cedió, el hombre abrió la puerta y salió corriendo.
La paloma regresó al bosque de donde
había venido.
Había pasado algún tiempo y un día, en el bosque a orillas
del camino, estaba la paloma cantando, cuando pasó un hombre. Al percatarse la
dócil ave de que era el mismo hombre al que tiempo atrás ella había salvado de la prisión, se quedó en
el mismo árbol para saludarlo. Lamentablemente, el individuo, apenas divisó al
buen pajarito, tomó una piedra del suelo y se la lanzó, ésta
emprendió el vuelo hacia una rama más alta, aún incrédula de lo que
estaba viendo. Acto seguido, el hombre buscó más piedras y llenándose las manos
de ellas, empecinado, lanzó una tras otra. La paloma, muy triste, abrió sus alas y emprendió el vuelo muy lejos de
allí.
Pero no pasó mucho tiempo cuando, un día, la paloma escuchó
los mismos lamentos que la vez anterior, vaciló un instante y luego se dirigió
al castillo. Allí estaba el hombre
llorando, encerrado en la torre.
-¡Sácame de aquí, palomita!-
Le suplicó.
Ella lo miró movió su cabecita ingenua, caminó, voló
alrededor de la puerta de barrotes y el hombre, desesperado, empezó a llorar más
fuerte.
-¡Sácame de aquí, palomita! - Le gritaba tendido en el suelo
con las manos hacia arriba y sus ojos llenos de lágrimas, no cesaba de
implorar.
Entonces, la paloma de un vuelo se posó en el extremo del
soporte y la puerta se abrió: nuevamente el hombre salió corriendo.
Una tarde, el hombre pasaba por un castillo y sintió el
arrullo de una paloma, pero era un arrullar muy triste. Se acercó y vio que la
paloma yacía prisionera, en una jaula
de oro. Cuando el ave vio al hombre se alegró, porque si ella lo había salvado dos veces. ¿Por
qué él no la iba a salvar? Pero el cruel
hombre tomó a la débil paloma y se la llevó.
Al percatarse los
guardias del Rey que la hermosa paloma
había desaparecido, que había sido robada, emprendieron la búsqueda del
culpable, encontrándolo a orillas de un estero, donde había preparado la paloma
asada. Lo tomaron lo llevaron prisionero ante el Rey. Este muy molesto, dio la
pena de muerte al cruel hombre que tan vilmente le había arrebatado su ave más
preciosa y preciada.
EPILOGO
Cuenta la historia que el hombre fue enterrado en la
cima de un cero y qué desde muy lejos se divisaba la cruz y sobre ella, un ave
que cantaba muy hermoso, pero a la vez muy triste, que hacía llorar a todas las
personas que tenían la dicha de escucharla. . .
Fin
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EL CARBÓN
Y LA TIZA
La profesora nos dijo
que lleváramos un brasero para el día de San Luis, por ser el onomástico de la
Directora. Le haríamos unas onces y un saludo especial. Algunos le recitaríamos
y bailaríamos, después de esta gran alegría. La señora Directora estaba muy emocionada, con muchos ramos de
flores y pequeños regalos adornados con cintas de colores. Ya se habían ido
casi todos los niños, yo debí quedarme hasta el final, por ser semanera, pero
mi otra compañera no había venido porque estaba enferma de influenza. Me quedé sola en la sala, con la escoba en la
mano. Me senté un rato y allí me quedé en un rincón descansando.
___________
De pronto veo que desde la mesa la
tiza se levanta iracunda, con voz aguda de mujer, insultando a un trozo de
carbón que quedaba en el bracero.-¿Qué hace
este negro aquí? - Le decía.
-Yo soy la tiza y sirvo para escribir, paseándose sobre la
mesa en ademán altivo y autoritario.
El carbón, que yacía entre la ceniza, al sentirse insultado
se levantó también iracundo, de un salto subió a la mesa y con voz ronca
exclamó:
¡Me insultas porque soy negro!. . . -Sí, soy negro y yo
escribo en el pizarrón blanco y tú eres blanca, pero escribes en un pizarrón
negro le dijo.
Entonces la tiza no supo qué decir. Después de pensar un
rato, respondió.
-¡Sí. . . Pero yo le enseño a escribir a los niños. . .!
-Bueno, le respondió el carbón, Yo también les puedo enseñar
a escribir a los niños, y les proporciono calor para que no tengan frío y preparen sus
comidas.
-Sí, dijo la tiza. -Pero luego te conviertes en ceniza.
El carbón respondió:
-¡Y tú, en polvo!
Al escuchar esto, la tiza empezó a llorar amargamente. Entonces el carbón se enterneció y la consoló
diciéndole.
-¡No llores! Tú polvo
y yo ceniza, estaremos iguales. . . Y podremos vagar por el aire sin que nadie
nos detenga. . . Libres al viento, libres en el aire, bajo el sol, en
la lluvia, sólo seremos polvo que
pasaremos inadvertidos para los demás. Pero tú y yo ya no seremos
diferentes, sólo seremos polvo.
“Sólo seremos
polvo”
Pero, ¡Qué raro!
Como me pude quedar dormida inadvertida, fue como haber visto una película, o
bien sólo fue un pensamiento. Fui hasta la mesa, tomé la tiza que yacía intacta y la dejé en el pizarrón: cosa
curiosa, encima de la mesa también había un trozo de carbón, lo tomé y lo dejé en el brasero.
Barrí la sala lo más rápido que pude, tomé mis libros y
corrí a casa pensando, siempre pensando en la tiza y en el carbón.
NACE UNA
ESCUELA
Empezábamos la clase
y todas rumoreaban que nuestra Escuela se fusionaría con la escuela de hombres.
Y para eso se haría un acto, en el que algunas niñas bailarían, recitarían y
cantarían.
Fui a la sala de ensayos donde se preparaban los números
para el acto. Una niña de curso superior estaba bailando español. Cuando terminó se sentó a mi lado para observar el siguiente número.
-¡Es lindo tu baile! -Le manifesté.
-Sí. Me respondió, pero no tengo traje de española.
-Traje de baile español, me quedé pensando.
-Luego ella, manifestó. No sé a quién pedirle un traje de baile español
para que le dé más realce a mi presentación.
-¿Sabes? Mamá Bella tiene uno, ¿Por qué no se lo pides?
¿En serio?. . . Me respondió.
-sí. . . seguro que sí. Mamá Bella tiene un vestido de baile
español muy lindo y además una pandereta, y castañuelas.
-¡Vamos entonces, a
hablar con tu mamá!.
Le pedimos permiso a
la señorita marta y corrimos hasta mi casa. Mamá bella se extrañó de vernos, pero al explicarle movió la cabeza
y subimos al desván, abrió el baúl y
extrajo el vestido arrugado y con olor a húmedo.
-Este es el vestido de española, dijo:
Mi compañera Maritza
lo tomó, extasiada, dándole vueltas entre sus manos contemplando el conjunto de
vuelos, y más vuelos, luego mamá Bella
le entregó las castañuelas junto con la pandereta.
-¿Los puedo llevar? -
preguntó Maritza.
-Si te sirven, llévalos y que tengas una hermosa
presentación en tu baile.
-Bailaré flamenco, gracias Sra. Bella, Muchas gracias, me ha
hecho un favor muy grande.
-Regresamos a la
escuela muy contentas. Teníamos lo principal. Una vez allí observamos
que todo estaba convulsionado, porque todas las alumnas participaban preparando
el gran acontecimiento.
Esa mañana nos formaron a todas en el patio y llegaron los
niños, formados, quienes fueron tomando lugar al lado de los respectivos cursos
de las niñas. Una vez que todos estuvieron bien alineados, se izó la bandera y
cantamos la Canción nacional. Algunos padres ocupaban las galerías estaban muy emocionados por este cambio, ya
que desde ese día estarían para siempre las dos escuelas juntas, dando origen a
una nueva escuela mixta. Después
hablaron nuestra Directora y el
Director de la otra Escuela y luego se realizó el acto. Yo sólo quería
ver el baile de Maritza, a quién
aplaudieron y felicitaron, porque realmente se destacó en su actuación. Todos
estábamos conscientes que nuestra escuela ya no sería más escuela número once.
PREGUNTAS DE FAMILIA
Cuando regresamos a casa con el vestido, le pregunté a mamá
Bella.
-¿De quién es este vestido?
-Parece que te dije, Li, hace ya tiempo.
-Seguramente, pero ya no recuerdo, le respondí.
-Es de Sara. . .
-Y quién es Sara.
-La hermana de Simón. -¿Y quién es Simón?
-¡Simón! Dijo mamá
Bella, dando un suspiro profundo.
Maritza, se sintió inquieta frente a estas preguntas y,
dando gracias por el vestido, se despidió y se fue. Yo miré a Mamá Bella esperando que me siguiera contando de Simón.
Estaba sentada, en sus manos tenía el vestido, las castañuelas y la pandereta
habían quedado sobre la mesa.
-Simón era mi esposo, que falleció hace muchos años, su muerte fue muy repentina. Yo era muy joven aún y
prácticamente estábamos recién casados. Luego
nació mi hijo tu padre, que no
tuvo la dicha de conocer a su padre. Sólo conoce su retrato que se encuentra
ahí, en el comedor, sobre el armario. . . ahí está Simón, con sus bigotes y su pelo engominado
peinado hacia atrás. Por eso no me gusta hablar de él, las cosas tristes hay
que olvidarlas. Terminó diciendo mamá Bella
-Y ¿quién es la tía Sara?
Sara es hermana de Simón. Regresó a España, de donde había
venido.
¿Y por qué regresó? Esa es una historia muy pero muy triste.
Con todas estas confidencias que me hacía mamá Bella sentí
un deseo enorme de decirle entonces que ella era mi abuelita y yo quería saber
de mi mamá, pero no me atreví a mirarla
de frente y dándome muchas fuerzas le pregunté.
¿Y, donde está mi madre? Al hacer esta pregunta mi voz se
quebró y no pude contener las lágrimas. Entonces mamá Bella se dio cuenta de
cuán grande era mi dolor y abrazándome me acarició el cabello, rompiendo ella
también en sollozos, luego me dijo.
-Tu madre hace algunos años debió irse a un sanatorio, por
una afección pulmonar. Allí ella hace tejidos, los que posteriormente se venden
y con eso te envía algunos regalos.
-¡Sí, sí le respondí
contenta!.
Ahora yo entendía el misterio de la encomienda que justo
llegó para el cumpleaños de mi amiga Carolina, ¡nunca iba a olvidar ese
momento! Cuando recibí ese traje celeste, los zapatos azules, calcetines y el abrigo, aunque estábamos en primavera,
pero igual me quedaría para los días fríos. Todo fue muy lindo y yo fui muy
feliz, ahora que mamá Bella me contó lo referente a mi madre, consideré que
esto tenía un valor incalculable. Luego
le pregunté.
¿Y por qué no vamos a verla?
Yo quiero verla le insistí ansiosa.
-No, mi niña, su enfermedad es contagiosa y nosotros tenemos
que velar por tu salud y protegerte de todo.
Desde ese día cambió
para mí la imagen de mi madre, ¡Por fin! Me
había hablado de ella. Una alegría silenciosa embargó toda mi alma. ¡Mi
madre! Me dije una y mil veces. Llegada la noche me dormí con un grato
pensamiento de amor, cariño, dulzura hacia ese ser tan especial que me había
dado la vida.
Al día siguiente desperté aún con estos pensamientos y me
levanté de prisa. Llamé a papá, que ya
estaba en el patio, arreglando una cerca. Corrí
hacia él y le dije. ¡Papá, . . . Papá! Y lo abracé y besé.
Luego me fui a tomar el desayuno y al irme al colegio abracé a mamá Bella y la besé. Yo estaba muy triste,
pero tenía a papá y también a Mamá Bella,
sin considerar todos mis amigos de fantasía, como mi perro Jonás,
Gaspar, el espantapájaros, que no había visto desde el otoño, y toda mi
colección de cuentos, donde cada personaje tenía vida para mí. Entonces me sentí muy, pero muy feliz por tener tanto
amor.
En la escuela debimos compartir los asientos con nuestros
nuevos compañeros. Rara coincidencia que en el curso mío quedó
Víctor Guiñez, el niño de mi edad
que vivía en Los Boldos, el se sentó en
el mismo banco mío que era para dos.
- -¿Cómo está la vaca? Le pregunté.
-¿cuál vaca? -Me respondió en voz baja.
-La que te llevé el año pasado, con el becerro.
.¡Ah, sí. . .! Me contestó. El becerro ya es novillo y la
vaca ahora es mamá.
-¿Y tu mamá, la Sra. Mercedes?
-¡Bien! Me respondió.
-¿Y tu hermano Marcos?
-¿Y tu papá Victoriano?
-¡Bien!
La Señorita Marta nos
hizo callar y empezó la clase. Nos habló del descubrimiento de América por Cristóbal Colón el año 1942. Y las tres carabelas la pinta, la niña y la santa maría en que
salió del puerto de palos, desde España ayudado por la Reina Isabel.
________________
Una tarde de
nostalgia
La tarde estaba fría
y llevé a Carolina y Marisol mis dos muñecas al piso donde solía
sentarme, para jugar allí con ellas. Recordé
a mi amiga Carolina, la hija del Diplomático y nieta de la Sra. Virginia
Flandes. Ella había quedado de escribirme,
una segunda carta, yo le había
contestado después de recibir la cajita de música, pero no había obtenido
respuesta, esperaba con ansias su segunda carta.
Estaba sumida en mis pensamientos, jugando con las muñecas.
Mamá Bella, en sus quehaceres cotidianos, el perro Jonás ladraba de vez en
cuando en el patio, el fuego de la cocina hacía hervir las ollas y el gato
regalón de papá dormía en un rincón calentito.
De pronto se abrió la puerta y entró
papá muy preocupado, traía dos cartas en
sus manos, una venía abierta la otra estaba cerrada.
-¿Quién escribió?- Preguntó mamá Bella.
-Esta es para Li, respondió papá, entregándomela al
instante.
La recibí apresurada, la miré buscando el remitente, ¡Es de
Carolina! Manifesté, di vueltas gritando de alegría, ¡Es de Carolina! Papá Carolina me escribió nuevamente, Mamá Bella
Mira, Mira es carta de mi amiga de
Santiago.
Mi alegría fue desbordante, no podía creerlo. No me
preocupé de la carta de papá y subí corriendo
al dormitorio para estar sola y saber pronto lo que diría la carta. En el ángulo superior de la esquela, al
lado izquierdo, se leía “Santiago de Chile” y luego la fecha, a continuación,
Señorita Lindaúra San Martín. “Tralcamahuida”
“Mi Querida Amiga Pequeña Li.”
Después que te envié la caja de música, muchas veces tuve la intención de volverte a escribir o
mejor dicho contestar tu misiva donde me das las gracias por ese pequeño regalo
que bien te lo merecías, pero tanto mis estudios como también algunos cursos extras de idiomas
no me lo habían permitido, mi padre se irá como Embajador a uno de los Países
de Europa el próximo año, por lo tanto
eso nos tiene muy preocupados,
especialmente porque no sabemos si será a España, Francia, Inglaterra
Alemania. Por esta razón mamá y yo estamos estudiando idiomas, pero
antes viajaremos a las lagunas de hielo del sur de Chile. No sé si yo
pase algunos días a la casa de campo de la Abuela virginia, ocasión que tendré
para verte y saludar a tu familia y contarnos tantas cosas. Tengo muy buenos recuerdos de mi
estadía en ese lugar tan hermoso.
Recibe el cariño y
aprecio de tu amiga que no te ha olvidado. Carolina
Terminé de leer
mi carta, la doblé y en una
cajita que tenía donde yo guardaba sólo
mis cosas importantes, di un suspiro profundo, sentía una gran
satisfacción, una alegría incalculable.
Fui corriendo donde mamá Bella para
contarle de mi carta, pero me sorprendí tanto al verla sentada en un rincón como si estuviera desmayada.
-¿Qué
pasa, mamá Bella? Le pregunté. ¿Qué pasa?
-Mañana
viajaremos a la Ciudad. -¿A qué?
-
A ver a tu madre que está muy mal. -Me respondió.
Pese a lo que ella me estaba diciendo, sentí alegría de poder ir a verla, la iba a conocer e iba a
estar con ella. Mi madre pensé, mi corazón palpitaba acelerado, entonces mamá Bella
se levantó de su asiento precipitadamente y me dijo: Trae la plancha, la llenó de brasas y luego buscó
mi ropa. Yo corrí a prepararme para viajar al día siguiente,
Raquel entró en ese momento con un atado de leña para la cocina.
-Mañana
vamos a viajar, le dijo mamá Bella. Y tú
deberás quedarte en la casa.
Raquel hizo algunas preguntas. Que le fueron contestadas, todas referentes a la
casa y nuestro viaje.
LA PEQUEÑA
LI CONOCE A
SU MADRE
El edificio era alto, de gruesas paredes, a la entrada se
leía un enorme letrero: “Sanatorio de los Jesuitas” Una
religiosa salió a nuestro encuentro y nos llevó a un salón de espera. Allí estuvimos largo
rato. Mamá Bella se limpiaba sus
ojos a cada momento y papá en silencio,
se veía muy preocupado. Luego
regresó la monja y nos llevó a una galería, al final de ésta se divisaba una
silla de ruedas y en ella un pequeño bulto envuelto en un chalón, avanzamos y al estar cerca, la
monja nos detuvo.
-Hasta aquí. Nos dijo. Antes nos habían pasado unas
mascarillas para cada uno de nosotros, igual que ella. Entonces tomó la silla y la colocó frente a nosotros, un rostro demacrado y
moribundo chocó con nuestras miradas. La mujer levantó su opaca vista.
¡Mamá Bella! Manifestó y de sus ojos brotaron lágrimas,
luego me miró, manifestando con dulzura: ¡Mi pequeña Li! “Te he fallado” -Que
mamá Bella cuide de ti y te dé lo que yo no pude darte, como igualmente tu
papá, ellos cuidaran de ti.
Mientras tanto mamá Bella lloraba y lloraba
desesperadamente, la Reverenda, tomó a
mamá Bella y la llevó de regreso al
salón. Yo me quedé junto a papá e,
instintivamente, lo tomé de la mano, en
ese momento yo no sabía que pensar ni
que decir, sentí unos deseos
desenfrenados de abrazarla y besarla y gritarle ¡Mamá. . .Mamá, te quiero, te
quiero tanto, Mamá! Pero no podía. Papá me apretó la mano muy fuerte. Entonces
lo miré, y mi padre estaba llorando. Esto me enterneció mucho, sus lágrimas me
llegaron a lo más profundo de mi alma, yo no quería que mi padre sufriera, Ese
día vi llorar a papá por mi madre por mí por lo que estaba pasando y por todo.
Ellos se miraron, sólo se miraron. Yo no podía hablar, no podía decirle ni
siquiera mamá, sentía un nudo en mi garganta, mi lengua pesada y creo que me sentía hasta mareada. Vino otra monja, se sonrió tomó la silla de
ruedas. Me la llevo, dijo:
Papá, cerró los ojos y luego manifestó. ¡Adiós!
Su voz, débil e impotente,
en un dejo de amor y ternura, respondió.
¡Adiós! Adiós hija
mía, adiós pequeña Li.
Entonces yo no pude
más y grité, cuando ya se la llevaban.
-¡¡¡Mamaaaaá. . .! Entonces
papá me sujetó muy fuerte. Un descontrol
innato me hizo gritar una y otra
vez. ¡Mamáaaaá!!!. . . ¡¡¡Mamaaaaa!!!
Mis gritos retumbaron en la galería, me
llevaron al salón donde estaba mamá Bella, la monja me dio agua del mismo vaso
en que le había dado a mamá Bella, que ya se encontraba más calmada.
Allí lloré y lloré
hasta que me cansé. Mamá Bella me
consolaba y luego vino una novicia que me llevó
a ver un jardín y unos pajaritos que tenía en una jaula.
-Son canarios me dijo. Los miré despectivamente y volvimos al salón.
Regresamos a casa, pero los tres estábamos muy tristes. Pese a todo yo había visto a mi
madre y eso me conformaba.
EL
VELORIO DEL MANCO
Esa mañana llegó a la
escuela Víctor, muy triste-¿Qué té pasa, que te vez tan triste? Le pregunté.
-¡Mi manco! Me
contestó.-¿Quién es tu manco? -¡Mi caballo!
-Ah, ¿y qué le pasó?- ¡Se murió!
-Huf. . . ¿Y de qué se
murió?
-De frío. - ¿Y que vas a
hacer? -¡Velarlo! -¿Y como?
-Esta tarde, saliendo de
clase, llevaré muchas velas y le haré su
velorio.
-¿Y puedo ir yo? -Sí, seguro que sí, puedes ir al velorio de
mi manco.
Apenas llegué a casa le conté a mamá Bella lo del
Manco, le pedí velas y corté algunos juncos. Mamá me obligó a colocarme un
gorro por que hacía mucho frío. Víctor pasó por mí y nos fuimos corriendo.
Esta es la quebrada del
bajo, me dijo.
Eso era muy cerca de donde estábamos, ya que la casa de los
Guiñez quedaba como a una o dos leguas
de la casa mía. Corrimos hasta donde estaba el caballo y allí yacía, tirado en
el suelo. Empezamos a prenderle velitas,
pronto llegaron otros niños que Víctor
había invitado todos estábamos tristes por la muerte del Manco.
-Y ¿Por qué le dices
Manco? Le pregunté.
-Este es un caballo inglés, respondió Víctor.
Corría en el Club Hípico, pero se
torció una pata y no pudo seguir
corriendo. Entonces lo vendieron a papá,
muy barato, así como estaba,
accidentado, siempre manqueando, lo empezamos a llamar “el Manco” Papá le vendó el tobillo y yo lo lavé con salmuera
hasta que se mejoró.
Todos los niños
trajeron velas y algunos hasta flores, le arreglamos por alrededor de su
cadáver las flores y una vela al lado de la otra. Uno de los niños dijo:
¿Por qué no le rezamos para que se vaya al cielo?
Víctor lloraba en silencio.
-Bueno dijimos todos
¡Recemos! Entonces lo tocamos cada uno
con una mano, para que así recibiera con
más fuerza nuestra oración.
-Señor. Dijo la niña que empezó a rezar. Todos bajamos la
cabeza en ademán de respeto y dolor.-¡Señor! . .Repitió. ¡Por qué te has
llevado al Manco! ¿Si Víctor lo quiere
tanto? ¡Señor! ¿Acaso no puedes devolverle
su caballo para aminorar su dolor? ¡Señor!.
Devuelve la vida a este animal para que su amo no sufra y deje de llorar. ¡Señor! Tú que eres tan
grande, escucha nuestra plegaria que con amor y fe te imploramos por la vida de
este caballo, amén.
Y todos respondimos Amén, sin dejar de limpiarnos unas
lágrimas, estábamos dolidos por la pena
de Víctor. Enseguida sacamos las manos que habíamos colocado sobre el cadáver
lo hicimos todos al mismo tiempo.
Y nos quedamos allí
en silencio, pero de pronto uno de los niños gritó, desesperado con mucho
pánico. -¡Se movió! Luego repitió ¡Se
movió! En medio del pánico algunos salieron corriendo para diferentes lados,
¡El caballo se está moviendo! Gritó otro niño que se quedó al lado del animal,
junto con Víctor y yo. Nos miramos asustados. Entonces Víctor en una risa confundida con llanto,
gritó.
-¡No mi caballito! Y se abrazó al cuello por encima de las velas que más de
alguna quemó el pelo del pobre quino por el olor que salió. El manco se empezó
a mover, todos saltamos gritando ¡Está
vivo! También los que habían salido corriendo, juntos todos no nos cansábamos
de gritar. ¡Está vivo! Lo ayudamos a levantarse y empezó a caminar con mucha dificultad. Dando un paso tras el otro con mucho
esfuerza, relinchó como si quisiera dar las gracias.
Lo llevaré a casa manifestó Víctor, encaminándose tirando a su caballo cuesta arriba con mucho
sacrificio. Nosotros regresamos corriendo y riendo hasta nuestras casas, debiendo pasar cerca de donde estaba Gaspar, ¡Qué
extraño! Él estaba allí muy elegante,
pero Gaspar le dije: ¡Que elegante estás!
El muy sonriente me saludó. Hola Pequeña Li, tanto tiempo sin verte.
-Sí debo ir a la
Escuela, le respondí.
-Yo te había echado de menos.
-Yo también, le manifesté, y luego le pregunté. ¿Por qué
estás tan elegante?
-Es que es justamente ahora cuando tengo más trabajo, mira
mis sembrados.
-Sí, los veo le respondí.
-Yo debo cuidar todas
estas chacras, de los malvados pájaros para que no las destruyan ni se las
coman.
-Ese fue todo el diálogo que mantuve con Gaspar, me despedí
presurosa ¡Chao amigo! Le grité
y me fui saltando en un pie, en el otro, dándole poca importancia a lo
que él me contó.
Me respondió con una alegre sonrisa, luego lo miré
nuevamente y le grité más fuerte. ¡Adiós Gaspar, Adiós amigo de mi infancia! Y
allí se quedó perdido en la lejanía batiendo sus harapos al viento, mientras yo corría por
el camino frío gritando. -¡Adiós Gaspar, Adiós amigo de mis fantasías, de mis
sueños, de mis juegos de niña traviesa, amigo del amor por todas las cosas que
me rodean, ¡Adiós!
Cuando llegué a casa leí un cuento “El Zapatero del Rey” Así
me dormí con el libro en la mano, y una sonrisa en mi rostro.
EL ZAPATERO
DEL REY (Cuento Autor anónimo)
El humilde hombre, zapatero del Rey estaba agotado de tanto
trabajar, no había dormido en varias noches, porque el Monarca le exigía un par
de zapatos diarios para su hija la princesa.
El Monarca ya se empezaba a preocupar por la actitud de su
única hija, no salía y pasaba
el día durmiendo e igual gastaba
un par desacatos cada día.
¿Qué misterio será
éste? Se decía. El buen Rey. Entonces
decidió colocar un guardia en la puerta de la alcoba de la
princesa, este se mantuvo allí las
veinticuatro horas, sin ver nada extraño.
El Monarca llamó una institutriz
para que compartiera la alcoba con su hija, igualmente la buena mujer no
reportó nada extraño, sólo que los zapatos de la princesa igual amanecían en muy mal estado, porque la sumisa mujer se durmió toda la
noche, tanto fue así que el Rey cansado de pedir ayuda decidió cuidar
él mismo de su hija, día y noche
dejando la puerta con llave, se quedó en el bosque observando el Palacio desde lejos, llegada la
noche, vio cómo la Princesa se deslizaba por la ventana, caminando hacia la arboleda, muy lejos de allí
había un bosque en llamas, El Rey la siguió y grande fue su sorpresa cuando vio que su
hija se introdujo por entre el fuego, ese era un territorio prohibido para todos los habitantes.
El Monarca se quedó
pensando si su hija habría pasado sin quemarse. Su preocupación de padre lo llevó a seguir tras ella, pero a
medida que avanzaba el fuego desaparecía y el bosque era frondoso y fértil. La
Princesa corría y corría bajo los enormes árboles,
De pronto llegó a un claro donde había un pequeño lago
helado, entonces la bella joven empezó a
bailar y bailar, El se quedó extasiado
contemplando lo hermoso que era ver bailar a su linda hija. Así estuvo hasta que al venir el día la princesa ágil y elegante emprendió el regreso al palacio corriendo por un camino
de flores.
El Rey comprendió por
qué su hija gastaba tantos zapatos. También se dio cuenta que el fuego del
bosque no era otra cosa, sino que fuegos fatuos, entonces ordenó hacer un
camino hasta el pequeño lago y ofreció
una gran fiesta en el Palacio,
invitando a muchos Príncipes y Princesas
El Rey y la Reina
fueron muy felices de ver a su hija bailando en los salones del
Palacio con apuestos jóvenes, enamorándose de uno con quien contrajo
matrimonio y fueron muy felices y todos iban a pasear al lago en las noches de
luna.
El zapatero, pudo descansar por las noches, ya que no tenía
que hacer tantos zapatos.
LA PEQUEÑA
LI EN LA CAVERNA
El
frío invierno entristeció el
paisaje de la tarde, las vacas pastaban en el potrero bajo la lluvia. Entonces me guarecí en la Cueva del Mago. Era una
enorme cavidad rocosa en un costado del cerro, de ella se cuentan muchas historias, un
tanto extravagantes, por esa razón la
llaman la Cueva del Mago.
Apenas me introduje en ella sentí mucho pánico, el suelo estaba con estiércol porque allí
también se cobijaban los animales, ya sea en la noche o durante el día.
Seguí avanzando y un murciélago
salió rozando mi cabeza, cada segundo sentía más
horror, el ruido de la lluvia rebotaba
aún más fuerte en la caverna.
Caminé sigilosa, mi
curiosidad me invitaba a seguir
excursionando, sin darme cuenta,
mi cuerpo tiritó bruscamente haciéndome
lanzar un grito de espanto por tener mi respiración contenida tanto rato. Y el eco me contestó tenebrosamente, uno que
otro reptil corría despavorido, me detuve por un instante observando las
paredes húmedas y renegridas, sintiéndome muy pequeña en esa enorme
cavidad.
En ese instante escuché
un sonido, como un llanto, difícil
de definir, como un quejido, o un lamento, o una melodía, me detuve
quedándome muy quieta, para ubicar de
donde venía tal sonido que en cierta manera no podía definir. Entonces empecé a
buscar y en un rincón más bien abrigado, estaba tirada una pequeña ave. Por
carecer de luz no pude distinguirla, ya
estaba casi helada, la tomé en mis brazos y la aprisioné contra mi pecho, su
cabecita se iba para todos los lados, sus ojos estaban cerrados y sus alas se encontraban sin vigor.
Salí de la caverna para ver con más claridad al moribundo pájaro, se trataba de
una paloma, una blanca y frágil paloma.
La examiné minuciosamente y comprobé que
tenía un ala rota, fuera de estar totalmente mojada.
Arreé las vacas, aún así bajo la lluvia, y corrí a casa.
Cuando llegué después de dejar mis animales en el corral, acomodé a mi paloma en un lugar seguro y abrigado, le
curé la herida y traté de alimentarla
con migas de pan remojado en leche. Mamá Bella, mientras cocinaba movió la cabeza y me dijo. ¡Ya
vienes con otra de tus cosas! Pero yo seguí en lo mío.
EN
LA CABAÑA DEL
MAESTRO
Esa tarde, por cosa de milagro, alumbró el sol, y todo
pareció distinto. Hacía mucho tiempo que no pasaba donde el anciano que vivía en esa humilde choza a orillas del camino pero
que por los matorrales era difícil poder ver.
Entonces quise ir a verlo,
estaba tallando madera, como de costumbre, tenía sobre la mesa unas figuras hermosas, entre ellas una madre con
su hijo.
¡Hola Li! ¿Cómo estás? ¿Tanto tiempo sin verte? Fue el
saludo que me hizo. Contesté sus saludos
y luego le pregunté por sus figuras que allí
tenía talladas, se refirió a la
madre y el niño.
Esta me dijo, representa
el gran amor que dan las madres a sus hijos, ese amor que nada ni nadie
es capaz de reemplazar.
Yo me quedé muy triste porque pensé en mamá, seguramente ya no
existía desde la última vez que fuimos a verla con mamá Bella y papá, este
pensamiento no me permitió ocultar mi dolor. El anciano corrió junto a mí y me preguntó.
-¿Qué té pasa Pequeña Li, por qué se te ha contraído el
rostro?
-Yo no podía responder, el llanto me producía ahogos. El
anciano me trajo un vaso de agua, una vez calmada, le conté toda la historia de
mamá, entonces él manifestó.
-Pero si mamá Bella te ha cuidado y se ha preocupado de ti,
ella es tu mamá espiritual y también
carnal, no olvides que es ella la madre de tu padre. Entonces no es una persona extraña. Tu madre que te
trajo al mundo, no tiene la culpa de haberte abandonado ninguna madre sería
capaz de abandonar a un hijo. ¿Y por
qué tu madre te iba a dejar a ti? Su enfermedad y las circunstancias de la vida
la obligaron a dejarte, pero Mamá Bella ha cuidado muy bien de ti.
Luego me mostró otra
figura de un hombre y una mujer con dos niños.
-Esta representa una familia, el grupo social más
importante de la humanidad es la
familia, manifestó.
Entonces yo pensé en mamá Bella y papá y me sentí muy feliz de tener una
familia, luego el anciano siguió diciendo.
-pero no basta tener
una familia, ésta debe estar bien constituida, tanto en lo espiritual como
también en lo material. Debe estar fortalecida en ambas cosas y lo principal es
que debe reinar el amor. El amor es el
antídoto contra todas las plagas. En el mundo existen muchas, pero muchas plagas,
entre todas podríamos mencionar la
ignorancia, la falsedad la ambición. Al decirte
ignorancia, lo contrario significa que siempre se debe razonar con
justicia y conocimiento cabal de todo lo que te rodea. En cuanto a no ser falso, jamás debes mentir y estar siempre con la verdad.
Lo contrario de la ambición es que todo lo que poseas sea bien adquirido
y no codiciar los bienes ajenos, aceptar lo que tenemos, resignarnos a
disfrutar y valorizar nuestros bienes y nuestros dones.
Miré al anciano y
jamás pude comprender de donde sacaría tanta sabiduría. Yo siempre le decía “El
Anciano de la cabaña” Luego le pregunté.
-¿Cómo se llama Ud.?
-Mi nombre manifestó en un dejo de humildad, es Celestino.
El anciano tenía una
mirada limpia, serena, humilde y a la vez su presencia infundía tanto respeto. Su voz angelical,
la hacía sentirse como
transportada a un mundo superior, que nos permitía pensar sólo en cosas bellas,
buenas y razonables.
-¿Usted dice que hay muchas plagas? ¿Cuáles son las otras?
Le pregunté.
-Sí, por decir así,
me respondió.
-Pero, ¿qué es una plaga?
-Es una gran
calamidad que nos ataca de diferentes formas,
abundancia de algo nocivo, daño enorme o enfermedad, ya sea del
alma, del cuerpo o de lo que nos rodea.
-¡Ah! Sí, ya
comprendo. Puede haber muchas, pero muchas plagas en el mundo. Sí pero yo creo que todo lo nocivo o dañoso,
pernicioso, tiene que tener una defensa.
-¡Pequeña Li! Me dijo el anciano, se sentó
en un piso, cruzó las manos y un
tanto cabizbajo, siguió diciendo.
¡Nuestras vidas! Siempre están en peligro, por eso, nuestra única defensa es el amor, mientras
haya amor en tu corazón para todo, jamás
entrará en ti la semilla de la maldad. No olvides esmerarte para ser
siempre una persona digna, justa y honrada, tú serás como tú quieras ser. Tú eres la única
responsable de ti misma. ¡Tienes que
hacer de ti una persona de grandes valores, valiente ante la verdad y siempre
tendrás un camino abierto a la prosperidad! Lucharás siempre, siempre sólo por
las cosas de grandes valores, cultivarás
antes que nada, una gran riqueza
espiritual, esa es la base fundamental para el cultivo de todas las riquezas.
Después que dijo esto, guardó silencio, yo lo miraba
extasiada y mi corazón se llenó de una alegría
inexplicable. Me sentí grande, fuerte y buena, yo a veces le decía “el
Maestro” porque como trabajaba la
madera, pero hoy realmente lo sentí como maestro de la sabiduría y la enseñanza
y me sentí contenta de haber pasado a
verlo.
Mamá Bella tenía que conocer al Maestro, para mí era
importante compartir sus conocimientos, y para mi familia también iba a ser
bueno.
En casa guardaba como
una reliquia especial, el candelabro
tallado en madera que él me había
regalado tiempo atrás, pero creo que guardaba un significado aún más
grande para mí, representaba la voz de
la sabiduría y la luz que proyectaba el anciano cada vez que hablaba.
-¡Maestro Celestino!, Yo
me esmeraré para guardar en lo más
profundo de mi alma, lo que usted me ha dicho. Entonces le conté que me había encontrado una paloma herida en
la caverna.
-La estoy cuidando y mi paloma se va a recuperar.
-Bueno, Li me respondió. Ve a cuidar a tu paloma, que es
también un ave muy significativa. No olvides que el Espíritu Santo también se transforma en paloma.
Con la respuesta que él me dio, me alegré mucho más y sentí querer más a la infortunada ave.
UNA CARTA
Cuando llegué a casa
había una carta abierta sobre la
mesa No le di importancia. Papá estaba
tomando té y mamá Bella sacaba un queque del horno de la cocina.
Raquel sirvió una leche para mí y
también para papá. Vino mamá Bella y en familia compartimos las ricas onces,
ese día Raquel también compartió con nosotros
nuestra mesa, recordé lo que me había dicho el maestro sobre la familia,
ese fue un momento de amor.
Luego pregunté a papá.
-¿De quién es la carta que está abierta en la mesa?
-¡Ah! Sí, respondió papá,
es una oferta para un trabajo en el control de máquinas de un barco en Puerto Montt.
Yo abrí los ojos
enormemente. Papá había hecho un curso
de mecánica y le gustaba mucho ese trabajo.
-¿Y adonde es ese trabajo papá?
Pero si ya te dije, es al sur de Chile, Puerto Montt.
-¿Y cuando te irás, papá?
- Pronto. -Yo me
quedé pensando y luego le dije.
-Llévame, con tigo, llévame yo quiero ir y conocer ese Puerto.
Papá se rió pero no dijo nada. Entonces recordé que no le
había contestado la carta a Carolina, me pasé
la servilleta por la boca y me levanté de la mesa corriendo, sin dejar
de decir, permiso, papá gracias, gracias
mamá Bella.
CARTA A CAROLINA
Entré a mi pieza en busca de papel y lápiz, cuando
un ruido maravilloso salió de la caja donde tenía a la paloma,
miré y mi pequeña ave estaba parada en sus dos patitas, miraba en contorno, inmediatamente la
tomé y acaricié su cabecita. Mi
alegría fue inmensa al saber que ya
estaba bien, entonces emitió unos
sonidos como si quisiera hablarme, le dije.
Quédate aquí porque
yo debo hacerle una carta a mi amiga Carolina. La verdad es que llegó la noche
y yo aún estaba escribiendo la carta porque le conté tantas cosas que me salió
una misiva súper larga.
Al día siguiente fui
a la estafeta del correo a depositar la
carta para Carolina, me sentí muy
contenta de haberle escrito a mi amiga. Como me gustaba leer, pasé a
pedirle unos cuentos a mi profesora que vivía cerca de la Escuela y del correo.
Regresando a casa para disfrutar de la lectura, el cuento se llamaba El Rey
Pilón, fueron varios cuentos que me
prestó primero leería este y luego los otros.
EL REY
PILÓN (Cuento, Autor anónimo)
Había una vez un Rey
que vivía con su mujer la Reina y
eran muy felices.
Para aumentar aún más esta felicidad, los Reyes esperaban su
primer hijo, El rey se hacía atender por un lacayo de mucha confianza, en
sus aposentos donde no podía entrar
nadie más.
Los súbditos se preguntaban ¿cuál sería el secreto del Rey si ni la reina podía entrar a su alcoba
privada? Pero el fiel sirviente que llegaba
por las mañanas muy temprano y se retiraba por las noches, no divulgaba el
secreto de su buen Rey.
Una mañana el Palacio estaba convulsionado, la hermosa reina
había traído al mundo una bella princesa, pero la niña fue llevada
inmediatamente a los aposentos del Rey
por el fiel sirviente que atendió a la reina en su alumbramiento. Al poco
tiempo del nacimiento de la niña la Reina enfermó gravemente hasta morir. El
rey estuvo muy triste cuidando de su adorada hijita pensando en la pérdida de
su amada Esposa.
En el Palacio había
una criada que atendía a la Reina,
al morir ésta, la sirvienta daba vueltas por el Palacio, pero no
podía entrar al aposento del Rey. Un día
el fiel sirviente que cuidaba del monarca,
debió salir por un instante para
pedir un manjar de nueces para el Rey. Ocasión
que la mala mujer aprovechó para entrar
a los aposentos del Rey, que en ese momento se había dormido, vio a la
princesa en su cuna y no viendo nada extraño en ella ni en el Rey decidió
raptarse a la niña. Llevándola a una anciana para que la cuidara, al otro lado
del bosque, muy lejos del palacio.
Cuando el fiel lacayo
regresó, se percató de la ausencia de la
Princesa fue hasta la pieza contigua
donde estaba el Monarca dormitando, lo despertó
y le preguntó por la niña.
Desesperados por esta desgracia,
ordenaron buscarla inmediatamente, los guardias de Palacio buscaron y buscaron a la Princesa pero, todo
fue inútil.
El Rey entró
en una gran tristeza, primero
había perdido a su Esposa y ahora le habían raptado a su hija. La sirvienta, autora del rapto de la
Princesa, se acercó cada día más y más
al Rey hasta que logró sus propósitos, casándose con el Monarca.
Para sorpresa de la mujer, el rey siguió solo en sus aposentos y ella pasó a ocupar una de las alcobas de los
visitantes.
Al poco tiempo trajo al mundo una segunda hija al Rey, Él la
vio, examinó minuciosamente dejándola con su madre, entonces ella le pregunto.
-¿Por qué no llevas a
la Princesa a tus aposentos mi buen rey?
El Rey la miró y respondió: -No existe ninguna razón para
que yo lleve a la princesa a mis aposentos.
La nueva Reina seguía
intrigada porque aún siendo su esposa no
se le permitía entrar en las
habitaciones del Rey y jamás lo vio sin su corona. Un día la reina quiso hacerle cariño en su larga
cabellera rozándole la preciosa joya, pero el Rey muy indignado se retiró a sus aposentos donde
lo esperaba su fiel sirviente.
La intrigante mujer, ahora Reina, no podía descubrir cuál
sería el secreto del rey que ocultaba tanto.
Pasó el tiempo y la anciana que vivían al otro lado del bosque muy lejos del Palacio
murió por los años, quedándose la joven
princesa sola sin saber qué camino
tomar, ella caminó, mucho hasta llegar
a un hermoso Palacio donde pidió
trabajo, la ama de llaves le
recibió y la hizo ingresar a los quehaceres de la cocina, pero un buen día la
niña que servía la mesa de los monarcas
enfermó, entonces la Princesa debió
ir a servirle a los Reyes, la ama de llaves la arregló
lo mejor que pudo para que fuera bien presentada, ya que la anciana que la había cuidado era muy pobre y por lo tanto no tenía
cómo presentarse.
Cuando entró a los comedores los comensales se quedaron
extrañados de ver su belleza, más el Rey estuvo muy sorprendido porque le
recordó a su primera Esposa, mirándola
muy interesado le preguntó.
-¿cómo te llamas hermosa niña?
-¡María! Le respondió
ella, (María era el nombre que le
había dado la vieja que la había criado)
Su voz dulce y agradable confundió aún más al rey, recordándole a su primera
esposa, que tanto la había amado.
La actual Reina que estaba sentada al lado de su hija
también princesa se levantó de su asiento y en forma muy enérgica la mandó a buscar una tijera, la joven niña inocente de las intenciones de
su madrastra le trajo el artefacto entregándoselo con humildad. Esta sin saber
que esa niña era la misma que ella había raptado años atrás, ahora sumida en sus celos mal infundados, tomó a María
de su larga y hermosa cabellera,
cortándosela lo más que pudo, todo fue tan rápido, que el Rey no se percató de la ira de su mujer, sólo cuando ya tenía a la joven con todo un lado sin su hermosa
cabellera y entonces el Rey en un grito de dolor y alegría se levantó
también de su silla. ¡Mi
hija! Exclamó, ¡Es mi hija! Repitió. La
niña se tapaba desesperada la falta de
su cabellera para que no le vieran la ausencia de su oreja. El Monarca la llevó
a sus aposentos y al entrar, el lacayo exclamó
¡Es la Princesa!
La niña le contó a su padre todo lo que había sufrido. Pero como éste era un hombre de muy
buen corazón, perdonó a la reina que
tanto daño había hecho, a la vez la Reina muy arrepentida se disculpó ante el
Monarca y la Princesa, explicándoles que
el afán por descubrir el secreto que el tanto ocultaba la llevó a cometer tan
vil acción.
El rey se sonrió y les dijo: ¿qué secreto tan grande que a
uno le falte una oreja?
Soy el Rey Pilón y mi hija también heredó mi defecto que
tanto traté de ocultar. Todos rieron y fueron muy felices.
EL
ENCUENTRO CON MUSGA
Esa
tarde, me fui a los potreros en busca del pequeño ganado. Jonás como siempre, fue conmigo, pero ahora llevé a
mi paloma. Se posó en mi hombro y voló y volvió
a mí. Era algo tan extraordinario
como actuaba que parecía conocerme desde
antes. Dócil y mansa, entré a la caverna
y le dije.
-Aquí te
encontré. La paloma pareció contestarme,
pero yo no le di importancia. Luego
estuve mirando al interior cuando una voz hermosísima, me dijo:
-Pequeña Li, yo quiero
agradecerte por la ayuda que me has dado.
-Miré hacia todos lados, sólo vi a Jonás y a la paloma, que
se había posado en un rincón de la cueva,
me asusté, entonces miré al ave y
esta abrió el pico y me dijo:
-No te asustes, Pequeña Li, soy yo quien te está hablando.
No dije nada, sólo empecé a pestañar, ¡no podía ser! No era
una fantasía mía como en otros casos cuando jugaba con otros animales,
ahora era una realidad la paloma me
estaba hablando, entonces le pregunté.
¿Cómo te llamas?
-No sabía que decirle
y lo primero que se me ocurrió fue eso.
-Si te digo mi nombre, no me entenderías, pero puedes
colocarme un nombre al gusto tuyo. Me respondió.
En ese momento yo no
podía pensar en nada, entonces tomé una piedra muy chiquita y la lancé por sobre mi hombro hacia
atrás. Fui a ver donde había caído.
-Ya tengo tu nombre le manifesté. -¿Cuál es? Me preguntó.
-La piedra cayó sobre
un pasto llamado musgo, entonces te llamarás Musga.
-¿Musga? -Repitió la paloma. -Gracias Pequeña Li. Por el
nombre que acabas de darme. Pero ahora yo tengo que irme.
-¡No. . . ! ¡Cómo te vas a ir, si eres mía!
-Yo te entiendo Pequeña Li, pero ahora debo irme, te prometo
que voy a volver, no lo olvides.
-Pero. ¿Por qué te vas?
-Llegué acá por el
mal tiempo, me tomó una tormenta y el viento me arrastró, perdí el conocimiento
y por cosa de milagro vine a caer a esta cueva.
-Sí, ésta es la Cueva del mago, le comenté.
-Antes de irme. Prosiguió, debo hablarte de mi origen. La miré extrañada.
-Yo vengo de otro planeta, muy lejos de aquí y tengo la
facultad de mutarme.
La miré y la
interrumpí preguntándole.
-¿Qué es eso?
-Ya te explicaré. Yo poseo el don de transformarme, sólo en
ave, siempre en ave, pero en aves diferentes nosotras somos unas aves enormes y
en nuestro planeta los únicos habitantes importantes somos nosotras, contando también con una gran riqueza animal
y vegetal. Como te dije ya, ahora debo irme
y para eso debo tomar mi verdadera forma.
Musga se posó en mi hombro y con su cabecita de humilde
paloma rozó mi mejilla, yo estaba muy triste porque me había encariñado tanto con tan hermosa ave. Tocó
una vez más mi mejilla, entonces mis
ojos se empezaron a llenar de lágrimas, ella me dijo.
-No, Pequeña Li, tú no debes llorar. En la vida hay que
aceptar las cosas buenas con mucha alegría, y las cosas tristes con
resignación, y las cosas malas hay que
rechazarlas o transformarlas en buenas. Además no quiero que te ofendas, pero
yo no soy de tu propiedad, todo ser es libre, el hecho que me hayas cuidado, no
te designa como mi dueña, no tengo límites para agradecerte, pero te repito eso
no te hace mi dueña, no olvides nunca todo ser es libre, el reino animal es
sumiso con el ser humano, pero al igual debe ser respetado.
- Aún que no seas mía es muy penoso que te vayas, le
respondí.
-Sí, pero si no me hubieras conocido, entonces debes estar
feliz por haberme encontrado y volverme
a la vida y haber compartido algunos días conmigo, no olvides que estaba casi
muerta. ¡Gracias a ti me he recuperado y
por tu ayuda podemos conversar las dos!
Luego siguió diciendo.
-No quiero saber que tú
estés llorando, espero que desde aquí en adelante seas una niña fuerte,
muy fuerte para que puedas enfrentarte a la vida sin tropiezos, mi valiente Li.
No te digo adiós, porque voy a volver, no lo olvides, Yo voy a volver. Y cuando
menos lo pienses yo estaré aquí, esperándote.
Suspiré profundo, y le dije, ¡Hermosa paloma Musga, yo
también te esperaré aquí, en cada
momento, en cada día, ya sea de sol o de lluvia en esta caverna te estaré
esperando.
Musga emprendió el vuelo hacia un picacho sobre la caverna y
allí empezó su transformación, un ave enorme parada en dos extremidades, su
cuerpo se veía erguido, unas alas
enromes y el plumaje hacía tornasol bajo los tenues rayos del sol. Allí desde
lo alto, batió sus alas, dio una vuelta como planeando. Yo me sentí tan pequeñita
observándola, dio varias vueltas y yo allí
exhausta, contemplándola extasiada, frente a tanta belleza en medio del
potrero.
-¡Hasta pronto Pequeña Li! Sentí su voz desde lo alto.
-¡Hasta pronto querida Musga, le respondí.
Sentí deseos de llorar,
pero yo había prometido no volver a hacerlo y corrí por el sendero arreando mi
ganado, llena de alegría y llena de esperanzas,
Musga volvería y yo sería muy feliz compartiendo con ella nuevamente.
Cuando llegué a casa decidí leer unos cuentos que me había prestado mi
profesora, me gustaba leer cuentos y entrar a ese mundo de fantasía,
BELLEZA ESCONDIDA (Cuento)
Había una vez un Rey
que tenía una hija muy hermosa, en edad de casarse, entonces el Rey organizó una gran fiesta para que algunos príncipes vecinos pidieran la mano de su
hija, el día de la fiesta la joven princesa estaba muy nerviosa, pidiéndole a
La Reina, su madre que no asistiera al evento y que mejor se quedara en sus
aposentos. La Reina, sin salir de su
alcoba, lloró largo rato por esta ofensa que le había hecho su hija.
Cuando empezaron a
llegar los invitados la princesa hizo su aparición radiante de felicidad
destacándose por su gran belleza, el
Rey también estaba emocionado porque al
terminar la fiesta su hija ya estaría comprometida.
Los invitados empezaron a retirarse, salían las carrozas una
tras otra, cual de todas más adornadas,
llevando a sus príncipes. El Rey
empezó a inquietarse, porque nadie había pedido la mano de su hija
siendo una joven tan bella. Cuando ya se había
ido el último invitado el Rey
acudió a la princesa preguntándole.
¿Nadie pidió tu mano hija? La niña rompió en llanto. Entonces fue hasta
la Reina diciéndole desesperada. Por tu culpa no he podido encontrar novio
porque todos saben lo fea que eres, por
eso no quieren casarse con migo gritaba histérica.
El Rey sorprendido
por la actitud de su hija, se
sintió también ofendido porque el amaba
a su esposa explicándole a la joven que si el había podido amar tanto a su
Reina no por la belleza física sino por el gran corazón que tenía, porque ella no iba a poder ser amada si fuera
de ser buena también era bella físicamente. La Reina se sumió en una profunda
pena por lo que le había dicho su hija.
La Princesa se fue al
bosque a llorar desesperada porque
ningún príncipe la había elegido como esposa.
Considerando que esto era porque la
Reina no era bella como ella, Entonces sintió
un gran torbellino del que apareció la Reina del Bosque. Esta le
preguntó. ¿Por qué lloras hermosa niña?
-Lloro
porque mi madre es fea, y por eso nadie quiere casarse conmigo.
-Pero tú no sabes. Contestó “La Reina del Bosque” Que tu
madre posee una gran belleza en el alma, y esa belleza la haz heredado tu en lo
físico, lamentablemente tu alma carece de belleza por eso ningún joven te pidió
en matrimonio, en cambio tu padre el Rey
vio la gran belleza que tiene tu madre haciéndola su Reina y amándola
tanto como su esposa.
La princesa miró extrañada a la “Reina del Bosque” y sin
poder contestar nada por la emoción corrió hasta el palacio, entró a su alcoba mirándose al espejo, y se
dijo. ¡Que hermosa
es mi madre! Porque esta belleza que poseo yo es la de ella, que lleva
en su alma. Se contempló un largo rato,
luego salió al pasillo cruzándose con una de las sirvientas que venía llorando.
¿Por qué lloras? Le preguntó.
-La Reina se nos muere. Contestó la buena mujer.
Al oír esto la niña mimada corrió a los aposentos de su
madre y la besó mucho, abrazándola le
dio las gracias por darle
el ser y haberle trasmitido toda su belleza del alma en su belleza física, gracias a ti
madre soy tan hermosa, con todo esto la
humilde mujer que ya se moría de pena, sintió una gran felicidad, con el cariño
expresado por su hija, y se repuso del mal que la estaba aquejando. El Rey
ofreció una nueva fiesta en la que
estuvo la reina de anfitriona, Un
Príncipe pidió la mano de la Princesa al
empezar la fiesta, la música alegró a todos los comensales, el Rey, la Reina y la Princesa fueron muy felices.
Fin
MI PRINCIPE
(Cuento)
Miro y observo los
largos cortinajes que tan graciosamente caen
de cada ventana, en el
Palacio abandonado por donde antes
corrieron niños traviesos, y en los salones coquetas damas y elegantes
caballeros compartieron momentos de alegría, en gratas comidas, danzaron en los
opulentos corredores guardando miles de secretos entre muebles y
muebles entre pasillos y pasillos.
Esa mañana fue
distinta, mirando los jardines que
frente a la puerta de entrada se detuvo un auto negro, del que bajó un Príncipe con una maleta, se dirigió a la entrada del palacio. La cerradura de la puerta chirrió como si gimiera de alegría al sentir el contacto de la llave, al instante el Príncipe se deslizó
por las alfombras, subiendo las escaleras. En ese momento debí
esconderme para que no se percatara de mi presencia.
Muy pronto me
acostumbré a compartir el Palacio con mi visitante, nunca me dejé ver, para mí
era hermoso verlo cada mañana, cuando se levantaba, entraba a la sala de baño se daba un baño de
tina con jabones perfumados, luego se
envolvía en tohallas, caminando en
zapatillas sólo con una bata, se afeitaba frente al espejo, yo no me cansaba de
mirarlo entre más lo miraba más latía mi corazón, en los comedores de sillas
rojas se sentaba a tomar desayuno con los mejores manjares, luego tomaba su
maletín sacaba el auto de la cochera, y
se iba, yo estaba ahí de intrusa no quería que me viera, de todas formas yo era
feliz viviendo en ese enorme Palacio,
con tantos pasillos secretos que era bien difícil se diera cuenta de mi existencia, pero yo
sabía todo lo que el hacía.
Mi príncipe, mi bello Príncipe eres como un lirio de mi jardín secreto. Esa noche lo
observé como dormía, su cara se veía tan inocente, que sentí deseos de entrar en su cama, silenciosamente
lo hice pero cuando imprudentemente le
toqué una rodilla se asustó y gritó. Entonces salí corriendo, a esconderme
donde el no me encontrara. Cuando ya se
había calmado volví nuevamente, estuve
largo rato contemplándolo, como dormía
sentí deseos de morderle una oreja, pero
si anteriormente se había asustado al
querer dormir a su lado, preferí no
hacerlo, en las tardes se sentaba en un sillón a ver películas, en una pantalla
grande, desde una esquina yo no me cansaba de observar cada uno de sus gestos.
A veces estaba despeinado y triste otras
veces tenía una sonrisa en el rostro.
Me había acostumbrado a esperarlo cada tarde, aunque el
nunca me veía, yo siempre estaba allí junto a él y ya no me sentía tan sola, en ese enorme
Palacio.
Después de su baño empezó a guardar sus cosas me impacienté, tomó desayuno y fue por su maleta, se encaminó a
la cochera, hizo partir el auto
dirigiéndose a la salida, desde una de
las ventanas lo vi como se alejaba entre los jardines del Palacio. De mis
ojos rodaron unas lágrimas, yo me había
acostumbrado a su compañía a verlo cada mañana y a esperarlo por las tardes. ¡Pero mi Príncipe se había ido!
¿Qué más podría yo esperar de él? Si al fin y al cabo. ¡No soy más que
una rata!
EL MANTO
DE CONCHA Y
PLUMAS
(Cuento)
El Palacio estaba de fiesta porque el Rey y la reina habían participado a sus súbditos que pronto
tendrían un heredero. La noticia fue
recibida con regocijo toda la comarca disfrutaba la nueva, celebrando con fiestas y un gran banquete la llegada del
nuevo Príncipe,
En el palacio se recibieron representantes de otros Reinos,
todos traían presentes al futuro
heredero. Baúles llenos de suntuosos
objetos forjados en oro y piedras preciosas, una gran comida fue compartida con
los visitantes.
Las puertas del Palacio
permanecieron abiertas por siete días y corría el vino el pan y los
mejores manjares. ¡Viva el Rey, viva el heredero! Se escuchaban las voces de aldeanos y
aldeanas mientras bailaban y bailaban por todas partes del Reino.
La reina era la más feliz porque después de diez años de
matrimonio le iba a dar un hijo a su esposo, sin olvidar que estuvo a punto de
perderlo por no poder darle un hijo. La fiesta duró una semana, al poco tiempo
la Reina presentó dolores de parto, los sirvientes corrieron en busca de la comadrona para
atender a su Majestad, todo el palacio estuvo convulsionado. El Rey nervioso esperaba la noticia en uno de los
salones. Al cabo de algunas horas la
comadrona entró al salón donde el Rey
esperaba al heredero, la mujer entregó
al Monarca el pequeño Príncipe envuelto en las más hermosas telas,
traídas de Reinos muy lejanos.
Aquí está el Príncipe
heredero mi Rey. Manifestó la humilde
mujer posando al niño en los brazos del feliz padre, abrazando al infante lo
miró con ternura embargado de una enorme felicidad.
El Rey salía todas las mañanas a cabalgar para regocijarse de su Reino, pero un día un
grupo de súbditos le salió al paso.
-Tenemos hambre mi Rey-
le dijeron, No sólo hambre sino frío
en nuestros cuerpos, y miseria en nuestras mentes.
El Rey que era muy bondadoso detuvo su caballo ante el grupo
de desarrapados súbditos, con una sonrisa les respondió.
No os preocupéis id
conmigo al Palacio y yo os daré de los Mejores
manjares y los atavíos que queráis.
No mi Rey respondió uno de los hombres, no queremos eso, si
nos das de comer hoy mañana nuevamente tendremos hambre, y los atavíos aún
siendo los mejores, de todo tu Reino también el tiempo los convertirá en
harapos.
El Rey los miró
intrigado, pero eso es tan fácil de solucionar, si lo único que atienen
que hacer es venir conmigo al palacio.
El tercer deseo que me piden no se como podría solucionarlo.
¡Miseria en vuestras mentes! El Rey hizo
un gesto y repitió. ¿Miseria en vuestras mentes?
Otro súbdito muy respetuosamente te acercó al Monarca hizo una reverencia y dijo:
Mí querida Alteza
siendo tú el más grande de todos los Reinos te pedimos tres cosas,
comida, vestuario y conocimiento.
El Rey lo miró sorprendido, pero si sólo tienen que ir
conmigo al Palacio y yo les daré comida y vestuario.
No mi Rey manifestaron los súbditos. Nosotros no queremos que tú nos des. Nosotros
queremos tener ropa y comida por nuestro esfuerzo y también queremos
adquirir conocimiento.
El Rey se quedó
pensando un instante luego les dijo:
Ahora comprendo, entonces pueden tomar los alimentos, en los establos
encontraran leche y carne y en los huertos frutos y verduras, si desean mosto podéis tomarlo de los lagares que están
en las bóvedas, y en cuanto al
conocimiento eso lo pediré a los otros reinos, y haré que me traigan todo lo
que vosotros habéis pedido.
Los aldeanos se miraron unos a otros. -Gracias
mi Rey gracias manifestaron todos. El Rey se retiró
a sus aposentos y los andrajoso hombres se quedaron tan tristes como
antes de hablar con el Monarca.
El heredero del trono ya tenía algunos meses, Los Reyes y la
servidumbre tenían cuidados muy especiales para el pequeño Príncipe. Cuando
cumplió un año el palacio nuevamente estuvo
de fiesta. Con la asistencia de muchos Monarcas de otros Reinos.
El niño había sido ataviado con prendas de encajes bordadas
en hilos de oro y adornos de piedras preciosas, pero no faltó una anciana que vino de un Reino muy
lejano y dijo. ¡Este niño no es normal!
Todos la miraron sorprendidos. El Rey se levantó de su
asiento enfurecido.
Calma mi buen Rey.
Manifestó la buena mujer.
¿Acaso no has reparado en tu hijo? ¡Míralo bien! Terminó diciendo la anciana.
Entonces los padres del niño lo miraron detenidamente. En un
año le habían dedicado todo su amor que
jamás pudieron reparar que el infante no era igual a los demás. El silencio fue
total, algunos comensales dejaron de comer. El Reino había caído en desgracia,
porque el heredero estaba enfermo. Y sólo en ese momento se habían percatado que el Príncipe no era más que un niño torpe e idiota.
El Rey con humildad consultó a la anciana. Dime buena mujer si has descubierto que mi
hijo no es un niño normal. ¿Qué debo hacer para que se mejore?
La mujer lo miró
pensativa, luego le contestó.
Es posible que si le
tejen un manto en hilos de oro, con punto de concha y pluma del porte de tu
Reino, el Príncipe se mejorará.
Los monarcas se miraron, luego la Reina preguntó ¿cómo
podremos tejer un manto del porte del Reino?
Al instante la mujer respondió. El equivalente, es la
dimensión del Reino, ese es el equivalente repitió. El equivalente es los
metros cuadrados de tu Reino por metros cuadrados de un manto de concha y pluma
en hilos de oro.
El Monarca expresó.¡Pero jamás alcanzaremos a cubrir nuestro Reino tejiendo
tantos mantos.
Pero tus súbditos sí, respondió la mujer. Dicho esto se retiró del palacio como también los otros Monarcas que aún no se habían
retirado.
El Rey llamó a sus súbditos,
para abrir todos los baúles que tenía
llenos de oro y piedras preciosas fundieron el oro y empezaron a fabricar los
hilos, otros fueron al mar en busca de
los mejores moluscos para obtener de ellos las mejores conchas y a diario se
sacrificaban aves para sacar sus plumas.
Así el Rey fue almacenando hilos de oro, piedras
preciosas, una gran variedad e plumas y enormes conchas de los moluscos que
extraían del mar.
Cuando el niño cumplió
dos años, nuevamente los Monarcas invitaron a los reyes vecinos. La
mujer que le había vaticinado la idiotez del Príncipe también llego en su
carruaje con ruedas de oro y la carroza tenía incrustaciones de piedras
preciosas los asientos estaban hechos den telas finísimas.
El banquete como el
del año anterior estaba delicioso, pero los Monarcas se veían muy preocupados.
Buena mujer, le dijo
el Rey a la anciana. Tengo las bodegas
llenas de hilos de oro piedras preciosas y muchas plumas y una gran variedad de
conchas de mar, el Reino ha tenido mucho trabajo manifestó.
-Eso es bueno para todo el reino. Respondió la anciana.
- Ahora quiero que
tú buena mujer me digas como debo hacer estos mantos de
concha y pluma.
La mujer se río a carcajadas, luego le explicó. Buen
Rey eso de concha y pluma es el nombre del
punto con que deben tejer el manto. Se escuchó
un murmullo entre todos los
concurrentes. Y los Monarcas se quedaron sorprendidos.
El Rey trajo las
mejores tejedoras al Reino. Así fue como las mujeres corrían al Palacio para
tejer el manto del Príncipe que lo salvaría de su enfermedad. Las plumas que en
vano habían sido recolectadas fueron
repartidas entre los súbditos para hacer
plumones ya que antes la carne de las aves también había
sido consumida por los habitantes del Reino. En cuanto a las conchas de los moluscos del mar fueron
molidas y dispersas para mejorar la tierra. Los cazadores de aves y los pescadores o buzos de moluscos
no pudieron dejar de hacer el trabajo
porque para ellos ese trabajo ya se había convertido en un hábito. Entonces
perfeccionaron su labor fabricando balsas y botes apropiados para la pesca y
buscaron mejores sistemas de caza. Las mujeres
tejían y tejían. El niño iba creciendo
pero no demostraba mejoría alguna. Cuando cumplió los diez años el Rey
hizo la fiesta de cumpleaños que acostumbraba hacer todos los años, El
Reino había crecido notablemente los súbditos disfrutaban
e la pesca y la caza las mujeres habían aprendido a tejer los mantos más
preciosos también a cocinar los mejores
guisos de carnes, pescados, moluscos algunos aldeanos trabajaban la tierra para
aprovechar las conchas de los moluscos como abono con lo que se producían las
más hermosas plantas.
Nuevamente la mujer
misteriosa llegó en su carruaje y todos los Monarcas con sus presentes
de metales y piedras preciosas.
-¿Por qué está triste el Rey? Le preguntó la mujer.
El buen Rey le
respondió. -Tengo un Reino rico y
prospero y también buenos súbditos pero mi hijo aún no es un niño normal, tu me
vaticinaste que si cubría mi reino con
un manto de oro y piedras preciosas tejido en punto de concha mi hijo se
mejoraría.
-¿Acaso ya tejiste el
equivalente de la extensión de tu
Reino? Le preguntó la buena mujer.
Aún creo que me
falta, no he podido sumar la cantidad exacta para saber cuanto queda por tejer.
Tendrás que traer un matemático, el te dirá
exactamente cuanto te falta,
respondió la anciana.
Inmediatamente el Rey
envió por los mejores matemáticos
para saber cuanto le faltaba de tejido para terminar la cantidad de mantos que
habían hecho metro por metro confeccionado en hilos de oro con piedras
preciosas en concha y pluma.
Cuando llegó el contador que habían contratado este empezó a
sumar y sumar hasta llegar al resultado final. Lamentablemente aún le faltaban algunos metros para el
equivalente de la dimensión del Reino. Con esta noticia el Rey se desesperó,
porque ya no le quedaba oro,
Entonces llamó a sus súbditos que buscaran oro. Algunos hombres salieron muy de mañana en busca del
precioso metal, al cabo de algunos días volvió un mensajero trayendo la buena
noticia de haber encontrado una rica veta de oro, el que sería explotado,
así fue como el Reino contó con una mina más y un centenar de mineros que
trabajaron de sol a sol obteniendo una buena paga del Monarca al igual que el
resto de los súbditos que colaboraban en
los trabajos para la confección de los mantos de concha y pluma.
Al año siguiente cuando celebraban el onceavo
cumpleaños del niño todos los invitados
llegaron como de costumbre. También la
mujer misteriosa. Las tejedoras seguían tejiendo y apuntando los que tejían
cada día.
-¡Mi Rey! Dijo una de ellas. ¡Hemos terminado! Todos se
miraron con alegría, habían demorado años en tejer un manto en punto de concha y plumas
equivalente a la extensión del Reino.
Entonces los Monarcas trajeron al niño o mejor dicho al Pequeño Príncipe.
La buena mujer tomó uno de los mantos adornados con
preciosas piedras, tejido con hilos de oro en concha y pluma. Cubrió al niño con ternura y el Príncipe junto a sus
padres vestido con los mejores atavíos, El Infantes observó
el precioso manto mirando a los concurrentes sonrío.
Los Monarcas exclamaron. ¡Se ha sonreído! ¡Nuestro hijo se
ha sonreído! Junto con los invitados fueron a las bodegas a ver los mantos preciosos. El príncipe tocó
los mantos y dijo: ¡Que bellos son estos mantos queridos padres!
Los Monarcas regocijados
de alegría abrazaron al pequeño
exclamando. ¡Hijo te has mejorado! Todos tanto los príncipes de otros Reinos
como los súbditos estaban felices por la mejoría del heredero.
Los asistentes al festejo del cumpleaños del Príncipe
solicitaron comprar al Monarca los mantos preciosos. El Rey dejó
algunos para el palacio y los otros fueron vendidos a otros Reinos los
súbditos siguieron tejiendo y otros
extrayendo oro y algunos pescando en el mar.
El Rey trajo muchos maestros para que a todos aprendieran y
tuvieran nuevos conocimientos.
Cuando los monarcas murieron muchos años después el príncipe
fue coronado y Reinó muchos años con inteligencia sabiduría bondad y justicia.
LA MUERTE
DE HILDA
+
Papá salió muy temprano y
Mamá Bella estaba muy triste, preparando el desayuno. Entonces pensé que papá se había ido al trabajo del sur en el barco y no me
había llevado. Esos pensamientos me
entristecieron porque yo tenía la esperanza de ir al sur de Chile con
papá. De pronto observé que mamá Bella estaba llorando.
-¿Qué pasa Mamá
Bella? le pregunté.
-¡Hilda ha fallecido! Me respondió.
Hilda era mi madre.
Yo sentí un fuerte dolor en mi pecho, como
si una enorme mano me apretara mi corazón, una norme pena embargó mi alma. Pero de pronto recordé a musga y me dije, -Sé fuerte, Li y acepta la
realidad. Esa hermosa mujer mi Bella madre estaba enferma, sabíamos que se iba
a morir. Además para mí mi madre había muerto ese día en que fuimos al
Sanatorio. Mamá Bella estuvo en ademán de espera y por la tarde, ya muy tarde,
llegó papá en una carreta con el féretro
hecho en madera rústica, sonaron las campanas de la Iglesia y se juntaron
algunas personas para despedir a mamá. Algunas señoras lloraron, otras llevaron
flores, sí muchas flores. Yo estaba adelante, junto a mamá Bella y papá. Jonás,
el perro que nunca se quedaba solo, se echó a nuestros pies, debajo del escaño.
El sacerdote, vino de otro pueblo para llegar a nuestra Iglesia
debió atravesar el río Bío-Bío en un bote. Lo hizo con mucha dificultad ya que
siendo este río el más ancho del país a veces es muy correntoso y en temporadas
de verano los botes quedan varados y los boteros, se ven obligados a arrastrarlo con mucha
fuerza. Este sacerdote dijo la misa,
luego esparció agua bendita sobre el féretro y al terminar la ceremonia, papá y
tres hombres más retiraron la urna, algunos
tomaron flores y todos seguimos el cortejo. La depositaron en la misma
carreta que la habían traído luego
partimos rumbo al camposanto.
Yo estaba muy tranquila y resignada, muy dolida, es cierto,
nada me haría recuperar a mi madre, pero por lo menos había
tenido la dicha de conocerla.
-¡Gracias, Madre, por dejarme en tu reemplazo prolongando tu
existencia! ¡Gracias madre, por darme a
conocer esa bella palabra. Madre, M A D
R E!
Cuando la fosa estuvo lista y empezaron a descender el
rústico cajón, mi corazón se contrajo y la pena que me embargó fue inmensa,
pero yo había aprendido a no llorar. Eso no significaba que estuviera
reteniendo el llanto, simplemente había
aprendido a aceptar la realidad. La vida seguía y había que ser fuerte para enfrentarla porque
el camino era difícil.
Tomé un puñado de
tierra y lo lancé a la fosa junto al
ataúd. ¡Adiós, querida madre! Me dije en
silencio. Y sentí deseos de llorar y gritar, pero no, yo tenía que ser valiente.
Fui hasta mamá Bella que estaba con otras señoras, y nos
volvimos en silencio, dejábamos
atrás una vida, un cariño, un
amor, un recuerdo.
A los días después
volvimos los tres al cementerio para colocarle una plancha en la tumba a mamá, la que decía así. “Hilda
Glausser. Falleció a los 28 años.”
Regresando a casa en medio de esta pena, le pregunté a mamá
Bella por la tía Sara, hermana del abuelo, que se había ido a España. Entonces
ella me respondió.
SARA Y SU DESTINO
Te voy a contar todo
lo que pasó con Sara. Como bailaba muy lindo el flamenco, además era hermosa y
joven, un día la invitaron a Bailar a un Liceo en la localidad de Arauco.
Arauco es una región donde habitan una gran cantidad del pueblo Mapuche, región
de nuestro pueblo autóctono. En esa actuación mientras ella bailaba un Lonco la
vio y al verla tan hermosa y bailando
tan lindo se enamoró perdidamente de ella, una vez que Sara terminó de
actuar Él se acercó y le manifestó su
gran admiración.
El joven Lonco que
recién terminaba sus estudios en ese Liceo, hijo del jefe del pueblo mapuche
digamos así del cacique, pero que no se hace llamar cacique sino Lonco,
Enamorado de Sara, le prometió mucho amor y la llevó a conocer sus tierras que
en ese momento eran de su padre, pero a futuro sería el quién las heredaría.
Sara también se sintió muy atraída por este joven galán.
Después de conocer esa gran extensión de tierras cerros con bosques nativos, árboles
autóctonos, hermosas caídas de aguas, más la sonrisa inocente del joven Mapuche,
Sara estaba muy feliz, Ambos enamorados
llegaron hasta el hogar del Lonco Padre, lamentablemente cuando este advirtió
que la novia de su hijo no era Mapuche,
entró en cólera, y exclamó irritado: “Con una huinca jamás te casaras”
Los jóvenes enamorados salieron de allí muy tristes, se
despidieron, el Lonco joven manifestó que el tenía que obedecer a su padre, aún
amándola tanto, Entonces Sara regresó a España, y allí ingresó a un convento.
En cuanto al joven Lonco, al no conseguir olvidar a su amada renunció a todo
dejando sus herencias a un hermano menor, y empezó a buscar a Sara,
lamentablemente ya era muy tarde porque ella había entregado su vida a Dios, lo
último que supe es que el joven Lonco nunca amó a nadie, y nunca contrajo
matrimonio.
De esto manifestó mamá Bella, creo que al amor no se le debe
hacer esperar, sólo el amor es la mayor riqueza que puede tener una persona, en
un principio el joven Lonco renunció al amor por una herencia, que tampoco
disfrutó, al fin perdió las dos cosas.
Este comentario me impresionó mucho, pero al fin sabía todo
lo de Sara de ella sólo teníamos ese lindo vestido las castañuelas y la pandereta, como también su
recuerdo.
LA VENTA
DEL GANADO
Los gallos cantaron varias veces y un rayo de luz
rompió la penumbra de la noche. Me
senté en la cama para escuchar con más
claridad el ruido de un vehículo,
sentí los pasos de papá en el patio, entonces decidí levantarme. La mañana estaba fresca pero muy agradable. Frente a la
casa se había estacionado un enorme
camión. Papá con otros hombres caminaba hacia el establo, luego sacaron las vacas con sus crías ya crecidas y
se dirigieron al vehículo. Yo al ver esto, corrí hasta el establo donde estaba papá.
-¿Qué pasa, papá? Le
pregunté angustiada. Cuando ya salía del establo.
-¿No te dije, Li? Que vendimos las vacas. Me respondió.
-¡No!. . . Papá. ¿Por qué venderlas? En un ademán de
desesperación me quedé allí en medio del patio observando como una a una
caminaban hacia el camión que las llevaría a otro destino. La cachos pa’bajo,
la más regalona, dobló su cabeza hacia
mí, y dio un bramido. El hombre la arreó
con un palo, luego la Clavela, la cabrita y las vaquillas. Yo sentí que con
ellas se me iba la vida, ya no iría a
los potreros a los campos a cuidarlas,
ir a dejarlas e irlas a buscar, todos los días el ir y venir junto a ellas, ya
fuera en las mañanas o en las tardes, días de sol, de frío de lluvia, siempre
juntas yendo y viniendo por los caminos de tierra por los campos de flores
silvestres, bajo ese cielo azul que nos cobijaba con su ternura en nuestro
suelo sembrado de sueños.
Pero musga me había
dicho. “No llores, Pequeña Li” y no
lloré, acepté la realidad. Si papá había
vendido las vacas debe haber tenido una razón muy poderosa para hacerlo.
Al irse el camión sentí
como si el ambiente hubiera quedado vacío, tan vació como igual se quedó
mi alma. En ellas se fueron tantos recuerdos tantas anécdotas, tantos
encuentros, ya sea un conejo, un zorro, un murciélago, una cabaña, un
espantapájaros. Cuantos caminos cruzados y cuantas fantasías recorriendo cerros
arriba cerros abajo, entre quebradas, y pinos, entre matorrales y arroyos de
cristalinas aguas, cuantos puentes y
cuantos copihues fueron testigos de nuestro constante ir y venir.
Papá contó el dinero, y salió apresurado. No había pasado medio día cuando regresó, me tomó en brazos y me dijo:
-¡Mira Li! ¿Ves esos
cerros todos esos cerros llenos de bosques nativos? ¡Son nuestros! ¡Los he
comprado, todos son nuestros!
Yo los miré y no les
di importancia, me era muy difícil aceptar la venta de mi pequeño ganado, que
se había ido como se va el viento, como
se va la tarde, así sin pedirlo, sólo se va, todo se va, ellas también se fueron, llevándose tantos
recuerdos, llevándose parte de mi
vida, esa parte de mi vida ya se había
ido con ellas, esa mañana fría y silenciosa, todo se va, sólo nos queda el
recuerdo.
ULTIMO DÍA
DE CLASES
Planchaba mi delantal
para irme a la Escuela, cuando escuché que me llamaban desde la calle,
terminé apresurada de planchar y corrí a ver quién era. Eran mis compañeras que venían a buscarme.
¡Vamos Li! Me
dijeron. ¿Y tu mamá no va a ir?
Entonces volví a
entrar a casa y le pregunté a Mamá Bella
si iría al acto de fin de año en la
Escuela.
-Sí, me respondió.
Entramos a nuestra sala y todos los cursos salieron al patio
formados, los apoderados ya habían
tomado asiento, fueron llamando
uno a uno y el papá o la mamá le
entregaba el certificado a su pupilo o pupila. Las profesoras iban de un lado a otro. La
Directora estaba en primera fila junto a las autoridades. Yo
también estaba nerviosa, Víctor se ubicó
a mi lado y me preguntó
-¿Con que nota pasaste?-
No sé. Le respondí.
-Yo tampoco sé. Me contestó. En tono muy bajo de voz
debíamos estar en silencio. En ese momento llamaron a Víctor Guíñez, su papá y
la señora mercedes su mamá le entregaron el certificado más un premio por fin
de año.
Luego llamaron “Lindaúra San martín Glausser” Yo seguí
observando, de pronto repitieron el nombre y vi que mamá Bella caminaba hacia
la profesora que estaba con los certificados.
-¡Fui!- ¡Pero si esa soy yo! Me dije. Como siempre todo el
mundo me dice Li, y mi verdadero nombre es Lindaúra. Corrí al centro donde la maestra estaba entregando
los certificados, mamá Bella me entregó el certificado muy emocionada la gente
aplaudió. La Señorita Marta también me abrazó y me entregó el regalo, Era un
costurero chico pero muy practico.
Todos salimos de la Escuela muy contentos, nos despedimos de
nuestros profesores, de la Directora y de los apoderados. Había terminado un
año Escolar. Papá no pudo asistir debió
ir a reservar los pasajes para ir a puerto Montt esa misma noche.
-Esta noche viaja
papá, le pregunté a mamá Bella. Ella me
confirmó pronto entró papá riéndose,
-¿cómo estuvo el
último día de clases o la entrega de certificados? Manifestó.
-Bien papá le respondí, pero yo no estaba contenta, porque
quería viajar con el al sur de Chile. Le entregué mi certificado entonces el
dijo.
Pasaste de curso con tan buenas notas, mereces un premio.
-Sí le respondí merezco un premio, lo dije con desgano.
El me miró y se sonrió. Mamá Bella no dejaba de hacer sus
cosas en la cocina y Raquel entraba y salía de un lado a otro. Entonces papá me
tomó de la cintura, me levantó bien alto, dio media vuelta y gritó.
-¿cuál es el premio? Yo me reía feliz en los brazos de papá.
-¡Iras conmigo, Pequeña Li!
-¡Yaaaa! Le grité
alborozada, y lo abracé y lo besé, oh papá. ¿Me llevaras
a las lagunas de hielo, al barco? ¡Eso, será un cuento de hadas!
-Sí hija mía, te llevaré conmigo.
Esa noche mamá Bella arregló
mis cosas en una bolsa bien bonita que tenía y pronto llegó la hora de
la partida del tren. Mamá Bella no fue a dejarnos a la estación pero Raquel nos acompañó, mientras
yo me despedía de algunas amiguitas.
No era el tren nocturno en que se había ido Carolina a la Capital, sino el tren ordinario, como solían decirle. No
tenía ni coche dormitorio ni comedor, sino coches destartalados y algunas ventanas sin vidrio. Pero en fin yo
iba con papá y eso era importante para
mí.
El tren se detuvo y todos los pasajeros se apresuraron a
subir. Raquel nos ayudó a subir, luego se despidió, yo tomé a papá de la mano y
subimos ¡Vamos papá! ¡Vamos!
CONTINUARÁ
LA PEQUEÑA
LI Y LAS
ATOLONIAS
LILA LAYERS
TERCER TOMO

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